Inundaciones
Baztan, diez años de la gran riada
El próximo jueves se cumple una década de la inundación de tintes apocalípticos que abrió un río paralelo en Elizondo y destrozó caminos en Erratzu. Los daños fueron cuantiosos


Publicado el 30/06/2024 a las 05:00
Cada vez que llueve con intensidad y el río Baztan, que a partir de Oieregi muda a Bidasoa, Idoia Lázaro Urrutia se asoma a la ventana que da a la parte posterior de su peluquería, en la calle Jaime Urrutia, de Elizondo. Tiene “más o menos una marca” de referencia que le avisa de la inminencia de riesgo de desbordamiento. Su reacción instintiva de mirar al tramo del río próximo a resbalarse por la presa de Txokoto no es baladí. En cinco ocasiones ha tenido que achicar agua por tantas otras en que el Baztan ha bajado embravecido y se ha vuelto rebelde con las guías que marcan su orientación. Pero “como la última”, no lo había visto tan enfurecido. El zócalo que recorre la parte inferior de su local con más de 30 centímetros de altura, se vio sumergido bajo una balsa de agua de“metro y medio”. “Lo pasado, bien pasado está”, recurre al refranero popular para mirar al presente pero sin olvidar la inundación de tintes apocalípticos que anegó la parte de Elizondo cercana al río y destrozó caminos de Erratzu. De eso se cumplirán diez años este jueves 4 de julio.
La peluquería de Idoia se encuentra en el punto más bajo de Elizondo, a la par de la Farmacia Arrupea, que regenta Eduardo Arrupea Plaza desde 2003 en el margen opuesto de la calle. El agua -dice- “nos fastidió todo”. Cuando el nivel cedió a la formaicón de una inmensa lámina de lodazal con tentáculos extendidos a comercios, bares y portales, descubrió un escenario descorazonador. “Habíamos tenido alguna que otra inundación, pero no como esta”, coincide en su apreciación con sus compañeros del sector comercial.
Lo ocurrido hace diez años se puede explicar por una tromba de agua caída con especial virulencia “entre las siete y media y ocho y media de la mañana” -recuerda Pedro Ciáurriz Oteiza, de la Carnicería Ciáurriz que en 2025 cumplirá 75 años-, sobre una topografía de pendientes cortas y ausencia de llanuras, como las que definen a Baztan. La conjunción de factores fue señalada por expertos en meteorología como hipótesis de un episodio que, visto con la serenidad del tiempo, sigue causando espanto y respeto.
Desbocado como estuvo, el caudal se disparó a 350 metros cúbicos por segundo, con el inmenso reguero de agua, maleza y piedra que arrastró desde Erratzu, en la divisoria con Francia. Calles convertidas en canales, coches arrastrados y pistas a caseríos inutilizadas dibujaron un panorama desolador, intacto en la memoria de Baztan. La nómina de daños incluyó los sufridos por la residencia Francisco Joaquín Iriarte. No hubo que lamentar pérdidas humanas, pero cinco personas fueron evacuadas en situación límite, entre ellas una empleada del propio centro.


UN EPISODIO CÍCLICO, COMO EL 2 DE JUNIO DE 1913
La gota fría cayó sobre mojado en la historia del valle. Un siglo antes, en concreto el 2 de junio de 1913, sucedió un fenómeno de dimensiones incluso mayores por las imágenes y las crónicas de la época, que condujeron a impulsar una campaña de recaudación y ayuda para los pueblos y habitantes damnificados. Una placa, colocada a tres metros de altura en el número 16 de la calle Jaime Urrutia, señala la fecha para el recuerdo.
Por la historia apegada a las paredes del negocio familiar, Juana María Izeta Goñi, de Relojería Izeta con 102 años de trayectoria, retiene el relato de salvación de su aitatxi, su abuelo, Federico, que tuvo que ser rescatado en 1913 de una situación más que comprometida hasta ser puesto a salvo con una cuerda en el balcón de la casa vecina. “¡Oye Federico, que ha salido el agua, que se está inundando la relojería”, escuchó el hombre, originario de Zarautz. ¿Qué hizo el bueno de Federico?. “Quedarse en el local”, señala su nieta. “Se subió a una mesa, pero la mesa comenzó a moverse y a subir” con la cantidad de agua que había entrado al local, que hizo necesario el auxilio de sus vecinos.
Casualidad o más bien reflejo de un fenómeno cíclico, su nieta se enfrentó a una situación similar o cuanto menos comprometida. Hija y sucesora en la regencia del negocio de Mariano Izeta, que la Junta del valle nombró hijo predilecto como estudioso y difusor de la cultura, el euskera y las mutildantzak baztanesas, Juana Mari trató de franquear sin éxito el umbral de la relojería. Abrió la persiana, pero la puerta se tornó en un obstáculo imposible de salvar. Buscó un lugar seguro en un saliente elevado que forma uno de los dos puntos de venta de Floristería Iris, a corta distancia. A eso “de las once”, cuando bajo el nivel del agua, entró en la tienda, aquello era “un desastre. El agua llegó hasta el mostrador. Estaba todo movido y lo que tenía en la parte baja, relojes, pilas, correas, tuve que tirarlo. El problema no era el agua. El problema era el barro”.
Ese día, Igotz Garde Gómez, de Floristería Iris, se encontraba disfrutando de su último día de vacaciones. Supo de la desgracia, que fue inclemente con el negocio regentado entonces por su suegra, María Ángeles Uranga Telletxea, por llamadas de teléfono e imágenes sobrecogedoras que recibió. Como dice, “fue algo espectacular”. “El agua entró hasta más de la mitad de altura de la floristería, casi dos metros”.
Metros adelante en la misma acera, la tienda de ropa Piko-Piko esquivó el principal embate de la inundación por estar en un punto en que la calle se eleva ligeramente. Con todo, “con una obra recién hecha, entró 30 o 40 centímetros”, recuerda su regente desde hace 15 años, Mamen Goñi Mitxelena. “Fue algo impresionante de ver”. Su observación no desentona.
Tal fue el alcance que el escalón de acceso al Estanco Elizalde -inaugurado hace “ocho o nueve” décadas como Administración Subalterna de la Zona Norte, con derecho entonces a proveer de tabaco a puntos de venta en Baztan-Bidasoa-, no hizo la función de retención como otras veces. El golpe de agua no fue frontal. Llegó por una ventana del “local de al lado”. La brusquedad del impacto llegó a tal límite que “tres locales se quedaron en uno”. Lo cuenta Toya Elizalde Urmeneta, con diez años de atención al negocio familiar y que -como recuerda- la riada se formó “en temporada alta” de ventas. El día anterior había ido a asegurar provisiones. El local -el segundo regentado por la saga familiar desde Basili Apezteguía, esposa de Fermín Elizalde, a cuyo nombre estaba la Administración Subalterna-, sufrió “un chandrío impresionante”.
Fantxike era la bisabuela de Maider y Mikel Sobrino Urrutia, portadores del legado familiar en la atención de la tienda de ropa y complementos del mismo nombre que su ascendiente. Donde estaba el establecimiento original, reconvertido en almacén, la riada fue inclemente.
Pero donde hubo desgracia sobreabundó la empatía en momentos tristes y delicados. “Lo mejor -sostiene Mikel Sobrino- fue la unión, la ayuda de tanta gente de Elizondo y de los pueblos de alrededor. Esa fue la sensación: sentirnos unidos”.
TABLAS DE SALVACIÓN Y UNA OLA DE SOLIDARIDAD
A tres metros de altura, a corta distancia de la señal que indica el nivel del agua alcanzado el 2 de junio de 1913, una imagen rotulada con la leyenda en euskera de Auzolanean, aritu ziren herritarrei (A los vecinos que trabajaron en auzolan), da fe del reconocimiento brindado a cuantas manos soldaron un puente solidario.
Antes del despliegue del contingente de voluntarios en las tareas de limpieza, cuando la inundación estaba en su apogeo, Pedro Ciáurriz tuvo la intuición y el acierto de poner a salvo a su tía, Martina Ugarte, con su cuerpo a hombros. Su padre, Paco Ciáurriz, logró “engancharse a una verja de una tienda de enfrente. Luego, lo sacamos por la calle de arriba”. El carnicero, que entonces contaba con 51 años de edad, participó igualmente en el rescate de la entonces bibliotecaria, Sonia López Igartua. La hemeroteca del suceso descubre la labor coordinada por efectivos y voluntarios, con el apoyo de una tabla, para auxiliar al matrimonio Jiménez-Íñiguez, que había quedado encerrado en una antigua carpintería. El preciso instante quedó inmortalizado por el fotógrafo Ignacio Zaldua Elizalde.
Pero hubo toda una ola de solidaridad cuando el río volvió a su cauce. En un ejemplo encomiable, que es motivo de orgullo del valle, llegó pronto el apoyo de particulares a los más damnificados. Desde ese día, viernes, y “durante el fin de semana” -señala Eduardo Arrupea- no se interrumpieron las tareas de limpieza en la Farmacia Arrupea para restablecer su servicio al lunes siguiente en condiciones que no eran las habituales. “La respuesta de la gente fue terrible”, enfatiza Idoia Lázaro. Esa misma gente “ colaboró mucho”, subraya Pedro Ciáurriz. “Nos ayudó a sacar las cosas a la calle. Estaba llena de cacharros”, añade. La predisposición a la ayuda permitió que a los pocos días buena parte del sector comercial pudiese atender a sus clientes, eso sí, con su estructura habitual lastimada. El comercio, símbolo del latido de una localidad, volvió a recuperar su pulso.
LOCALES Y SUELOS REFORMADOS
La relojería Izeta es “nueva”, en palabras de su propietaria. Debió reformarse por los daños sufridos, como el suelo de la Tienda de Ropa Piko-Piko que, acabó “abombado” por el agua, evoca Mamen Goñi. A raíz de aquel fenómeno, la Carnicería Ciáurriz dispuso que los motores de sus cámaras y de funcionamiento del establecimiento “estuviesen en altura” como parte de una remodelación. Quien más y quien menos hubo de emprender obra, al amparo en buena medida de las pólizas de sus aseguradoras.
MEDIDAS DE PREVENCIÓN: AVISOS SMS Y BARRERAS DE AUTOPROTECCIÓN
En diciembre de 2017, Gobierno foral y Ayuntamiento de Baztan anunciaron la extensión al valle de un dispositivo especial de alerta de riesgo de inundación, basado en el envío masivo de SMS. Según se informó entonces, el programa avisa con antelación de la formación de avenidas a partir de los datos recabados en estaciones de aforo, instaladas aguas arriba y abajo de Elizondo , en Erratzu y Oharriz, y en los registros pluviométricos de Iñarbegi y Gorramendi.
Las propuesta de protección avanzadas en ese momento -como complemento al denominado Plan de Actuación Municipal en caso de inundaciones del río Baztan-, contemplaron “el suministro de barreras de autoprotección a comerciantes y población de la calle Jaime Urrutia”.
Los soportes fueron distribuidos para frenar el avance del río con cada amenaza de desbordamiento. Sea como fuere, como vaticina Mikel Sobrino, “si ocurre una cosa igual dentro de cien años no sé si habrá algo que hacer”. El tiempo lo dirá.
680 BIENES DAÑADOS
7,6 MILLONES DE EUROS, en pérdidas, según una primera estimación.
41 prados se vieron afectados al igual que 19 puntos del río Baztan.
Trabajos de emergencia. Caminos a casas (16), por 1.157.169,54 €. Saneamiento y puentes (7), por 428.966,47 €.
Trabajos de reconocida urgencia Caminos (17). 226.997,82 €. Canalizaciones (1). 9.538,75 €.
Infraestructuras agrícolas Caminos y puentes (15). 403.898,02 €.
Actuaciones de la CHC. Un total de 19, por valor de 913.000 euros.
Terrenos privados 19 afectados. Se perdieron 2.500 m3, 145 metros de escolleras, 1.150 de valla, 5 toneladas de forraje y 230 bolas de silo.
Seguros. Más de medio millar solicitudes tramitadas los primeros días.