Vivir en la calle
"Sobrevivimos a las mafias y hoy tememos morir en la calle en Pamplona"
Repudiado por sus familias en Argelia, este matrimonio embarcó en patera hasta Alicante y continuó hasta la capital navarra, donde sobreviven en una chabola


Publicado el 08/06/2024 a las 05:00
"Mis padres y mis suegros no me querían libre. Nos repudiaron. Querían que me casara con otro hombre. Tuvimos que huir de Argelia”. Esta es la respuesta de Imane, de 31 años, al recordar el motivo que les empujó tanto a ella como a su marido, Badreddine, un año menor, a escapar de su país. “No quería marcharme. Nos obligaron. Estudiaba en la universidad, quería casarme con él... Le conozco desde los 14 años”. Ella habla un inglés perfecto que aprendió cursando Literatura y Lenguas Extranjeras en la facultad de Badji Mooktar en la ciudad de Annaba. “Me especialicé en literatura inglesa”, asiente, con orgullo, mostrando un documento compulsado de la facultad y su certificado de matrimonio. “Hablo tres idiomas, puedo trabajar de traductora. De lo que sea. Necesito una oportunidad”.
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Todo empezó en 2018. “Nos casamos y me quedé embarazada. Fuimos contracorriente y no gustó”. Perdió el bebé con cinco meses de gestación y la presión familiar terminó empujándoles al mar. Se vieron obligados a ponerse en manos de las mafias asentadas entre Orán y Alicante. Pagaron 3.000 euros por una embarcación de fibra pequeña y motores de mucha potencia que les permiten realizar viajes en un corto espacio de tiempo. Así es como funcionan estas organizaciones en este recorrido, tal y como publicó en octubre del año pasado el periódico Levante. Zarparon de madrugada. A bordo viajaban doce personas. Imane no sabía nadar y estaba embarazada sin saberlo. Abortó por segunda vez. Esta vez, en alta mar. “Perdí bastante sangre durante el día y medio que duró el viaje. Y estuvimos a punto de volcar por el oleaje”, sigue contando bajo las piezas de amianto en la que duermen. Según lo que habían acordado en Argelia con la mafia, el objetivo del matrimonio era desembarcar en la costa de Alicante y continuar en coche con otras tres personas hasta San Sebastián para luego conectar en autobús con Pamplona. “Conocía la ciudad por unos vídeos que había visto de las universidades...”. Pisaron Navarra el 10 de mayo. “Dormimos tres días en los jardines de la Vuelta del Castillo, pero nos robaron un bolso con el pasaporte y los únicos cien euros que nos quedaban”. Un día se acercó un hombre y les habló de un albergue cerca. “Fuimos y nos permitieron estar tres noches, luego nos prolongaron otras tres porque me encontraba mal. La trabajadora social que nos atendió solo quería comprar un billete de autobús para mandarnos a otra ciudad”. Desde hace algo más de una semana comen y cenan en el París 365. “Ellos nos están ayudando mucho”. Pero les supone atravesar la comarca de Pamplona hasta el Casco Viejo en un paseo que se puede prolongar andando 45 minutos. “Y me siento agotada”. En este contexto, aseguran que el Ayuntamiento de Pamplona no les ha facilitado aún una cita en la oficina de Exclusión. “Ni siquiera un vale para ducharse o lavar la ropa. El lugar donde dormimos no es para seres humanos. Y me ha bajado el periodo. Sin agua, sin baño, sin compresas... Me siento agotada”. Su chabola de amianto se localiza en un paraje perdido entre la maleza. “Sobrevivimos a las mafias y ahora nos han dejado claro que no pueden hacer nada por nosotros. Nos da miedo morir en la calle”.