Profesora Ana María Navarro, siempre pendiente de los demás


Publicado el 07/05/2024 a las 07:52
Ha fallecido en Pamplona el día 2 de mayo la profesora Ana María Navarro, miembro del primer equipo directivo de Instituto de Ciencias de la Educación (ICE) de la Universidad de Navarra, fundado en 1965. Fue el germen de la actual Facultad de Educación y Psicología de la misma Universidad y el primero de los ICEs que posteriormente surgieron en diferentes universidades españolas.
El ICE tenía tres Departamentos: Formación del Profesorado, Formación de Directivos de Centros Educativos y Formación de Orientadores Familiares. A este último perteneció desde su inicio Ana María Navarro, junto con Oliveros F. Otero y yo mismo.
El tema principal de la investigación y docencia de Ana María fue “el matrimonio y las relaciones conyugales” del que era una experta. En una época en la que ya se difundían muchos errores sobre la naturaleza del matrimonio y sobre el papel de la mujer como esposa y madre, Ana María fue una de las pocas voces que contribuyó a llenar ese vacío, yendo en muchos casos contracorriente. Lo hacía aceptando todo tipo de preguntas, por más incómodas que fueran. Este detalle habla de su valentía y de su apertura al diálogo.
Sobre ese mismo tema impartió clases en numerosos Cursos de Orientación Familiar, tanto en la sede del ICE en Pamplona, como en otras ciudades de España y del extranjero. Recuerdo que en un viaje a México D.F. con destino final a Monterrey para impartir un curso, no llegó el equipaje de Ana María. Eso le supuso llegar al hotel “con lo puesto”. Cualquier mujer en esa situación se sentiría un poco desolada. Pero ella era una señora de mucha categoría. Eso explica por qué “encajó” el problema sin ningún aspaviento, sin perder la sonrisa, con toda naturalidad (el equipaje llegó al día siguiente). Estaba más pendiente de los demás que de ella misma.
En los Cursos del ICE se utilizaba el método del caso referido a situaciones familiares reales. Ana María escribió y moderó cientos de casos que ejemplificaban problemas de tipo conyugal sometidos a debate en busca de posibles soluciones. Recuerdo que en una ocasión una señora que había asistido a un curso con su marido, le dijo a Ana María: “¡Muchas gracias! Creo que usted acaba de salvar nuestro matrimonio!”. Ana María me comentó que eso justificaba, en sí mismo, su dedicación a la Orientación Familiar robándole tiempo a su descanso.
Ana María fue admirada por muchas personas, pero el primero fue su marido, el catedrático Manuel Ferrer Regales, ya fallecido. Ser madre de una familia numerosa no sólo no fue un obstáculo para su labor profesional, sino un estímulo y una fuente de experiencia. Nos deja ahora su huella de persona buena, inteligente, entrañable, generosa y humilde.
Gerardo Castillo Ceballos. Facultad de Educación y Psicología. Universidad de Navarra