Día Internacional de la Matrona
Manos de matrona
Cinco matronas navarras jubiladas relatan cómo fue la primera vez que asistieron un parto, qué es lo que se siente al acompañar en el proceso de dar vida y describen la evolución que han experimentado desde que empezaron


Publicado el 05/05/2024 a las 05:00
"¡No voy a poder! ¡No voy a poder! ”. Se escucha un lamento en el paritorio y una voz tranquilizadora que acompaña. “Sí que vas a poder”. También se distinguen unas manos. Manos que acogen y miradas que arropan. Son matronas, enfermeras especialistas, mujeres y hombres. Una forma de vivir que siempre ha estado ahí a pesar de las adversidades. Pese a la falta de relevo generacional, el intrusismo y la invisibilidad. Se definen luchadoras. “Guerreras”. La puerta de entrada de la atención a la mujer. “Y aunque se ha avanzado en nuestras competencias, queda mucho camino por recorrer”, aseguran.
El pasado mes de marzo el Consejo General de Enfermería anunció la puesta en marcha de un cuestionario sociodemográfico que ofrecerá la radiografía de la situación de la profesión. El motivo, apuntaban, no es otro que el déficit de matronas, enfermeras especialistas en Obstetricia y Ginecología. “Son más de 7.500 colegiadas en España, sin embargo, siguen sin ser suficientes”, aseguraban. Aunque la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) determina una ratio de 26 matronas por cada 1.000 nacimientos, en España se sitúa en 12 matronas por cada 1.000 nacimientos, muy por debajo de la media del resto de países.
Más de 40 años de experiencia atesoran estas cinco matronas navarras que han trabajado en la junta de la Asociación Navarra de Matronas. Empezaron cuando no existía epidural ni ecografía y las parejas debían esperar en frías salas de espera. Las cinco han vivido en primera persona una evolución “que ha transitado de la tecnificación a una etapa de atención más centrada en la consideración del proceso fisiológico, los tiempos, los deseos, etc”, explican. “Las mujeres no sabían dónde iban. Parían y punto. Se ha avanzado mucho desde entonces y hay que seguir por ese camino”.
Las cinco posan con sus principales herramientas, sus manos. Un gesto inspirado en el logotipo de la Asociación Española de Matronas. Manos recibiendo al bebé, manos acunando... Se sienten incapaces de calcular el número de partos que han asistido, pero en la calle han llegado a reconocerlas. “¡Tú me ayudaste a nacer!”.
Montse Port Gimeno, de 66 años, Mª Mar Horcada Ibañez, de 65, Charo López Luquin (64), Inmaculada Serrano Monzó, (64) y Juana María Osés Goñi (64) relatan en primera persona su primer parto, explican qué significa ser matrona, qué se siente al ayudar a traer vida y cómo ha cambiado nacer en Navarra. “Somos manos amigas que acunan vidas”.


Montse Port Gimeno (66 años): "Nunca dejaré de ser matrona"
Tenía 23 años cuando asistió su primer nacimiento y aún tiene presente “aquella sensación de vértigo”. Hoy, con 66, en las puertas de la jubilación, se emociona al recordar. “Nunca dejaré de ser matrona. Es una forma de vivir... Entonces, se paría sin epidural y tampoco había ecografía. Las mujeres estaban solas y las parejas esperaban fuera sin poder compartir el momento. Así que las matronas pasábamos horas y horas al lado de las madres, con las manos sobre el útero controlando las contracciones. En un parto impresiona la fuerza, el dolor, la tranquilidad, el nerviosismo, la maravilla de ver nacer. Se mire desde donde se mire, esto es un milagro. Regresas a casa con las caras de paz y descanso de las madres después del trabajo físico y mental que han realizado. Aprendes a confiar en ti como profesional pero, principalmente, aprendes a confiar en la capacidad y la fuerza que tiene la mujer para gestionar su parto y acompañar a su criatura en el camino. Es un trabajo de la madre y de la criatura. Las matronas acompañamos desde el conocimiento en el paritorio, con nuestras manos, pero también durante el embarazo y la lactancia, en el postparto en las unidades de hospitalización, etc. Acompañamos en el tiempo, desde la pubertad hasta la menopausia y más si es necesario. Ser matrona es un regalo que me ha hecho la vida. Y nuestras manos son manos amigas que acunan vidas, abrazan sueños y comparten risas”. Si Montse Port tuviera que quedarse con algún momento, “sería el nacimiento de mi hijo y mi hija”, apunta. “Además, tuve la suerte de que me acompañara Nati Astráin, matrona y amiga”.


Mª Mar Horcada Ibáñez (65 años): "Ser matrona implica entrega total"
Tenía 21 años cuando vivió su primer parto como matrona. “Fui enfermera por vocación y mi padre, empleado de banco, me animó a ser matrona”. Sonríe. “Ser matrona implica una entrega total. Por eso, cuando te jubilas sigues viviendo como matrona. Estás continuamente pensando en un oficio en el que nos hemos estado formando continuamente para servir a los demás. ¿Qué se siente en un nacimiento? Sientes complicidad, apoyo, satisfacción, adrenalina... ¡Sientes amor!”. Su último parto lo asistió hace cinco años. “Fue un nacimiento precipitado. Muy rápido. En una sala con monitores y otras mujeres alrededor. Fue muy bonito e intenso. No sabía que iba a ser el último...”. No sabría decir cuántos bebés han nacido en sus manos. “Alguna vez me han parado por la calle y me han dicho: ¡Tú me ayudaste a nacer! Yo siempre digo que las matronas no ayudamos a nacer, de eso se encargan las madres. Nosotras estamos ahí, simplemente acompañamos desde nuestro conocimiento. Volvería a ser matrona, sí. Poder entregarte a las mujeres. Ellas y sus hijos nos han enseñado tanto estos años”.


Inmaculada Serrano Monzó (64 años): "Implica una forma de mirar"
Tres años jubilada, cuatro hijos, dos nietas y otro en camino. “De mi primer parto recuerdo muchos nervios. Hoy puedo reconocer que estaba más pendiente de atenderlo bien que de la mujer. Ahora lo cuento con un poco de vergüenza, pero imagino que era producto de la inexperiencia”. Sonrisa y manos al pecho. “Ser matrona creo que va más allá de tener un título y una profesión. Yo diría que ha cambiado mucho en mí, porque abarca al ser. Implica una forma de mirar, de sentir y por supuesto de actuar. Te da una sensibilidad especial”, asiente. “Para mí cada nacimiento es un acontecimiento único. Es vida que hay que cuidar, y no me refiero solo a la que nace. Implica también a la madre, al padre, a la unidad familiar. La forma en la que se atienda ese nacimiento es muy importante. En cada nacimiento hay que acoger, respetar, aceptar…. Se ha avanzado mucho y hay que seguir por ese camino”.


Juana Mª Osés Goñi (64 años): “Un nacimiento es un milagro de la vida”
Madre de dos hijos y abuela de cinco nietos, el quinto está por llegar, los ha atendido a todos como matrona. “Y me gustaría intervenir en el último”. Asistió su primer parto en noviembre de 1981. Desde entonces, la capacidad de emoción ha sido su termómetro. “Siempre me decía que seguiría en plenas facultades mientras mantuviese intacta la capacidad de emocionarme. Y así ha sido hasta mi jubilación en febrero”. Al recordar, se remonta a sus 22 años. “Trabajé cuatro años en la CUN antes de pasar al servicio público y encadené partos con atención a la mujer”, explica. “Han sido 41 años de constante aprendizaje y transformación. Eso sí –recalca este punto–, no me gusta en absoluto que se hable de humanizar partos. Yo siempre he trabajado con personas”. Desde 1981 han cambiado las rutinas. “Han cambiado mucho las expectativas y aveces no se pueden cumplir. Las parejas deben prepararse al parto con una mente abierta. Un nacimiento es un milagro de la vida que ase abre camino a pesar de las adversidades”. Osés también subraya la importancia del apoyo de las matronas a las mamás y a sus parejas tras la muerte de un bebé, “que también puede ocurrir”, deja claro. “Durante el duelo llevamos a cabo un trabajo de acompañamiento muy importante”.


Charo López Luquin (64): “Nuestro trabajo es trascendental”
En su primer parto, octubre de 1982, acompañó a su cuñada. Ese día nació su tercer sobrino (J.J.). “Entonces, comprendí que podemos transmitir seguridad a las madres y que el trabajo que realizamos es trascendental también para el desarrollo del recién nacido”. Al describir la evolución que ha vivido pone el foco en la tecnología. “Antes estábamos continuamente sentadas junto a las mujeres. Eran muchas horas de acompañamiento pendientes de un monitor”. Sus últimos años laborales, hasta octubre que se jubiló, los ha desarrollado principalmente en el centro de atención a la mujer. “Aquí la tarea que realizamos las matronas se centra en la educación, la preparación y el apoyo para que la evolución de embarazo vaya lo mejor posible. No llegamos a atender el nacimiento, que es lo que muchas parejas demandan después de nueve meses de control”. Después de más de cuarenta años, “me siento tan feliz de haber ayudado a tantas personas a venir al mundo”.