Iglesia
Florencio Roselló, el arzobispo que llegó de la cárcel
Florencio Roselló se confesó abrumado y “perdido” con la mitra recién estrenada


Actualizado el 28/01/2024 a las 10:13
“Hace justo una semana estaba celebrando la eucaristía en la cárcel con un grupo de mujeres, hoy me encuentro aquí y esta es la Iglesia que quiero y que sueño, que igual vive su fe en una cárcel, en un caserío, en la catedral, en una parroquia, en un hospital o un convento”, comenzó así monseñor Roselló sus palabras de agradecimiento tras ser ordenado. Diecinueve minutos y medio de reflexiones de un hombre que se confesó abrumado y “perdido” con la mitra recién estrenada. “Aunque pueda parecer frío, mi corazón está acelerado”, subrayó el prelado, que nada más finalizar la ceremonia, dejó la procesión de vuelta a la sacristía para abrazar a los fieles. También a las nueve personas presas que asistieron a la ordenación. “Gracias a los hombres y mujeres que habéis salido de las prisiones de Pamplona y Castellón para acompañarme. He celebrado más veces Navidad y la Pascua con vosotros en prisión que en la libertad. Esta celebración, sin vosotros, no sería completa. Ha costado, pero me empeñé y aquí estáis”, les trasladó ante cientos de personas. Finalizada la eucaristía presentaron a “tres personas muy cercanas al arzobispo”. Eran mujeres presas que cantaron, acompañadas por una guitarra, situadas en el presbiterio. “Si no tengo amor, no soy nada”, será el lema episcopal de Florencio Roselló y en su toma de posesión hizo patente su amor a las personas de que dibujan los márgenes de la sociedad.
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