José Luis Huici Lacambra, sacerdote navarro en la diócesis de Madrid

José Luis Huici Lacambra
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José Luis Huici Lacambra
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Mª Luisa Eguaras Huici

Publicado el 14/01/2024 a las 08:29

El miércoles 20 de diciembre falleció el tío José Luis. Era mayor, 97 años, y su calidad de vida cada vez era peor. No obstante, nos cuesta a todos despedirnos de él. El tío ha tenido una vida larga, dichosa y plena aunque los últimos años hayan sido menos dichosos y menos plenos.

José Luis era hijo de José, el Montero, y Regina. Al igual que sus hermanos Mercedes, Pedro M.ª y M.ª Jesús, nació en Roncal, el 24 de septiembre de 1926. Allí lo bautizaron y vivió hasta los 7 años. Parecen pocos años pero calaron hondo en toda la familia que siempre se ha considerado un poco roncalesa y nos han transmitido el cariño por este pueblo. Con 7 años se trasladaron a vivir a Lumbier. A los 10 años sus padres decidieron enviarlo a estudiar al seminario. En su primer año le sorprendió el estallido de la Guerra Civil y tuvo que volver a casa. Volvió al seminario de Pamplona cuando terminó la guerra y en 1941 pasó al seminario de Valvanera, en La Rioja, donde se ordenó sacerdote el 25 de julio de 1950. El día 20 de agosto de ese mismo año celebró su primera misa aquí en Lumbier. Los años en Valvanera fueron duros (hambre, frío, enfermedades…) pero, a pesar de todo, guardó buen recuerdo de Valvanera y también nos transmitió su cariño por el monasterio y sus gentes.

Desde Valvanera salió a completar sus estudios teológicos en la abadía de Montserrat. Y, también desde Valvanera, salió con cuatro compañeros, entre ellos Miguel de Peña, Javier Burguete y José M.ª Berrio, también de Lumbier, para levantar el Monasterio de Santa María del Paular en la sierra de Madrid , que estaba en estado de abandono. Fueron años muy duros en los que le tocó aprender mucho y trabajar mucho. Reconstruyeron el Paular y lo convirtieron en colegio en el que se educaron cientos de jóvenes, entre ellos algunos navarros (Ambustegui de Roncal, Felipe Olleta, Nicanor Labiano de Lumbier…)

Cuando el Paular estaba ya en marcha su superior le encomendó otra tarea: ir a estudiar a la universidad de Lovaina, en Bruselas. Se trasladó a Pau para aprender francés y, para ganar algún dinero, escribió un libro sobre su tierra titulado “Navarra”. Atravesó Francia en “auto-stop” y llegó a Lovaina sin saber dónde alojarse. Pero, como nos lo contaba muchas veces, siempre encontraba una persona dispuesta a ayudarle. En este caso un jesuita de Sangüesa. En la universidad de Lovaina estudió durante dos cursos. Y a pesar de las dificultades que tuvo, guardó muy buen recuerdo de estas tierras. De vuelta al monasterio de Santa Maria del Paular siguió trabajando en el colegio. Su vida como benedictino respondió sin duda al lema de la orden: Ora et Labora. El tío le añadía siempre una sonrisa, una conversación cercana, un chiste...y también hizo que todos nosotros, hoy, tengamos un cariño especial por el Paular.

En el Paular sintió que el Señor le pedía abrir su labor a la diócesis, veía tantas necesidades fuera… Dejó el monasterio y se incardinó como sacerdote diocesano en la diócesis de Madrid. Su labor como párroco le llevó primero a Robledo de Chavela. De allí, a su querido Alpedrete donde permaneció unos 8 años durante los que se ganó buenos amigos, algunos de los cuales pasaron a convertirse en su familia. Y, finalmente, a la parroquia de la Virgen del Cortijo en Madrid. Cuando llegó a este barrio al Norte de Madrid no había iglesia. Fue un reto construirla y formar una comunidad activa que sigue recordándolo con mucho cariño. En todos estos lugares ejerció su ministerio con cercanía, siempre pendiente de las personas sobre todo de las que tenían alguna necesidad. Y, cómo no, supo transmitirnos ese cariño por estos lugares. ¡Cómo le gustaba que fuéramos en verano a pasar unos días a Alpedrete o al barrio del Cortijo!

Ya jubilado, siguió ejerciendo su vocación de servicio como capellán de la residencia de ancianos del barrio del Cortijo y de la congregación de Dominicas de Santa Catalina de Siena. Siempre mantuvo su espíritu joven, inquieto, sus ganas de servir. Le ha gustado viajar, muchas veces sin rumbo planificado, visitar lugares que, con él, siempre eran interesantes. Pero la edad no perdona y, muy a su pesar, a los 85 años vio necesario retirarse a la residencia sacerdotal San Pedro, en Madrid. Y a los 90 años accedió a venir a Pamplona para que cuidarlo nos resultara más fácil. Primero en la residencia de los Hermanos del Amor Misericordioso en Villava y los últimos años en la residencia Amavir Mutilva.

Aquí hemos podido disfrutar con él de muchos momentos. Durante muchos años vivió lejos de su familia y se perdió muchos acontecimientos familiares. Pero a él le gustaba reunirnos a todos y siempre que podía nos proponía un viaje a Roncal, a Roncesvalles, a vísperas a Leyre y, por supuesto, su cumpleaños, que siempre era un acontecimiento familiar. Roncal, Valvanera, El Paular, Alpedrete, el barrio del Cortijo en Madrid, Pamplona y Lumbier le han visto crecer como benedictino, como sacerdote diocesano. Nos consta que en todos esos sitios tiene grandes amigos, gente que le agradece todo lo que hizo por ellos y a los que incorporó a su familia.

Nosotros, su familia, lo hemos visto crecer como tío. Este resumen de su intensa vida es nuestra manera de agradecerle lo mucho que nos ha querido a todos, nuestra manera de decirle que le queremos mucho y que vamos a echar de menos sus historias, sus bromas, su sonrisa.

La autora escribe en representación de su familia.

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