Paula Ulargui: "La oportunidad de vestir a Cristina Pedroche fue un regalo"

La diseñadora nacida en Pamplona vistió a la presentadora de las campanadas con prendas de materiales orgánicos y biodegradables en una apuesta por la moda sostenible

Paula Ulargui, en su estudio de Madrid, donde diseña e investiga con distintos materiales naturales para aplicar a sus creaciones
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Paula Ulargui, en su estudio de Madrid, donde diseña e investiga con distintos materiales naturales para aplicar a sus creaciones
Paula Ulargui, en su estudio de Madrid, donde diseña e investiga con distintos materiales naturales para aplicar a sus creaciones

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Cristina Altuna

Actualizado el 05/01/2024 a las 11:07

Cuando Cristina Pedroche apareció en Antena 3 para presentar las campanadas de Nochevieja, hubo una persona que vivió el momento con intensidad y lo celebró en la Puerta del Sol. Fue Paula Ulargui Escalona (Pamplona, 1998), la diseñadora que vistió a la presentadora con un abrigo de lana reciclada en el que había hecho crecer un manto de amaranto y plantas capuchinas, para descubrir después un vestido verde de transparencias confeccionado con biomateriales como gelatina, agar, glicerina y agua. Unas prendas efímeras con las que la diseñadora quiso hablar sobre sostenibilidad, naturaleza y consumo responsable. Consciente de la repercusión mediática que podían tener sus diseños, Paula Ulargui tuvo claro que las prendas no debían ser elegantes y bonitas. “Había que hacer algo grande, excéntrico y potente porque quería transmitir un mensaje, ya que los vestidos de Cristina Pedroche cada año deben tener algo especial”, reconoce la diseñadora, que comenzó a investigar sobre prendas con ciclos de vida naturales natural mediante el uso de biomateriales y seres vivos como plantas o microorganismos durante el proyecto fin de carrera que defendió en el Instituto Europeo de Diseño de Madrid, en el que estudió. Paula Ulargui nació en Pamplona, pero sus padres, de origen riojano, se trasladaron a Madrid al poco tiempo. En todo caso, mantiene familia en Navarra.

Su nombre se ha convertido en sinónimo de moda sostenible en los últimos días. ¿Cómo lo lleva?

Estoy viviendo toda una montaña rusa, pues la repercusión ha sido grande, tanto para lo bueno como para lo malo. Tampoco lo considero malo, creo que se está despertando muchísima conciencia y que mucha gente se ha dado cuenta del mensaje detrás del traje.

¿Era consciente de que, para bien o para mal, iba a quedar expuesta tras el estilismo más esperado del año de Cristina Pedroche?

Hay mensajes muy agradecidos, que me están llegando al corazón, mensajes positivos de personas que me muestran su sorpresa. También hay crítica, pero me la tomo como una muestra de que, al menos, se está empezando a hablar de la sostenibiliad y que se empieza a remover la conciencia de la gente. La propia Cristina Pedroche ya me avisó de que se iba a hablar, bueno o malo. El día que la conocí me dijo: ¡prepárate para lo que viene! Y cuando nos despedimos tras las campanadas, me comentó: por favor, no leas todo lo que va a salir.

Un abrigo de lana con amaranto y cultivo de capuchinas y un vestigo fabricado al cocer varios ingredientes en una olla. ¿Siempre trabaja con materiales vivos?

Es un reto cada prenda. El abrigo exterior es pura naturaleza y lo puedes controlar relativamente, siempre existe un margen de error que está fuera de tu control. El abrigo es de lana y ese tejido reúne unas condiciones para que las plantas puedan crecer, enraizar y sobrevivir dentro del tejido. Esas plantas crecen los 20 días previos al uso, pero la naturaleza es imprevisible y algo puede fallar en el crecimiento. En cuanto al biomaterial del vestido verde, puede cambiar dependiendo de las condiciones. Por ejemplo, cuando hace mucho frío se pone más rígido y cuando hay humedad, se reblandece.

Dice que acepta la crítica porque es una manera de empezar a hablar de la moda sostenible. ¿Hay conciencia sobre ello?

El mundo entero se está movimiento hacia esta tendencia, sin duda. Las propias marcas están planteando estrategias de sostenibilidad. La situación del planeta es inviable y ya están metidos en este problema hasta los gobiernos o el Parlamento Europeo. Pero aunque vea que hay un claro movimiento de la industria hacia la sostenibilidad, no está apoyado por el consumidor. Y esto es lo que a veces lo frena. Hay que dedicar más tiempo a concienciar a la gente y generar ese cambio de mentalidad en la gran masa. Todavía queda mucho por hacer. Por eso, la oportunidad de vestir a Cristina Pedroche fue un regalo, pues mi proyecto busca que cale más el mensaje que el producto.

Cuando decidió estudiar Diseño, ¿tenía claro que iba a confeccionar prendas efímeras y vivas?

Estuve dudando mucho sobre estudiar moda o no por toda la problemática que veía en el planeta. Al principio me centré más en la artesanía, pero luego me di cuenta que podía llevar el diseño de moda a un ámbito de innovación con los materiales, pues siempre he tenido presente la sostenibilidad. Así nacieron mis primeros proyectos de investigación de biomateriales y, en el proyecto fin de carrera, quise darle una vuelta y se me ocurrió hablar de la necesidad de reconectar al hombre con la naturaleza, poniéndole en contacto piel con piel. Un ejercicio de impacto para que el hombre viera la necesidad de volver a vivir más en armonía con el planeta que habitamos.

El abrigo y el vestido que lució Cristina Pedroche
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El abrigo y el vestido que lució Cristina PedrocheCEDIDA
El abrigo y el vestido que lució Cristina Pedroche

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¿Cuánto hay de creatividad y cuánto de riesgo en sus proyectos de moda sostenible?

Mi mayor fuerte ha sido y es la creatividad. En otros estudios, los resultados no han sido nada buenos. Soy disléxica, he tenido hiperactividad, pero a nivel creativa, siempre lo he sido. Mi padre es arquitecto y mi madre pintora y algo queda. Me he pasado la vida en el estudio de mi madre, allí estaba por las tardes pintando, creando, en mis momentos libres.

Su interés por la naturaleza, por la conservación del planeta, ¿es una cuestión educacional?

En mi caso creo que sí. Estudié en varios colegios de pedadogias diferentes. Estuve en un internado en Inglaterra en el que teníamos huertos y trabajábamos en ellos. También clases sobre alimentación, además de comer lo que recolectábamos ese día del huerto. Es cierto que he sentido la naturaleza desde pequeña, me han inculcado esos valores. Pero cuando empecé a estudiar diseño e hice el proyecto de investigación comencé de cero.

Está su faceta de diseñadora, pero también comprará ropa. ¿Cómo le gusta vestir?

No soy muy consumidora de ropa nueva, me encanta el mundo de la ropa de segunda mano, la reutilización y el reciclaje. Me gusta el mundo de la moda y sigo la tendencia, pero tengo un modelo de consumo bastante bajo. Desde que empecé con esto, te replanteas mucho qué necesitas y qué no. Hablo de naturaleza, pero también de abrir la conciencia, debemos revisar lo que necesitamos y lo que consumimos sin necesidad. No es dejar de comprar ropa, sino intentar ser más éticos, morales y equilibrados con lo que usamos, compramos, tiramos y el impacto que generamos.

¿Su concepto difiere de la moda más comercial?

Si comercial es crear un producto de venta sí. Cuando hice el proyecto fin de carrera, no sabía que iba a llegar a este punto, pero sigo con mis proyectos y trabajos en busca de un concepto de moda sostenible. Esto no va de escalar el producto, sino escalar el mensaje, seguir investigando para que cada vez haya nuevas especies de plantas que crezcan, nuevos materiales en mis trajes en los que cuente historias diferentes, pero siempre con los mismos valores. Que mis prendas sean también piezas de arte, pues creo que me muevo entre la diseñadora y la artista.

¿Cómo consigue los materiales que lucen en sus prendas?

El tema de los biomateriales es muy bonito. Es un movimiento que si indagas por internet, hay muchos artistas que han empezado a hacer sus propias recetas y pruebas. Al principio tiré de las referencias que encontraba, pero coges práctica y empiezas a poner de tu mano para adaptarlo a tus necesidades. Se trata de cocinar en una cazuela gigante y, variando las cantidades de los ingredientes, puedes cambiar las características del material. Puedes hacer que sea más rígido, más flexible, mas transparente, más grueso, mas fino. A nivel diseñadora es increíble porque te da toda la libertad del mundo a la hora de crear. Se les llama bioplásticos, pero de plásticos no tienen nada, es puro material orgánico muy biodegradable.

En cuanto al cultivo de plantas en textil, ¿ha tenido que aprender de horticultura?

Lo que he hecho es adaptar lo que ya sabía y trabajar con un equipo en el que hay ingenieros, agrónomos y biológos, no todos proceden de la moda. Cuento con una estructura de cultivo hidropónico, con luces de cultivo, donde controlo la temperatura, la humedad, la luz, los riegos. Todo está vigilado, pero con margen de error porque es naturaleza.

¿Ha pensado en crear su propia firma o continuará con proyectos y colaboraciones?

Tengo un estudio desde el que sigo trabajando, investigando y colaborando. Todos juntos vamos, poco a poco, dando vueltas al concepto, haciendo más pruebas y viendo como sacar novedades. Creo que mi marca soy yo, quiero dar forma a todo lo que investigo.

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