Obituario
Santiago Arellano, teoría y práctica de la buena muerte


Publicado el 11/12/2023 a las 07:29
La parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Corella acogió el 6 de diciembre el funeral por Santiago Arellano Hernández, fallecido la víspera a los 79 años. Su hijo, sacerdote, celebró la misa arropado por otros sacerdotes. Junto al féretro permanecían la viuda, Maite, las dos hijas, Teresa y Pilar; sus esposos; los siete nietos y demás familiares. Les acompañaban cientos de amigos, a los agradecen su presencia y oraciones. En esta iglesia de Corella, Santiago Arellano recibió la Primera Comunión y la Confirmación. Y en la parroquia de al lado, en San Miguel, recibió la luz por la cual entendió que debía casarse con Maite, y allí se casaron hace 51 años “hasta que la muerte nos separe” y así lo han cumplido.
Santiago Arellano fue profesor de lengua y literatura, director de los institutos Padre Moret y Navarro Villoslada de Pamplona, director general de Educación y director del Instituto Nacional de Calidad Educativa (INCE). Era un hombre culto, apasionado del arte y la literatura y de la verdadera belleza. Recibió el galardón de la cruz de Alfonso X el sabio y muchos premios de los cuales bromeaba diciendo “sic transit gloria mundi”, pues sólo buscaba la Gloria de Dios y el bien de las almas. Santiago era un hombre sencillo que, se sabía débil y pedía oraciones por él. No se dejó seducir por las ideologías contemporáneas de moda que quieren matar el alma, no adoró a la bestia que narra el Apocalipsis. Él aprendió en Schola Cordis Iesu, la escuela del Corazón de Jesús, el antídoto a los males de este mundo: el Corazón de Cristo Rey y la infancia espiritual. Y así, con generosidad, siempre estaba dispuesto a dar charlas y conferencias allí donde le pedían o a escribir artículos. Educación, arte, literatura, … muchos temas, pero especialmente se sabía “hijo de la Iglesia”, y como laico (“sacerdote, profeta y rey”) se ponía siempre a disposición de los obispos.
Colaboró durante años con la revista diocesana La Verdad y tenía un programa en Radio María. Muchos le admiran por la obra pública que realizó, pero sobre todo era verdadero padre y verdadero “amigo de sus amigos”. Él tenía un secreto de donde sacaba toda la fuerza. Era adorador nocturno y diurno. De ese trato íntimo “corazón a corazón” sacaba la fuerza y la sabiduría que le caracterizaba.
Hace dos años y medio, Santiago recibió un aviso a través de un libro que abrió al azar ante el Santísimo Sacramento, donde leyó entendiendo que Dios mismo se lo decía: “Has sido Apóstol del Corazón de Jesús todo este tiempo y has hecho bien, pero quiero que ahora esa condición la pases por el calvario”. A los pocos días comenzó a sufrir problemas de salud: unas llagas que como un cuchillo afilado le recorrían toda la pierna. Entendió que era la confirmación de lo avisado, que debía ofrecer esos dolores como Cristo se ofreció en la Cruz. Debido a la fuerte medicación que tomaba, una noche se cayó por las escaleras y se golpeó en la cabeza. En el hospital le dieron 24 horas de vida. Su familia le pidió a Dios “déjanoslo un poco más, aún lo necesitamos” y así ha sido. Toda la familia pudo celebrar en 2022 sus bodas de oro matrimoniales, las bodas de plata sacerdotales de su hijo y hacer un viaje a Puy du Fou (Francia). Y estuvo hablando del amor del Corazón de Jesús en Talavera de la Reina, en Granada y en el monasterio de la Espina con el entusiasmo de un niño y el fuego de un apóstol.
En una de las noches de hospital que su hijo pudo pasar con él, cuando parecía que le quedaban horas de vida, se despertó un momento y le dije a modo de testamento: “Hijo mío, yo junto con tu madre, lo más importante que hemos querido transmitiros a los tres hijos es la fe. Es lo más grande, por ella merece la pena vivir y morir. Nunca olvidéis la fe. Yo la recibí de mis padres y abuelos campesinos y solo he querido transmitírosla. Esta fe se vive en los sacramentos y en la oración, pero también se vive en el amor cotidiano de Nazaret. Tu madre y yo hemos discutido mucho pero nos hemos amado mucho. Yo me doy cuenta de lo buena que es. Siempre está entregándose y dispuesta a todo…. yo cada día la quiero más”.
Santiago Arellano deja también un ramillete de poesías. Una de ellas está dedicada a Rafael, el primero de sus trece hijitos del cielo que morían prematuros. “Cuando vaya al cielo conoceré tus ojos, tu sonrisa, tu voz inconfundible, tu tono amable con que al Señor alabas, […]; muéstrame a tus hermanos, uno a uno, a mis amigos y a mis familiares, acércame al encuentro de ese Padre, que sale a recibirme en son de fiesta […]”.
El autor es sacerdote e hijo del fallecido
