“El periodista no está para ser complaciente con lo que ocurre”
Asegura José Antonio Zarzalejos haber tenido problemas “con todos” los partidos, acento especial para PNV en Euskadi y el PP de Esperanza Aguirre en Madrid, y recomienda una cierta soledad como escudo ante los poderes que rodean al periodismo


Publicado el 19/11/2023 a las 05:00
En su trayectoria, ¿con qué gobierno, partido o político ha tenido las relaciones más complicadas?
Complicadas, con todos; y buenas, con ninguno. He sido siempre bastante cimarrón y he entendido el periodismo de una manera bastante solitaria. Una cosa son las relaciones puramente profesionales que tienes que establecer con la clase dirigente y política, y otra las relaciones personales. Cuando los periodistas en España han confundido estos dos planos, algo que ha sido muy frecuente, han venido situaciones indeseables de proximidad de periódicos a políticos en concreto. Así como también una relación correcta, diría que yo he tenido problemas con todos los partidos. En el País Vasco con el PNV. Y aquí en Madrid, curiosamente, he tenido más problemas con el PP que con el PSOE.
¿Por qué?
Porque me tocó una época muy dura, a partir sobre todo de 2002, con el PP de Madrid encabezado por Esperanza Aguirre y con dos personajes que no me merecen mayor recuerdo pero que están ahí: Ignacio González y Francisco Granados, de los que Aguirre dice “me salieron ranas”. Esos batracios eran muy intrusivos y creían que ABC tenía que ser un periódico al servicio de determinados intereses. Y no estábamos al servicio de ningún interés político, sino al de nuestro proyecto editorial y nuestros lectores.
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En 1995, en una conferencia en el Club Siglo XXI, expuso que la prensa y la política “son realidades en tensión, pero no necesariamente en agresión; siempre y cuando el periodismo no sea política y la política no intente suplantar al periodismo”. ¿Considera que estas fronteras se rebasan?
Hannah Arendt escribió que el intelectual, el periodista o el investigador tiene que tener siempre una mirada hostil. Hay que traducir lo de hostil por crítica. El periodista no está para ser complaciente con las cosas que ocurren. Las que son buenas, buenas son y por lo tanto no son noticia. Pero no tiene que ser complaciente con las malas o las que plantean un dilema o debate. Ni con unos, ni con otros. Yo, si tengo que criticar al PP, le critico.
No se sumó a la “teoría de la conspiración” del PP respecto a la autoría del atentado del 11-M.
Cuando llegamos a la conclusión de que ETA no había participado en el 11-M, sino que fue un atentado yihadista, yo sabía que a los lectores de ABC les hubiera gustado que su periódico les dijese que había sido ETA. Pero es que a veces hay que llevar la contraria a los lectores si quieres hacer un periódico auténtico. Y después, transcurrido un tiempo, los lectores terminan agradeciéndolo.
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Ha hablado antes de ser cimarrón y solitario en el periodismo. Escribió que “es la única forma de establecer un perímetro sanitario frente al poder político y económico y, lo que es más importante, frente a los editores”.
Editores ahora hay muy poquitos, Diario de Navarra es en ello una excepción. Lo que hay es gestores de negocios que se confunden porque un medio de comunicación no es un negocio, sino un proyecto social. Tiene que tener rentabilidad para ser independiente y, si además retribuye a los accionistas, estupendo. Pero el accionista tiene que entender que el de la prensa no es un sector para hacer negocios, ya que el dividendo que se obtiene es el de la influencia, la proyección sobre la sociedad. Por otro lado, el poder empresarial está en estos momentos muy empoderado con los medios porque las fuentes de financiación de éstos escasean y de las empresas dependen publicidad, patrocinios, eventos e incluso información. Tienen capacidad para imponer su agenda o retirarla, y ese frente es muy delicado. Incluso más que el político, que es un poder con mucha influencia pero su capacidad de presión está más limitada porque no es estrictamente financiera.
¿Cuáles considera que son las fortalezas y las debilidades del periodismo actualmente?
"El reto del periodismo ahora es el
de la fiabilidad. Nos hemos convertido en verificadores"
En España, el periodismo ha tenido tres tiempos históricos. En los ochenta, el tiempo de José Javier Uranga, el propósito era el de la libertad. En los noventa, el periodismo era ya multimedia y debíamos ser versátiles: capaces de hacer un total en televisión, estar en una tertulia radiofónica y además escribir una crónica, hacer una entrevista o escribir un análisis. El reto del periodismo ahora es el de la fiabilidad. Nos hemos convertido en verificadores. La tecnología ha empoderado a nuestros lectores y a la clase empresarial y política y, si antes hacíamos de puente entre las cosas que sucedían y las audiencias, ahora ya no porque la audiencia es ya autónoma. Ahora tenemos que verificar nuestras informaciones y dar valor añadido a lo que ocurre, explicando el porqué, el cómo, el cuando y las consecuencias. Por lo tanto, necesitamos un periodismo mucho más robusto desde el punto de vista intelectual y la formación especializada de los profesionales, y tenemos que ser mucho más reivindicativos.
¿Que se debe reivindicar?
¿Cómo es posible que se paguen 50 o 100 euros a un profesional por ir a una tertulia, 75 euros por escribir un análisis de mil palabras o 1.200 euros a chicos que salen de las facultades, con un idioma extranjero como el inglés dominado y que trabajan diez o doce horas? Ocurre además que somos una profesión desvertebrada, en la que además el intrusismo se ha permitido con una facilidad extrema. Se presentan como periodistas sinvergüenzas, exhibicionistas, tipos procaces... Esto no es periodismo. Entre los colegios, las asociaciones y los sindicatos tenemos que encontrar una fórmula específica de organizarnos para salvaguardar los intangibles y los tangibles de nuestra profesión, desde los derechos de autor a la dignificación de las retribuciones, pasando también por la denuncia de gravísimas infracciones a la libertad de expresión.
Hay una aplicación de inteligencia artificial capaz de sugerir las preguntas para esta entrevista e incluso sus propias respuestas. ¿Es un avance o una amenaza?
El tema de la inteligencia artificial es absolutamente prioritario y otra de las amenazas que tenemos. Los algoritmos han acabado alcanzando casi el estatuto de personalidad, de tal manera que ya hay gente que piensa que en el futuro atribuiremos derechos morales a los algoritmos tecnológicos. Pero creo que éste es un asunto que tendrán que resolver generaciones posteriores. Yo simplemente lo observo con cautela y debería estar dentro de las prioridades de debate de la profesión periodística, en los tres primeros puntos, porque la tentación de los editores de sustituir a periodistas por máquinas la vamos a tener a la vuelta de cinco años.