Francisco Javier Bustillo, nuevo cardenal navarro y obispo de Córcega: "No eres cardenal por tu prestigio, sino por el bien de la Iglesia"

El franciscano conventual y obispo de Córcega (Francia), el navarro Francisco Javier Bustillo, será creado cardenal este 30 de septiembre en una ceremonia en el Vaticano

Francisco Javier Bustillo, que será nombrado hoy cardenal, saluda al Papa Francisco en una audiencia reciente
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Francisco Javier Bustillo, que será nombrado hoy cardenal, saluda al Papa Francisco en una audiencia reciente
Francisco Javier Bustillo, que será nombrado hoy cardenal, saluda al Papa Francisco en una audiencia reciente

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Cristina Aguinaga

Publicado el 30/09/2023 a las 05:00

Francisco Javier Bustillo Rípodas (Pamplona, 23 de noviembre de 1968) recibirá este sábado 30 de septiembre el birrete y el anillo de Cardenal en Roma. En una nueva ceremonia de creación de cardenales, la novena desde que en 2013 eligieran al Papa Francisco y la tercera con presencia navarra. Será el tercer cardenal navarro designado por el actual Papa y el tercero que ejerce su ministerio fuera de las fronteras, tras José Luis Lacunza, en Panamá, y Celestino Aós, en Chile. “Somos los tres misioneros y ahora cardenales. Trabajamos en otros pueblos en un ejemplo de la iglesia universal y la vocación misionera heredada de San Francisco Javier”, reflexionaba unos días antes de la ceremonia. Hoy en el Vaticano estará acompañado por su familia, miembros de su congregación de los franciscanos conventuales y, como se esfuerza en resaltar y celebrar, 770 personas que viajarán desde la diócesis de Córcega, en la que ejerce como Obispo desde junio de 2021. “Ha sido algo que ha surgido de ellos y es emocionante”, detalla con el acento francés que le han dado sus años en el país vecino.

Antes de su ordenación episcopal pasó por el seminario menor de Baztan, estudió bachiller en Lekaroz y completó los estudios filosóficos y teológicos entre Padua y Toulouse. Celebró su profesión solemne como franciscano en 1992 y en 1994 fue ordenado sacerdote en Arre por el entonces obispo y luego cardenal Fernando Sebastián. “Mi vocación ha sido tranquila y no tuve una iluminación al estilo de San Pablo ni me caí del caballo. Fue algo natural y he seguido lo que me dijo don Fernando al ordenarme: déjate llevar”. Su trabajo pastoral lo ha ejercido en Narbona y en el santuario de Lourdes, hasta su traslado a Córcega.

Autor de varios libros, uno de ellos sobre los sacerdotes y la vida religiosa fue el regalo del Papa en unas navidades. Ahora acaba de presentar otro, un diálogo entre un obispo del Vaticano y otro “sobre el terreno”, cuya presentación en Francia ha coincidido con los preparativos para el consistorio de hoy, que también acortaron su tradicional viaje a Arre , en el valle de Ezcabarte, a finales de agosto. Allí vive su madre, María Jesús Rípodas, que con 82 años estará hoy en Roma junto a sus otros tres hijos y nietos. “Lo viven con emoción. No pasa todos los días que a tu hijo le nombren cardenal ni tener a tu madre para celebrarlo”.

¿Cómo están siendo estos días previos?

Ajetreados. Más que nervios, hay muchas cosas. Entrevistas, visitas, detalles que ajustar. El viaje del presidente Macron, al que vi en Marsella durante la visita del Papa, y que ha venido a Córcega y también tenemos un encuentro. Muchos quieren hablar con el nuevo cardenal, la televisión francesa, en el Vaticano…

¿Y habrá tenido que preparar el traje de cardenal?

También hay que probarlo, aunque para un navarro la faja roja no es tan extraña. Son cosas que pasan, un momento de efervescencia que se vive con pasión, un momento extraordinario antes de volver a la normalidad.

El 9 de julio se sorprendió cuando el Papa anunció su nombre entre los futuros cardenales, ¿cómo ha asimilado lo que viene?

Aquello fue brutal. Cuando te hacen obispo te convocan y te preguntan si aceptas. Al menos en Francia el ministerio de Interior, si aceptas, te investiga. Es decir, pasa un tiempo para asimilarlo. Si no hay obstáculos, se fija la fecha para la ordenación, hay tiempo para preparativos. En el caso de la designación como cardenal, el Papa saca la lista y estás allí. Seguro que muchas personas lo supieron antes que yo, porque no estás pendiente del Ángelus. Estás a la salida de Misa, con la gente y empiezan los mensajes.

¿Y cómo está ahora?

Lo afronto con serenidad y mucho respeto. Seguiré aquí, como pastor de la Iglesia de Córcega. Y tocará navegar entre lo local, la diócesis, y el aspecto universal de la Iglesia. En Roma me pondrán alguna congregación, dicasterio o consejo y habrá que buscar respuestas.

¿Qué significa ser cardenal?

Estos días he descubierto la importancia que tiene a nivel social. Te llama el presidente de la República, te llegan felicitaciones. Es verdad que es protocolo, pero también se siente el impacto social, seas católico o no.

¿Se imaginaba verse en esta circunstancia?

Es algo que no sabes que va a pasar, un momento de incertidumbre que llega de sopetón. Luego ves que no es algo que querías, ni que te has postulado ni pagado para que ocurra. Es la voluntad del Papa, que en su libertad y voluntad, decide. Al no buscarlo, lo importante es la disponibilidad, la confianza y el desapego. La disponibilidad ha estado siempre ahí, primero para ser franciscano, sacerdote, obispo y, ahora, cardenal. Dije que sí por coherencia vocacional y con la confianza en quien me nombra y confía. Lo recibo con desapego porque no se busca el prestigio, sino que es un signo de responsabilidad.

¿Ha tenido ocasión de hablar con el Papa Francisco? ¿Le ha explicado qué espera de usted?

Nos vimos en la JMJ, pero estuvimos en Marsella en una audiencia privada donde me dio los motivos.

¿Se puede saber qué le dijo?

No. Es algo que guardo. Me dijo lo que le parecía y acepté. Yo quería saber por qué estaba ahí. No por miedo o para escuchar halagos hacía mí, sino para ver qué quería. Hablamos con discreción y me pareció algo bonito. No es por prestigio que te nombran, sino por el bien de la iglesia y aceptas por responsabilidad con la iglesia.

Esta designación llega apenas dos años después de ser ordenado Obispo, ¿cómo ha sido este tiempo?

Ha sido muy majo porque Ajaccio, en Córcega, es un lugar sin hostilidad ideológica hacia la iglesia. El 93% de la población es católica y hay mucho respeto por la iglesia y por la autoridad de los obispos y de los curas. Pero no es sometimiento ni inmadurez, sino la consideración de que hay figuras que tienen peso. El alcalde, el párroco… Se respetan porque contribuyen al equilibrio en la sociedad.

¿Se siente querido entonces?

Me quieren y respetan y siento el cariño y también la cercanía y cordialidad de figuras como los diputados, el presidente de Córcega. El objetivo es que seas elegido o seas, como es mi caso el obispo, no olvides a quién te elige y para qué estas. Que la lógica del poder no haga perder la autoridad. Hay que buscar la autoridad con proximidad. Y eso he hecho, en los barrios, las parroquias, los pueblos…

Desde su posición también tiene datos para ver cómo está la Iglesia, tanto la Universal, como la francesa y hasta la española o navarra ¿Cómo la ve?

La veo con esperanza y optimismo. En París este verano los medios han hablado del nuevo cardenal, de la Iglesia. Es cierto que ha tenido momentos difíciles, por la pedofilia y se une a la situación social de escasas vocaciones y poco peso en la sociedad y que son muy mayores los que acuden a la Iglesia. Pero me llena de entusiasmo lo que hay por delante. Yo nací en 1968, donde la libertad social alcanza grandes cotas y más en Francia. Sin embargo, dejar a Dios aparte no ha significado más felicidad, paz ni serenidad. Al contrario, hay violencia ideológica, polémicas y malestar. Los jóvenes entre 18 y 25 años se preguntan por el sentido de la vida, la felicidad, la muerte, el mas allá. Antes la preocupación era si se podían casar los curas, si se podía ordenar mujeres. Los jóvenes ahora son vírgenes espiritualmente y se dan cuenta de que el materialismo y el individualismo no les llena. Hacen preguntas sobre el sentido de la vida y esa es la esperanza.

¿En España también?

No tengo autoridad para hablar así de España, no la sigo tan de cerca. Ni de Navarra.

Pero la iglesia es universal.

Así es y me interesa descubrir lo que viene de África y lo que tiene que ofrecer a la Iglesia, por ejemplo. Tenemos una mirada eurocéntrica y no vemos que hay novedad y frescura en otras culturas. Es importante abrirse y ver que no somos el centro del mundo y otros nos dan fuerza.

¿Y cómo ha visto al Papa en estos últimos meses?

Le vi bien. Más cansado en la JMJ que en Marsella, pero bien físicamente a pesar de su dificultad para caminar. Sereno y alegre.

Se ha comentado el hecho de que el obispo de Córcega sea cardenal y no así el de París.

La tradición era esa, que el obispo de París figurara en el colegio de cardenales, como el de Madrid, que también estará hoy. El de París, el de Lyon, que es el primado de Francia. Pero el Papa Francisco ha demostrado que no sigue esas tradiciones sino que actúa en función de su libertad. Antes se seguía. Ahora lo es el de Marsella, que es el que me ordenó. Pero ha recibido muestras de simpatía y felicitaciones y se han alegrado en el episcopado francés.

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