Retrato de la inflación (I)
Los pensionistas navarros denuncian: "Nos estamos quedando sin ahorros"
La inflación está obligando a muchos pensionistas a cargar con los gastos extras e hipotecas del entorno familiar


Actualizado el 17/09/2023 a las 08:56
A la hora de comprar miro hasta el peso del papel con el que me envuelven la pechuga de pollo”. La voz de A.B., de 77 años, se va apagando poco a poco tras su confesión. Susurros frente a una taza de café vacía que ha pedido hace una hora. “Por favor, no me identifiques. Siento pudor. Me conoce mucha gente”.
Con una pensión de apenas 700 euros, las palabras de esta pamplonesa ilustran bien la realidad de una gran parte de la población de la tercera edad en Navarra. Un sector que una vez más está cargando con la responsabilidad de aliviar la economía de los entornos familiares, tal y como sucedió en la crisis económica de 2008. “Y los remanentes se nos están acabando”, avisan José Jiménez (81 ) y Hortensia Andrés Velaz (71). Aunque este año se han revalorizado sus pagas -sonríen con impotencia- todo esto solo forma parte de un “espejismo”. Ya que por culpa de la subida generalizada de precios, aclaran, se están viendo obligados a ayudar a hijos y nietos en “gastos extras” y también hipotecas. “Nuestros jubilados se están quedando sin sus ahorros”, advierte Luis Miguel Lainez, de 60 años, diez de ellos trabajando en dos centros de jubilados.
¿Qué han dejado de comprar o hacer los pensionistas por culpa de la inflación? La primera pregunta impacta como una losa fría. Diario de Navarra la suelta en dos escenarios bien diferentes. Lugares que frecuentan estas personas y donde se suelen cocinar conversaciones a fuego lento. Solo hay que sentarse a su lado y escuchar.
Responden una mujer de 43 años que trabaja como cuidadora de ancianos y madre de tres hijos, una desempleada de 56 y once pensionistas, además de Luis Miguel Lainez, trabajador del centro de jubilados. En sus testimonios hay claridad, determinación y algún que otro reproche. Aunque las dudas flamean en un primer momento, no tarda en emerger un mar de fondo. “Los medios de comunicación informáis mucho sobre la inflación, pero seguimos sin entender por qué suben los precios cada semana”, se sinceran. “¿Cuánto tiempo vamos a seguir así? ¿Qué podemos comprar? ¿Nos pueden dar algún consejo? Vivimos ahogados. Incluso hemos dejado de pensar en las vacaciones...”.
Por ello, para tratar de resolver estas inquietudes, este periódico ha acudido a los mostradores de dos mercados municipales de Pamplona (Santo Domingo y Ermitagaña) y se las ha trasladado a ocho comerciantes, algunos con más de cuarenta años de experiencia, quienes han accedido a responder de manera didáctica. Unas explicaciones que se publicarán mañana.
Primer escenario. Cafetería en el barrio pamplonés de la Rochapea. En su interior, ocho mujeres comparten dos mesas. Al otro lado de la barra, Sami Asgar, que va a ser padre y hierve de felicidad. “Va a ser niño, se llamará Ian Sami Sogor”, sonríe, con orgullo. El periodista pide permiso y toma asiento entre pequeños sorbos de café, manos entrelazadas, armaduras de silencios y miradas expectantes.
Marisa Merindano, desempleada de 56 años, toma la palabra y se dirige a Hortensia Andrés Velaza (71). “Hortensia, ¿a cuánto has comprado la docena de huevos?”. Se quedan pensativas. “No sé. Depende del sitio. He comprado a 2.65 euros, a 3.50, a 4, incluso a 5”, responde finalmente.
“Nos vamos al fondo del mar”, interviene Araceli Rodríguez (78). “No recuerdo unos años tan malos”, se queja. “Bueno, sí, a finales de los 70 se paró la construcción y el trabajo falló. Pero ahora es peor. Te levantas de la cama mirando continuamente la pensión y piensas qué comprar. Si no se puede tener un vestido nuevo pues no se tiene”. Asiente a su lado Mª Carmen Barandiarán (88) que vive en un piso tutelado. “Pero sí es verdad que estamos viviendo unos años muy malos”.
Para Mª Luisa Benito (73) el secreto para poder llegar a final de mes con una pensión como la suya, en época de inflación, se fundamenta básicamente en “dejarse de tonterías, ir directamente a la fruta y verdura y comprar menos cantidades”. Se le escapa un gesto de incredulidad. Se percibe cansancio en los rostros y en las palabras. “A final de mes te encuentras que los supermercados están vacíos. Solo ves abuelos que han cobrado la pensión...”.
La alimentación es la parte más relevante del gasto de las familias después de la que se destina a la vivienda. En este marco de desasosiego, prosigue hablando Mª Luisa, se ve en el barro de una realidad que está siendo determinante en sus ahorros. “Tenemos que ayudar a nuestros hijos con las hipotecas”. Ya sucedió en 2008, cuando este sector salvó con sus reservas las economías familiares maltrechas. Aquel año, en España, junto a la precarización laboral, la bajada de los salarios, el aumento del paro, se encadenaron unas políticas de austeridad y recortes “que aún son muy palpables”, admiten. Entonces, en 2008, los jubilados actuaron como red de seguridad, tal y como confirmó una estadística sobre consumo de los hogares. “Los hogares en los que el cabeza de familia tenía más de 65 años aumentaron su gasto en alimentación un 36.9%”. Este proceso al que calificaron de “transferencia generacional” se pudo dar porque las pensiones registraron una “estabilidad” en el periodo mientras los salarios se redujeron de forma casi generalizada.


"VIVIMOS DIARIAMENTE PENDIENTES DE LA PENSIÓN"
“Desde que te levantas vives pendiente de cuánto baja la pensión. Comparas todos los días por miedo a que suban el doble a la semana siguiente”, coincide Mª Carmen Ramírez en este aspecto con Araceli. Poco a poco las confesiones se van abriendo. Se sienten escuchadas. Agradecidas. “Ahora parece que la subida de la leche ha parado, pero no llega ni para pipas. Y la alubia verde está carísima. Por suerte, a nuestra edad se come menos”.
Tercia la más joven del grupo. “Aunque estoy en el paro, en mi casa solo vivimos mi marido y yo, sin hijos, y recibimos dos ingresos”, aclara Marisa Merindano . “En cualquier caso, hemos perdido capacidad de ahorro. El dinero vuela. Tirando de marcas blancas no consigues llenar la cesta con el mismo dinero que hace dos años. Y a esto suma que la gasolina subió antes del verano y aún no baja. No sé cómo lo estarán afrontando las familias con hijos y con hipoteca”.
En otra mesa de la cafetería, A.B, de 77 años, acompaña a una amiga de toda la vida que cuida Ximena Cabrera, 43 años, casada y madre de tres hijos (24, 17 y 9 años). “En casa entran dos sueldos pero no llega para ahorrar. Hemos tenido que prescindir de comprar ropa, calzado, irnos de vacaciones... También hemos desapuntado a la pequeña del comedor y de extraescolares”.
A.B confiesa que nunca ha vivido una situación parecida. “Nunca. Tal complicada, nunca. La nevera la mantengo al día, principalmente compro pollo (una pechuga a la semana), pescadilla, salmón, sardinas y yogures. La pensión no se puede estirar más de 700 euros”, sonríe. Otra vez un gesto de impotencia sobre la mesa. Tazas vacías. “Y hay que pagar comunidad, luz, agua, móvil, calefacción... Por cierto, me han cortado el teléfono fijo porque no uso internet”.
"NO ESTÁN DISFRUTANDO DE SUS AÑOS DE JUBILACIÓN"
Segundo escenario. Club de Jubilados de Berriozar. Partida de cartas vespertina. Son las cinco. No hay muchos usuarios a esta hora. En una de las mesas, frente al mostrador, café, chupito de hierbas y periódico, pero con los pensamientos fuera del local. “Tengo a mi mujer ingresada en el hospital”, murmura José Jiménez (81 años) levantando la mirada.
Al otro lado de la barra, Luis Miguel Lainez sirve a los primeros en llegar. “La pandemia les ha cambiado en la forma de vivir, tanto en lo económico como en lo anímico”, comenta. “No sé si es miedo o pereza o que se están encontrando un mundo muy complicado, pero se están quedando más en casa. Están pasando por una situación muy parecida a la del 2008, con la salvedad de que entonces se fundieron unos ahorros que tenían y ahora no tienen. No están disfrutando de sus años de jubilación”. Más cafés con leche, cervezas sin alcohol y algún que otro chupito. “Llevamos sin subir los precios desde julio del año pasado, y eso que el precio de la leche se ha duplicado y el del café ha aumentado un 40%...”. Lainez se queda pensativo. “Sorprende la inactividad de la sociedad. Su sumisión. No ves a nadie quejarse. Y esta actitud solo lleva a una sociedad más pobre. No sé si es porque se tiene miedo a perder lo poco que se tiene. Tenemos que ser conscientes de que la inflación la están cargando los pensionistas en gran mayoría. Los gastos extras en los hogares los están afrontando ellos, que también se ocupan de sus nietos. Sobreviven mes a mes”.
José Jiménez (81), Mariano Gutiérrez (70 años) y Rafael Butrón (73) prefieren quedarse al margen de la partida de cartas. “Ahora compramos por unidades en lugar de por peso”, dice Rafael, admitiendo que, aunque en casa entran dos pensiones, han tenido que cambiar los hábitos. “Compramos lo más barato y para eso hemos dejado de comprar en los supermercados. Nos da igual la calidad. Nunca habíamos vivido una época tan complicada. Y a lo nuestro se suma que compramos mucho para los nietos: frutas, yogures...”.
Habla Mariano. “Yo vivo solo en casa. No tengo mujer e hijos y pagué 800 euros solo en calefacción el invierno pasado y llegué justo a final de mes. No salgo mucho y gasto poco, pero hay que comer”.
Asimismo, Jiménez reconoce que han perdido el poder adquisitivo. “ Ahora hay que hacer más números que cuando teníamos hijos pequeños. En casa nos vemos obligados a recortar. No en cantidad sino en calidad. Te fijas más y valoras si la segunda calidad cubre la primera. ¿Cómo puede ser que no podamos pagar artículos de primera necesidad? Y a los hijos hay que ayudar. Es impensable el coste de vida para un matrimonio con tres niños. Fíjese en la cantidad de dinero que hay que mover a la semana. Si seguimos así los pocos remanentes que quedan los vamos a perder”.
En la calle, agarrados del brazo pasean Mª Jesús Llorente (61) y Manolo García (65). “Vivimos con una pensión de invalidez y compramos principalmente marcas blancas. La cosa está muy complicada para ahorrar algo. Ayudamos en los gastos extras a una de nuestras hijas porque con la hipoteca no se llega”. Se disculpan y continúan dejando tras de sí una estela de cansancio. Una nueva historia invisible pero latente en esta sociedad navarra del siglo XXI.
Y la previsión no es nada favorable. El jueves el Banco central Europeo aumentó los tipos de interés aún más. Esto significa que las personas con hipotecas con tipos variables, así como las que tengan pensado contratar un préstamo verán estos costes de endeudamiento mucho más caros que hace un año.