Arianna, la bailarina que huía del frío
Arianna nació en Santiago de Cuba. Se hizo pamplonesa de adopción tras su boda con Alberto Pérez Zubeldía. Los dos bailaban juntos la vida


Publicado el 28/04/2023 a las 06:00
Quienes la veíamos desplazarse por la pista pensábamos que Arianna, Ari, llevaba la música metida en algún lugar entre el cerebro y el corazón. En el cerebro seguro, porque sus pasos eran ejecutados con la precisión que otorga la experiencia en una compañía de danza. Y en el corazón, también, porque sabía deslizarse con el duende que la tierra regala a los nacidos por ejemplo en Santiago de Cuba. Era su caso. Arianna Corominas Vicente, santiaguera de nacimiento, se hizo pamplonesa de adopción desde que se casara con Alberto Pérez Zubeldia. Ambos compartían vida, dos hijos y una academia de baile por la que pasan decenas de personas que sueñan con bailar. Ellos, como él. Ellas, como ella. A Ari la música se le metía dentro. Se le apoderaba. Como si un espíritu rítmico guiara sus movimientos. Verla bailar, latino o contemporáneo o subida a la barra de Pole era disfrutar de la armonía. Y la armonía, como la belleza, no hace feliz a quien la posee, sino a quien la contempla.
En la ciudad de Arianna, Santiago de Cuba, se fraguó la historia de amor con Alberto Pérez Zubeldía, profesor de baile y su marido. Recordamos muchos el regreso de Alberto tras conocerla. Eran tiempos de clases en la Casa de Cultura de Barañáin cuando Alber perseguía los papeles para legalizar la llegada de su pareja. Se casaron en Cuba y los dos se instalaron en Noáin. Rememoro aquella Ari de los primeros tiempos. Tímida en los inviernos fríos de esta tierra. Lejos del calor se acurrucaba en días de febrero junto al radiador de la sala de baile para recuperar la temperatura. Atenta siempre a las indicaciones de Alberto cuando comenzaba la clase. Y en el momento exacto en que él daba la señal, con su clásico un, dos, tres, cinco, seis, siete…, Ari abandonaba la calefacción, se erguía, movía los hombros al ritmo y se sumaba al círculo mágico del baile. Transformaba el retraimiento para convertirse en un ser poderoso. Flotaba repleta de energía.
Los alumnos mirábamos a Alberto, su marido, nuestra referencia masculina en el baile. Era un “cubano” PTV, heredero directo de esa fusión ‘pamplocubana’ de bailar. Ella, Arianna, era una fuerza llegada del Caribe que nos llamaba “asere”, que quiere decir compañero. Ocupaba el espacio y hacía natural un movimiento amplio con los brazos y nos animaba con sus expresiones caribeñas. Alberto y Ari formaban un contraste hermoso. Ari llegó un día de repente, nos atrapó por sopresa y disfrutamos de su manera de estar y bailar. Hoy se ha ido tan inesperadamente como vino. Te imaginaremos de nuevo bailando y huyendo del frío. Ojalá que donde vayas encuentres una pista de baile y calefacción para los días de invierno. Que las estrellas acompañen tu viaje a ritmo de Son.
El autor es periodista