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Mercado laboral (y VI)

Los rostros del paro en Navarra

Los demandantes de empleo anhelan cobrar un salario justo, proporcional al esfuerzo realizado. No siempre hallan respuesta en un mercado laboral de paradojas y contrastes: 3.500 puestos sin cubrir y 31.000 personas sin trabajo

Ampliar El moldavo Oleg Cimbr, con un reportaje de la serie de empleo de Diario de Navarra
El moldavo Oleg Cimbr, con un reportaje de la serie de empleo de Diario de NavarraJesús Caso
Actualizado el 24/12/2022 a las 08:40
No hay cola del paro. La era digital ha despoblado las aceras del rosario que encadenaba los turnos de oportunidades con las que cambiar la suerte. El decorado ha mutado con la cita previa. Pero persiste el problema. La realidad es tozuda y pesa como una losa en cuantos anhelan un trabajo en condiciones, remunerado -dicen- acorde con el esfuerzo realizado. “Mi madre, a veces, no tenía tiempo ni para estar con mis hermanos ni conmigo. Se pasaba todo el día en el bar”. Y no precisamente por ocio, sino por asegurar el sustento familiar. La anécdota, hoy reducida a recuerdo por trabajar su progenitora en una fábrica, es aportada por Axel Alvear Jaramillo, a la salida de una oficina del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) una vez cumplimentado un trámite en su período de inactividad como fijo discontinuo. El esfuerzo de su madre, hoy residente en Calahora con sus hermanos de 15 y 11 años, le permitió labrarse un futuro como estudiante con éxito en el Grado Medio de Mecanizado en el colegio Salesianos. Accedió al mercado laboral tras las prácticas cubiertas en una empresa, que hoy confía en su capacidad y sus habilidades.
Axel Alvear Jaramillo completó estudios de Grado Medio de Mecanizado
Axel Alvear Jaramillo completó estudios de Grado Medio de MecanizadoJesús Caso
La rutina, que mide el empeño por llegar a fin de mes, se impone a las estadísticas. Una lectura, siempre fría de los números, presenta un registro de 31.000 personas en situación de desempleo en Navarra. La cifra retrata un mercado con más de 3.500 vacantes que, a primera vista, pudieran ser cubiertas sin aparente dificultad . Empresas, analistas, sindicalistas y la propia Administración explican el contraste desde un cúmulo de circunstancias, entendibles sobre el papel, pero difíciles de comprender cuando acechan las necesidades. “¿Faltan trabajadores o condiciones laborales?” El dilema, compartido a pie de calle, despuntó días atrás en un foro de debate sobre la inquietud, trasladada a las páginas de Diario de Navarra, por el difícil equilibrio entre oferta y demanda que, a simple vista, pudiera ser resuelto por la proporción de diez a uno de desocupados y empleo disponible.
En la confluencia de dos oficinas del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y del Servicio Navarro de Empleo (SNE), hay un goteo de entradas y salidas como también de despistes por saber cuál es la puerta adecuada. La confusión momentánea se convierte en metáfora del laberinto que para muchas personas es encontrar trabajo.
ESFUERZO Y SALARIO
El 9 de enero, Axel Alvear -con 22 de sus 25 años de edad en España tras abandonar su familia Quito (Ecuador) cuando contaba con 3-, se reincorporará su puesto. Halla en su entorno cercano ejemplos de desajuste entre oferta y demanda. “La hostelería -afirma- no está bien pagada para las horas que se mete. No es un trabajo tampoco fácil. Se entra muy pronto y se sale muy tarde. ¿A cuenta de qué te metes en un empleo si no está bien pagado?”.
Andrea Marques Borges es Graduada en Economía
Andrea Marques Borges es Graduada en EconomíaJesús Caso
El interrogante conduce a una reflexión pormenorizada. Andrea Marques Borges completó en junio sus estudios de Grado de Economía en la universidad. Tiene B-1 en inglés y domina el portugués como originaria de la provincia gallega de Orense. En su etapa formativa compaginó su formación con un empleo en un hotel, reconocido desde febrero, con la reforma laboral, bajo la fórmula de fijo discontinuo. Dice que tiene esperanza en trabajar de lo suyo. “No desesperes. Acabas prácticamente de terminar de estudiar”, escucha de sus cercanos como aliento de promesa. A sus conocimientos se remite para responder a la disyuntiva de los 31.000 desempleados para 3.500 puestos pendientes de atender. “Lo que la Economía dice es que si no se ofrece el suficiente dinero para que una persona le compense dejar ocio para trabajar, no va a trabajar. Luego está otra cosa: si la prestación por desempleo es más alta que los salarios o hay poco margen de diferencia, habrá personas que optarán por la primera opción. No soy partidaria de esta idea”, señala. Hay un tercer apunte en su razonamiento, acotado al sector de la hostelería, que conoce de primera mano por su empleo y por familiares y amistades con negocio propio. “Cada vez hay menos profesionales en la hostelería. Lo noto. La gente que entra ahora a trabajar dista mucho de la de antes. No sé si ha coincidido con la etapa posterior al covid, pero hay personas que, cuando van a una entrevista, dicen que no están dispuestas a trabajar por la noche ni fines de semana. Y.. ‘no me dejes en la terraza, que no quiero aprender’”. Andrea se reconoce como hija de la cultura del esfuerzo, que aprendió a valorar en su familia.
Chari Palma Delgado encadena empleos en hostelería, porque de lo suyo -afirma- “no sale”. Estudió y trabajó en el sector privado como auxiliar de enfermería quien nació hace 45 años en Jaén, pero está asentada en Navarra. En su último contrato -señala- no ha estado “a disgusto”. Solo que no había posibilidad de aumento salarial y, en un acuerdo alcanzado con su contratador, optó por la rescisión del vínculo laboral. “Viendo los gastos que tengo y con lo que cobraba, no me alcanzaba. Y como tengo paro acumulado, prefiero cobrarlo hasta que me salga algo. No quisiera estar en el paro”, se sincera. Su actitud es de búsqueda “de lo que salga” y, si se diesen las circunstancias, no perdería la ocasión de inscribirse en las listas de auxiliar de enfermería en la oferta pública. Un pamplonés, que prefiere parapetarse en el anonimato, comparte la misma inquietud de búsqueda, aunque selectiva. “Cuando trabajas en algo que te gusta, el trabajo no es una carga”, sostiene al cabo de una semana de poner fin a su última experiencia laboral. “Mi idea -aclara- es empezar ya. Quiero cambiar de empleo por mi estrés, por mi cuerpo”.
Fátima Khbab ha desempeñado trabajos en cocina y limpieza
Fátima Khbab ha desempeñado trabajos en cocina y limpiezaJesús Caso
EL LICENCIADO MOLDAVO
Cuando el paro se agota, la vida se acelera. Las prisas empujan a Fátima Khbab a reunir los requisitos necesarios que le permitan acceder al subsidio de desempleo. Nacida hace 51 años en el sur de Marruecos, con dos hijos -uno de ellos en su país de origen-, ha empeñado su vida laboral entre restauración y limpieza con voluntad de regresar sobre los mismos pasos más pronto que tarde. “De lo que salga, de lo que salga”, se anima a sí misma con una máxima de voluntad.
Cuando se le pregunta por la paradoja del número de desempleados y el grado de ocupación existente en Navarra, incorpora una variable: “A veces, hay gente que no tiene suerte para trabajar. Otros, no tienen papeles. Yo los tengo. Llevo 13 años aquí. Y los hay que no saben o no quieren trabajar”. No es su caso, consciente del cuidado de su hijo menor, de 11 años, en Pamplona y de su hija, a la que ha de apoyar desde la distancia. Fátima es cabeza de familia monoparental.
La soledad acompañará estas Navidades a Oleg Cimbr, moldavo de 46 años. Con sus seres queridos a kilómetros de distancia, hará de la resignación virtud a la espera de una nueva oportunidad de trabajo. Desde que recaló en España en el año 2003 ha trabajado en la construcción, y hasta el viernes lo hizo en el sector de la automoción. Es ejemplo de superación. Fue aprendiz de carretillero y acudió a un curso de 20 horas en la metalurgia para mejorar su categoría. Licenciado en Derecho en Moldavia, no ha podido demostrar sus conocimientos en el alambicado lenguaje de las leyes por falta de homologación de su título.
Su caso ilustra el ánimo que acompaña a los migrantes, que buscan un futuro lejos de su tierra aun a riesgo de perder el contacto físico con sus cercanos. Oleg fue teniente de la Policía y como tal su salario era a principios de siglo de 80 euros al mes. “Ahora estará en los 400”, puntualiza. Tan simple como una operación matemática, en una comparación de retribuciones entre países, permite comprender su salida de Moldavia y su cambio de profesión para acabar derrochando sudor entre andamios. Ahora bien, “la construcción -dice- es muy exigente”.
Es consciente que las Navidades, período de ocio y descanso para muchos, es de dificultad para encontrar trabajo. No se detiene en su ímpetu de búsqueda quien, a primera vista, ofrece un perfil de hombre humilde, sensato y amable. Con sus manos extiende un reportaje de la serie que Diario de Navarra ha publicado estos días atrás con la radiografía del empleo y la controversia de las oportunidades brindadas para un contingente diez veces mayor. La necesidad se impone a cualquier circunstancia y es, en su caso, apremiante, con un hijo en Moldavia: “Las Navidades estaré aquí solo. No puedo irme de vacaciones. Voy a buscar algo”.

EL EMPLEO EN NAVARRA

​31.000 personas en situación de desempleo

Más de 3.500 empleos sin cubrir. Las vacantes han crecido el 122% desde 2019, sobre todo en la construcción.

211 perfiles profesionales difíciles de encontrar, según las empresas.

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