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Empleo

Iratxe, policía municipal de Pamplona: “Lo llevaba más o menos bien hasta que cumplí los 30 años”

En torno al 18% del conjunto de asalariados en los últimos cinco años, tiene que trabajar al menos un domingo al mes

Ampliar A sus 36 años, Iratxe acumula 16 de experiencia como policía municipal
A sus 36 años, Iratxe acumula 16 de experiencia como policía municipalJ. A. Goñi
Publicado el 20/11/2022 a las 06:00
Iratxe, que prefiere ocultar sus apellidos por seguridad, es una agente de 36 años de la Policía Municipal de Pamplona con más de década y media de experiencia. Desde que acabó el Bachiller, esta ablitense tenía clara su vocación policial y entró en el cuerpo nada más cumplir los 20. “Me saqué los tres carnés de conducir que pedían y vine directamente a Pamplona a una academia para preparar las pruebas. Aprobé a la primera. Ya sabía dónde me metía y que tendría que trabajar a turnos, también domingos y festivos”, explica. “Librar entre semana tiene muchas ventajas porque puedes hacer las gestiones y compras fuera de las horas punta. Esta profesión también te permite viajar en temporada baja, que es más barato”, admite. Iratxe no tiene hijos, pero ve que sus compañeros con familia tienen que hacer malabarismos para conciliar. Destinada a la unidad de seguridad ciudadana, suele trabajar dos domingos al mes, aunque, según las circunstancias del calendario, pueden ser también tres o uno. Esta forma de trabajar, sobre todo por los cambios de turnos, acaba pasando factura en el sueño con el paso de los años: “Hasta los 30 años lo llevaba más o menos bien, pero es verdad que ahora te despiertas más por la noche y duermes menos horas”. Ello acaba repercutiendo en el estado de ánimo, con días en los que se nota “más irascible” sin saber por qué y acaba dando alguna contestación “un poco peor”. Son muchos años comiendo a deshoras y cambiando las horas de acostarse y levantarse, lo que acaba pasando factura.

Borja Roldán, camarero en el bar Monasterio: “Mis fines de semana empiezan a partir del domingo a la tarde”

La hostelería hay que llevarla en la sangre para ser compatible con un negocio que, en la mayoría de los casos, necesita funcionar mientras el grueso de la población descansa. Borja Roldán de Miguel, camarero de 34 años en el bar Monasterio, es un buen ejemplo de esta profesión vocacional de la que sigue disfrutando como el primer día desde hace once años pese a que no ha librado ni un domingo. “Te amoldas porque es parte del trabajo en hostelería, sobre todo cuando te orientas más a una restauración de comidas y cenas. Mi fin de semana comienza el domingo por la tarde”, explica. Aunque hay que vivir “al revés que la mayoría”, también hay pequeñas compensaciones si se libra lunes y martes, como encontrarse todos los comercios abiertos y con poca gente. Por contra, es casi imposible hacer planes con la cuadrilla porque la mayoría está trabajando. No le queda más remedio que buscar “raticos” para estar con los amigos durante el fin de semana, ya sea por la mañana antes de trabajar o en el espacio entre la mañana y la tarde. “Al principio cuesta acostumbrarse, pero cuando algo te engancha, no pica tanto. Me gusta mucho el mundo de los vinos, el tema del servicio”, razona. Aficionado al deporte, sigue compatibilizando su trabajo con el de entrenador de tenis y tiene la suerte de que su pareja también se dedica a la hostelería y libran a la vez. Se suele perder las comidas familiares de los domingos al tener que ocuparse del vermú, aunque se desquita organizando alguna cena lunes o martes.
Borja Roldán lleva más de diez años sin librar ni un solo domingo
Borja Roldán lleva más de diez años sin librar ni un solo domingoJ. C. Cordovilla

Mari Carmen Romero, empleada de la gasolinera Pío XII: “Lo importante ha sido poder librar a la vez que mi marido”

A sus 53 años, Mari Carmen Romero Díaz lleva con la mayor naturalidad el trabajo a turnos y en domingos y festivos. Tiene cayo tras ejercer durante años como vigilante de seguridad y, desde hace siete, repostando vehículos en la gasolinera de Pío XII de Pamplona. “Era consciente de que son ocupaciones que exigen rotar y estar disponible de lunes a domingo”, reconoce. La clave para llevar tan bien esta vida contracorriente es, según cuenta Mari Carmen Romero, coincidir en las libranzas con su marido, con el que comparte un mismo calendario laboral. “A ver, no le dábamos tanto valor en qué día de la semana librábamos, pero sí que fueran los mismos”, recalca. Con dos hijas ya adultas, considera que, cuando estas eran pequeñas, era mejor poder disponer de días libres entre semana porque les sacaba más partido para “los colegios, las actividades, médicos, tiendas...”. Frente a quienes piensan que sábados y domingos “son sagrados”, Mari Carmen Romero considera que tampoco es tan importante y hay que aprender a relativizar. Preguntada por cómo lleva la falta de tiempo para quedar con las amistades, responde estoicamente que “a unas se puede ir y a otras hay que faltar”. A veces le toca escuchar comentarios de personas cercanas que confiesan que no podrían tener un trabajo que exigiera trabajar domingos y festivos, pero ella cree que todo es “empezar y organizarse”. En ciclos de cinco semanas, esta pamplonesa libra dos domingos y trabaja tres. A pesar de ser muchos años a sus espaldas con un calendario de trabajo poco convencional, afirma que no le está pasando factura.
El esposo de Mari Carmen Romero también trabaja a turnos
El esposo de Mari Carmen Romero también trabaja a turnosJ. C. Cordovilla
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