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Periodismo

La desatención de algunos medios, otro castigo de las víctimas del terrorismo

Los profesionales José María Irujo, Ángeles Escrivá, Marc Marginedas y Gonzalo Araluce fueron el centro de unas jornadas organizadas en la Facultad de Comunicación de la UN

Ampliar Desde la izquierda: Marc Marginedas, Gonzalo Araluce y Ángeles Escrivá
Desde la izquierda: Marc Marginedas, Gonzalo Araluce y Ángeles Escrivácastells
Actualizado el 21/10/2022 a las 17:13
José María Irujo (Pamplona, 1965) habló solo en la palestra ante la mirada de ochenta alumnos, profesores y expertos en terrorismo que poblaron la bancada del aula Luka Brajnović de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Nadie, o muy pocos de la sala sabían que Irujo, veterano periodista de El País, había viajado durante los años de mayor esplendor de ETA a una localidad del sur de Francia para reunirse en una “nave oculta” con profesionales del cuerpo nacional de inteligencia galo. “Cogíamos un vuelo a Fuenterrabía, nos alojábamos en el Hotel Londres de San Sebastián y nos desplazábamos a Francia para recabar información fabulosa”, reconocía sobre la labor periodística de investigación realizada junto a un compañero con el fin de tener contenido sobre las operaciones que sucedían al otro lado de la frontera.
El testimonio de Irujo, profesional que inició su carrera como redactor en Diario de Navarra cubriendo manifestaciones de la izquierda abertzale en la parte vieja de Pamplona, entre otras, vino acompañado de una reflexión. “Cubríamos muy de cerca asesinatos y secuestros de gente cercana y tratábamos de hacer información rigurosa”, explicó citando el intento de asesinato de José Javier Uranga, director durante 28 años de este medio, a las puertas de la redacción de Cordovilla. Según él, “estaban convencidos” de que hacían “bien” el trabajo en los años de plomo.
En primera fila, Enrique Maya, alcalde de Pamplona, Ana Ollo, consejera de Relaciones Ciudadanas, José Santiago Martín, coronel jefe de la Guardia Civil de Navarra, José María Borja, jefe superior de Policía de Navarra, Martín Zabalza, director general de Paz y Tolerancia, Florencio Domínguez, director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, y José Manuel Erro, director general del grupo La Información.
En primera fila, Enrique Maya, alcalde de Pamplona, Ana Ollo, consejera de Relaciones Ciudadanas, José Santiago Martín, coronel jefe de la Guardia Civil de Navarra, José María Borja, jefe superior de Policía de Navarra, Martín Zabalza, director general de Paz y Tolerancia, Florencio Domínguez, director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, y José Manuel Erro, director general del grupo La Información.castells
“Pero visto con perspectiva, he llegado a la conclusión de que no prestamos la suficiente atención a las víctimas”, afirmó recordando las dificultades con las que se encontraban a la hora de acercarse a las familias. “Eran familiares que quizá venían a Pamplona por primera vez y no lo hacían para pasear por la ciudad sino para recoger el cadáver de su familiar”, ejemplificaba con los casos agentes que estaban destinados en Navarra y fueron asesinados.
A pesar de esta parte “negativa” del tratamiento ofrecido por los medios de comunicación, el periodista local indicó que el periodismo parece haber resuelto en cierto modo esa “tarea pendiente”. “Se ha mejorado con los años, antes o llegábamos tarde a las víctimas o no lo hacíamos nunca. Ahora hay iniciativas interesantes como el libro de Javier Marrodán y Gonzalo Araluce”, manifestó hablando sobre la colección Relatos de plomo elaborada por varios autores que repasan la historia de la banda terrorista en Navarra y hablan con las familias de las 42 víctimas en territorio foral. 
Desde la izquierda: Javier Remírez, vicepresidente del Gobierno de Navarra, Charo Sádaba, decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y Tomás Caballero, presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo
Desde la izquierda: Javier Remírez, vicepresidente del Gobierno de Navarra, Charo Sádaba, decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y Tomás Caballero, presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismomanuel castells
Fue precisamente Gonzalo Araluce el encargado de moderar una mesa redonda entre el corresponsal de guerra Marc Marginedas, periodista que en 2013 fue secuestrado durante seis meses por terroristas del grupo Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) en Siria, y Ángeles Escrivá, redactora jefe en El Mundo que durante 25 años cubrió todo lo relacionado con ETA.
Del mismo modo que Irujo, Escrivá quiso hablar sobre el segundo plano en el que se quedaron las víctimas del terrorismo. Para ello habló sobre el primer acto de reconocimiento de las víctimas en el Congreso. “Resulta desolador que el familiar de una víctima diga que se enteró de que había muerto su padre o madre escuchando la radio”, lamentó la periodista durante la primera de las dos jornadas tituladas Contar el terror: el periodismo y la (no) ficción ante la violencia terrorista. “Los periodistas a veces nos equivocamos en la prisa por dar la identidad de las personas asesinadas y en la prisa por contextualizar el carácter del atentado”, añadió.
Ante estos errores, Escrivá comentó que los profesionales de la información tuvieron que aprender. “Aunque parezca mentira tuvimos que aprender a esperar a dar los nombres, las profesiones y esperar a que las autoridades diesen la noticia a los familiares”, pronunció citando a un director de El Correo que “respetar el dolor de las víctimas significa que tenemos que tener nuestras páginas abiertas para recibir sus quejas, sus lamentos y sus propuestas”. 
Marc Marginedas, Gonzalo Araluce y Ángeles Escrivá
Marc Marginedas, Gonzalo Araluce y Ángeles Escrivámanuel castells
DE ETA AL ESTADO ISLÁMICO
Aunque las referencias hechas a las víctimas estuvieran relacionadas en gran parte con las de ETA, también se habló de los asesinados a manos de terroristas de la extrema derecha y del terrorismo islámico. Marginedas fue el encargado de extrapolar el caso nacional. “Escucho a Ángeles y veo que hay problemas muy parecidos”, reflexionó. “Existe el escaso respeto al dolor de las víctimas y existe la precipitación“, comparó.
Para el catalán, el periodismo tiene que evitar convertirse en “correas de transmisión” de los extremistas. Uno de los ejemplos que puso para explicar su idea fue el del vídeo de Muaz Kasasbeh, piloto jordano que fue quemado en el interior de una jaula. Un caso “muy potente” a nivel mediático.”¿Qué es lo que pasó? Esa ejecución se había producido un mes antes de su publicación ¿Por qué el Estado Islámico difundió el vídeo en ese momento?”, preguntó Marginedas. “Porque en aquel momento estaban sufriendo derrota tras derrota y querían cambiar la narrativa. Todo el mundo dejó de hablar de que sufrían la primera derrota y se centraron en la ejecución”, respondió a su cuestión un Marginedas que tienen “una necesidad terrible de conocer la verdad y hacer justicia con sus compañeros”.
Antes de las charlas, Tomás Caballero, presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Charo Sádaba, decana de la facultad, y Javier Remírez, vicepresidente del Gobierno foral, fueron los encargados de inaugurar unas jornadas en las que también participa el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo con su director navarro Florencio Domínguez a la cabeza, que presenció las ponencias.
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