Sociedad
Abuela de Navarra a los 107 años
Cándida Jauregi Magirena es desde el martes la persona de mayor edad en la Comunidad foral. Vive con uno de sus cuatro hijos en el corazón de Amaiur. Limitada la vitalidad de tiempos en que derrochó esfuerzo, le gusta escuchar canciones vascas


Publicado el 14/10/2022 a las 06:00
Navarra goza de buena salud. Puede presumir de ser cuna de vidas bendecidas con una edad centenaria. En el ránking de la longevidad, al que por curiosidad y envidia sana se mira de refilón, Cándida Jauregi Magirena tomó el martes el relevo de la estellesa María Estrada Aramendia. Nueve meses separaban una de la otra como coetáneas de 107 años.
Por las reglas de la vida, el privilegio de encabezar ahora la nómina de la edad en Navarra recae en la primera de ellas. Reside en la casa Arginenea, “diferente del caserío Arginenea”, en el corazón de Amaiur, donde el pasado 3 de septiembre sumó una nueva vela de cumpleaños. En esa fecha, pero en 1915, vio la luz en el caserío Salaberriko Borda del propio lugar, como se conocen a los pueblos en Baztan.
Reside con uno en sus cuatro hijos, Félix, y cuenta con 7 nietos, amén de otros tantos biznietos. Enviudó en 1995 de Joxe Inda.
La rutina en la celebración de sus cumpleaños se ha visto interrumpida parcialmente en los últimos años con motivo de la pandemia. Hasta entonces, el 3 de septiembre, en su casa había misa por iniciativa y compromiso afectuoso de Juan Felipe Franchez, quien fuera sacerdote adscrito a Azpilkueta.
Eso sí, a falta de misa hubo mesa preparada con ricas vituallas y una tarta rematada con los dígitos de 107. No faltaron los cuatro hermanos -Maritxu, María Belén, Fermín y Félix- como descendientes suyos que quisieron abrazar a la amatxi hasta ahora de Baztan y desde esta semana de Navarra entera.
La vida de Cándida está tejida por el mismo patrón. “Se levanta a media mañana, desayuna y suele oír un poco de música. Le gusta las canciones vascas”, relata su hija Maritxu. “Come hacia la una y media y luego se va a la siesta hasta las cinco y media”. Si prolonga su descanso es porque “está más a gusto en la cama”. La monotonía de las tardes vuelven a estar interrumpidas por “las canciones” que escucha con auriculares y que, en ocasiones, tararea en episodios que le hacen recordar etapas pasadas y fiestas de guardar en su corazón.
Las limitaciones propias de su edad explican la reducción de sus capacidades de escucha y vista, además de movimiento. “Desde hace tres o cuatro años” necesita de una silla de ruedas para desplazarse.
Cándida hace honor a su nombre. Cuando las fuerzas le acompañaban no tenía reparo en ayudar a sostener la economía doméstica con tareas en el campo. Y aún en tiempos difíciles ejercía “de costurera para toda la familia”, observa Maritxu.
LA RECETA DE LA SALUD
El apego a la tierra fue significativo en su vida por ser vivero de la alimentación. Hasta que cumplió los 12 años, compaginó la ayuda a sus padres en el campo con la apertura de su intelecto a los conocimientos enseñados en la escuela, que entonces se localizada en la casa Kallonea, de Amaiur.
En períodos de estrecheces, como el que azotó el país en la Guerra Civil y a su término, no hubo hambre en Salaberiko Borda, según los recuerdos compartidos con sus hijos. El pan elaborado en casa, además de los frutos de la huerta, y el aporte de los animales, ayudaron a aliviar penurias.
Precisamente en los buenos alimentos, que le son proporcionados en el entorno, se encuentra el secreto de una larga vida. No hace ascos al tocino blanco, que tiene como una de sus apetencias predilectas. La tranquilidad de los pueblos acunados en silencio y envueltos en un marco de postal, como es Amaiur, es otra de las recetas de gozar de buena salud.
Es así que, apoyada en una alimentación sana y después del descanso de la noche, Cándida se despierte con su mayor lucidez. Acusa, dentro de la lógica comprensible, el paso de las horas. Con todo tiene fuerzas para escuchar las canciones que, a medida mañana y por la tarde, envalentonan su ánimo como melodías que le hacen recordar y revivir.