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Entidades sociales

La subida de precios obliga ya a navarros con empleo a recurrir al Banco de Alimentos

La actual crisis está impactando en el perfil de los usuarios necesitados

Ampliar Saskia
Reparto de productos en Saskia, el centro solidario de distribución de alimentos de Barañáin y una de las entidades con las que trabaja el Banco de AlimentosJesús Garzaron
Actualizado el 09/10/2022 a las 11:08
El Banco de Alimentos lleva tiempo advirtiendo de que entre sus usuarios asoman cada vez más personas que no son aquellas que solemos asociar a quienes recurren a una entidad social para tirar hacia delante. Cuando parecía que comenzaba a diluirse el efecto de la pandemia, la crisis energética y la subida generalizada del coste de la vida han llegado para poner al límite a muchos. Son aquellos que viven al día, bordeando la pobreza. No significa que pidan limosna o no tengan un techo bajo el que vivir, pero sí que no pueden cambiar la lavadora si se estropea, o que empiezan a pensar que comer carne o pescado tres veces por semana es un lujo, o que tienen que elegir entre pagar el alquiler o poner la calefacción, este invierno más que nunca. Son la vecina divorciada con dos hijos a su cargo y una jornada parcial, la viuda que cobra una pensión no contributiva o la familia que vive del empleo precario.
Este último caso está creciendo “exponencialmente”, explican desde el Banco. Son personas que trabajan, pero cuyos ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas. Porque los salarios no suben, pero el coste de la vida se ha disparado. A nivel nacional, el 40% de los atendidos por la Federación Española de Bancos de Alimentos tiene un empleo. “Los sueldos de 1.000 euros son muy habituales y, tal y como está la vida, no te llega para nada. Antes con 50 euros hacías la compra; ahora miras al carro y apenas hay algo. Si además tienes que pagar un alquiler y todas las facturas...”, describe gráficamente la presidenta del Banco de Alimentos, Marisol Villar. “Hay personas de aquí que han vivido toda la vida de su trabajo, de su esfuerzo, y ahora ven que no les da. A muchos les cuesta dar el paso, les avergüenza pedir ayuda. Nosotros frente a eso no podemos hacer más que recordar que aquí no juzgamos a nadie, que nos puede pasar a cualquiera y que por eso no se es ni más ni menos persona”, explica.
Por el momento, estos meses de estrecheces no se han traducido en un aumento de usuarios, como sí ha ocurrido en otras comunidades. Siguen siendo 25.000 y, como recuerdan desde el Banco, todos pasan previamente por los servicios sociales de base para acceder a la ayuda, que se gestiona a través de 182 entidades sociales, nunca directamente. “Nos mantenemos y es para alegrarse. La economía navarra es algo más fuerte y creo que estamos aguantando algo mejor”, valora Villar. Sin embargo, la incertidumbre es grande, con la época de frío acechando a la vuelta de la esquina. “Habrá que ver cómo evoluciona el mercado laboral y hasta dónde pueden aguantar muchas personas. En cualquier caso, la previsión es que las cifras aumenten”.
EN SITUACIÓN DELICADA
Las incógnitas sobrevuelan también a la propia subsistencia del Banco. Porque las turbulencias económicas no afectan solo a los usuarios, sino directamente a la propia actividad de la institución. “La situación es delicada, dependemos siempre de la sensibilidad y generosidad de la sociedad”, admiten. Sus gastos anuales son de unos 400.000 euros, y la proporción cubierta por dinero público, pequeña (de en torno a un 30%). Las donaciones de los particulares han caído un 67% y las de las empresas, un 37%”. “Es entendible. Ahora se ajusta al máximo la producción, no hay excedentes. Antes había empresas que, por responsabilidad social corporativa, reservaban una parte de su producción para donar. Ahora eso casi ha desaparecido”.
Además, si antes las empresas costeaban el traslado de los suministros hasta las instalaciones del Banco, ahora algunas piden que se asuma desde la institución. La factura de electricidad del propio Banco ha subido un 60%, de los 11.800 a los 19.000 euros. “Pero es que la refrigeración nos es imprescindible. O nos limitamos a dar producto seco y conservas, o no hay otra”.
En la cesta que reciben los usuarios, se ha rebajado la cantidad que se entrega de muchos productos, y hay algunos que han “desaparecido” por completo. “El año pasado dimos pollo todos los meses y este, ni uno solo. Con suerte hemos conseguido mantener los huevos. La cantidad final de kilos que repartimos se mantiene porque hemos aumentado la de fruta, que proviene de un programa estatal gratuito. Pero es verdad que la dieta se ha empobrecido”, asume.
NUEVA LEY Y GRAN RECOGIDA
La ley contra el desperdicio alimentario, aprobada el pasado mes de junio y que previsiblemente entrará en vigor en enero, se vislumbra en el horizonte como “un arma de doble filo”. “Es positivo porque obliga a las empresas a no tirar los alimentos y los Bancos somos los primeros destinatarios. Por otro lado, habrá que ver si eso no provoca que las empresas ajusten tanto tanto la producción que no haya ningún tipo de excedente”.
En medio de todo esto, el Banco se encuentra ya inmerso en la organización de la Gran Recogida del mes que viene. “Va a ser mixta. Aunque para nosotros es mejor que nos donen dinero, porque evitas mucho esfuerzo logístico y te permite comprar los alimentos que necesitas en cada momento, todavía hay mucha gente que es reticente a donar dinero”, lamenta. En el último llamamiento extraordinario que hicieron, en verano, lograron recaudar 80.000 euros. “Pese a todo, la gente responde y esperamos que siga siendo así”.
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