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Verano

Así son las vacaciones en los campings de Navarra

La palabra descanso para algunos suena a paseos por el monte, a ver las estrellas por la noche, a bañarse en una piscina, a esterillas y a hornillos. Para algunos la palabra descanso y vacaciones suenan a camping

  • Miguel Cebrián
Publicado el 24/07/2022 a las 06:00
Ana Beriáin, presidenta de la Federación Española de Campings, cree que para que algo se considere un camping ha de reunir unos requisitos fundamentales. En primer lugar, tiene que ser un alojamiento turístico donde se cree una experiencia de ocio en la naturaleza. En él, tiene que haber espacio para las familias y los amigos y, lo más importante de todo, para que sea un camping tiene que predominar la libertad. En Navarra hay una veintena de campings. En ellos están aquellos que eligen disfrutar de una experiencia cómoda y natural. Durante la pandemia el número de personas en los campings disminuyó. Ahora, pasados dos años, el número de campistas son prácticamente iguales a los de 2019.
Este es el recorrido por dos de ellos: Aritzaleku, en el embalse de Alloz; e Izarpe, en el valle de Atez.
ARITZALEKU
Si uno aguza la mirada, pueden verse algunos barcos de la Escuela Navarra de Vela surcando las aguas del embalse de Alloz desde dentro de la cabaña de recepción del camping. Dentro de ella hay un chico joven pasando la escoba. Fuera, un calor sofocante, por encima de los 30 grados. Justo delante de él, el moño de una chica joven sobresale del mostrador. Está hablando en francés con una niña y un niño pequeños. Ambos tienen el pelo mojado y llevan bañadores de un color azul turquesa parecido al de las aguas del embalse. Uno de ellos le dice el número de su parcela a la chica. Son unos clientes de Francia que han venido a pasar unos días. No obstante, como asegura Ana Beriáin, el número de extranjeros ha disminuido un poco con respecto a los datos de 2019, aunque las previsiones sobre el número total de clientes son similares a las de hace tres años.
Justo en frente de los chicos de la recepción, cerca de una de las ventanas de la cabaña, hay un stand lleno de folletos turísticos que promocionan diversas actividades que dan a conocer zonas de Navarra: desde la Ribera hasta los Pirineos. Desde esa ventana pueden verse algunas casetas y caravanas del camping y también se entrevén las aguas del embalse . La imagen parece extraída de uno de los folletos.
En la cabaña también se encuentra Gonzalo Aristu hablando con un cliente. No es el primero que atiende esta mañana. Lleva 26 años siendo el encargado del camping de Aritzaleku. Para él, los números de facturación están siendo similares a los de 2019, el 85% de sus clientes son familias. En su caso, si lo compara con otros años, no nota una gran diferencia en el número de personas extranjeras que este año están viniendo al camping. “La mayoría de personas que vienen de fuera son francesas u holandesas”, explica. Lleva mucho tiempo siendo encargado de Aritzaleku y miles de personas de todo tipo han pasado por sus parcelas. Este año no iba a ser diferente.
Alain Díez Merino ha venido a pasar unos cuantos días a Aritzaleku junto a unos viejos amigos. Ellos han viajado por todo el mundo, pero era la primera vez que pisaban un camping navarro. Se encuentran tomando algo en la cafetería, justo en frente de la piscina. Alain es profesor de batería en la escuela de música Drumgorri y había conocido a Álvaro Peña en Tanzania. Con una temperatura similar bajo la que se conocieron, Álvaro toma el café que se ha pedido en la cabaña del bar. Delante de él y sentado a la derecha de Alain está Sergio Padilla, una persona con la que Alain ha entablado amistad gracias a una parada de bus en Basauri, su hogar, donde ambos coincidían habitualmente. Padilla toca la guitarra en un grupo llamado Jaimones y también ha explorado África. A su izquierda está sentado Mikel Sáenz que, con 21 años, ya ha vivido aventuras en la isla de Man o, como él dice: “En la isla donde los gatos no tienen rabo”. Hacía tiempo que no se veían y el camping de Aritzaleku les ha dado la oportunidad de reunirse. Álvaro vive en Indonesia junto a su mujer australiana y su hijo. Es doctor en Biología Molecular y Genética y ha encontrado trabajo en el país asiático como profesor de ciencias. Alain ha dejado de lado, por el momento, sus andaduras por el mundo y tiene en mente distintos proyectos musicales. Padilla es actualmente profesor de Formación Profesional en Basauri. Encontraron el camping de Aritzaleku casi por casualidad. Para ellos, era más que suficiente que estuviera en la naturaleza y que tuviera el embalse cerca. Solo necesitaban un sitio en el que poder recordar.
Un poco más adelante, cerca de la cafetería en la que charlaban Alain y sus amigos, se encuentra Roser Berenguer paseando junto a sus dos hijas en uno de los caminos que dividen las parcelas. Habían llegado al camping de Alloz el domingo desde su hogar en Barcelona y planea quedarse allí dos semanas. No es la primera vez que se aloja en un camping de Navarra. “Hace un tiempo fui a un camping en Irati. Aunque todavía no estaban estas dos”, dice entre risas señalando a sus hijas. Ellas siguen a su madre montadas cada una en un patinete. Una de ellas es muy pequeña y todavía no sabe cómo frenar, por lo que no para de chocarse con todo lo que encuentra. Antes de venir a Aritzaleku, ha estado investigando distintos campings en Navarra. Este le había llamado la atención porque, según ella, tenía de todo. “Además, no está muy masificado”, argumenta. “Otro motivo importante por el cual hemos escogido este camping es porque se admiten perros”, revela. Planeaba investigar un poco la zona durante estos días. Le encanta la montaña y anda en busca de rutas para hacer con sus hijas. “Aunque con este calor todo es más complicado”, confiesa.
Localización de los campings en Navarra
Localización de los campings en NavarraDN
Aunque, según Ana Beriáin, la estancia media de una persona de Navarra en un camping es de cuatro días, hay personas que reservan una de las parcelas durante bastante tiempo. Como es el caso de María. Ella cuelga la ropa en el jardín de enfrente de su caravana mientras su nieta Ayala hace pulseras junto a su abuelo. Tiene pensado venderlas cuando las termine. No se aburre.“No sabes lo que le gusta a esta chica ir por el camping montada en la bici”, dice María. Ayala se sonroja. Son de Olite y han mantenido su parcela desde que se creó Aritzaleku hace 26 años. Quieren quedarse durante todo el verano. “Me encanta el entorno. Eso de tener el embalse tan cerca está genial”, constata María. El matrimonio es asiduo del camping aún incluso con la pandemia. “Aquí nos alejamos del gentío”, revela María. A escasas parcelas de su tienda están Koldo Fernández y Estíbaliz Valle sentados a la sombra. Ambos viven en Barakaldo y este es su octavo año viniendo al camping. Tienen suerte de haber encontrado una sección concreta del campamento en la que, a estas horas de la mañana, todavía no incide el sol. Les acompañan Diego y Niobe, haciendo las tareas de verano que les han mandado desde la ikastola. A ellos lo que más les gusta de Aritzaleku es la piscina. “Hay una cascada que tira un montón de agua”, dice Diego asombrado. Llegaron el 12 de julio y pretenden quedarse durante bastante tiempo más. La impaciencia de Diego y Niobe por terminar sus tareas aumenta según pasa gente en bañador dirigiéndose a la piscina. “Cuando antes las terminéis, antes podéis ir”, les dice a los dos Estíbaliz.
IZARPE
A unos sesenta kilómetros de Aritzaleku, una caravana con matrícula francesa accede a la propiedad del camping de Izarpe con lentitud. Se queda parada en el parking, cerca de un gallinero. De ella baja una mujer rubia vestida con un mono verde y una camiseta gris. No es de aquí pero saluda en castellano al entrar en recepción. Dentro le devuelve el saludo Alfonso Serrano, gerente del camping desde su creación hace escasos cinco años. La chica avisa de que tiene una reserva y quiere saber dónde puede aparcar su caravana. El camping tiene 106 parcelas y ofrece distintos servicios de asentamiento, desde cabañas hasta pods (pequeñas cabañas con esquinas redondeadas). Los precios varían según la temporada que sea (ahora en temporada alta, entre 12 y 50 euros). Fuera empieza a soplar el viento y Serrano solo quiere salir un momento para poder sentirlo . La noche anterior la ha pasado prácticamente en vela debido al calor extremo y, que corriera un poco el aire, resulta una bendición para él y para sus clientes. El camping está pasando por un buen momento. Durante el resto del año, las personas que vienen al camping entre semana son sobre todo personas jubiladas y, ahora con el verano, Izarpe se llena con las oleadas de familias, siendo la mayoría de ellas extranjeras.“No he notado que en ningún momento haya habido una disminución del número de extranjeros, al contrario; creo que han aumentado.”, explica el encargado. Según Serrano, los españoles que no viven en Navarra provienen sobre todo de Cataluña y de Madrid. La mayoría de su clientes se queda entre una y dos semanas. Aunque hay de todo.
Eric Langendoen está descamisado bajo un toldo gris y aún así lleva puesto un sombrero de paja y unas gafas de sol. El zarandeo de su tienda de campaña demuestra que sigue soplando el viento, aunque todavía valora el calor como “considerable”. Está sentado leyendo un libro. Él y su novia, Marieke van Wamel, han venido a España desde Holanda porque quieren explorar la zona norte del país. Antes de llegar a Izarpe, han pasado por San Sebastián, Bilbao e incluso Cantabria, donde han podido visitar las cuevas de Altamira. De todos los métodos de alojamiento posibles, escogieron el camping porque estaba cerca de Pamplona y porque es más económico que un hotel.
Justo debajo de la parcela de la pareja holandesa está Patricia Vidal acompañada por varios miembros de su familia y conocidos. Todos vienen de Tolosa y, aunque les encanta, hacía tiempo que no iban de camping. Un anuncio en redes sociales les ha traído a Izarpe. En un primer momento tenían pensado alquilar uno de los pods, pero terminaron conformándose con una parcela a escasos metros de la recepción. Arantzazu Madrazo también es de Gipuzkoa . Ella, su marido y sus dos hijos son considerados asiduos de Izarpe. Hace más de un año que arrendan una parcela. “Los niños se lo pasan genial correteando por aquí”, explica Arantzazu. Les encanta la montaña y suelen darse paseos por los prados y montes cercanos al valle de Ulzama. Un plan más tranquilo tiene Aintzane Larumbe, después de merendar, se baña con su hijo en la piscina. Ella y su familia son conocidas por Serrano ya que, desde enero, vienen aquí de continuo. Entusiastas de la naturaleza, vieron Izarpe por redes sociales y decidieron salir a la aventura. Desde entonces no han parado de venir. A Aintzane le gusta lo familiar que es y por lo bien que se come.
El sol se esconde un momento entre unas nubes grises. Parece que va a llover. A los que están en la piscina no parece importarles. Los holandeses siguen leyendo y el hijo de Arantzazu ha dejado de llorar. Serrano vuelve a la recepción. Una caravana cruza el parking. Tienen una reserva.
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