Sector agrario
Los Estenaga, 3 generaciones por el camino de San Isidro en Espronceda
Hoy, San Isidro Labrador, las familias con varias generaciones de agricultores y ganaderos son una rara avis incluso en el mundo rural. Jesús Estenaga y sus hijos, Iosu y Ion y su nieto Martín cuentan su vida entre cereal, forraje, ovejas y vacas en un pueblo de Tierra Estella


Actualizado el 15/05/2022 a las 11:34
Espronceda , 15 de mayo de 1960. Jesús Estenaga Los Arcos es un niño de pantalones cortos, en una Navarra todavía en blanco y negro, que se prepara para ir a la misa y procesión de San Isidro Labrador. Fiesta grande en este pueblo de Tierra Estella, donde entonces la vida bullía ajena a los estratos de una incipiente despoblación. Con sus calles de piedra y arena, Espronceda acogía aquel año a 410 habitantes, casi todos de familia agricultora. Los niños crecían alimentados con leche de las cuatro o cinco cabras “que todas las casas tenían” y que el dulero - una suerte de pastor al servicio de todo el pueblo- sacaba en manada a pastar al comunal mientras el resto de los vecinos trabajaba. Había sereno, molinero y hasta dos herreros. Ese día, fiesta grande, los 40 chicos y 30 chicas que estudiaban en la escuela del pueblo aparcaban los libros. Jesús los guardaba con especial agrado porque, en aquella época, ya había tirado de la mula para labrar él solo todas las viñas de su padre.
Pero ni esa señal ni las horas que pasaba con las ovejas que su tío guardaba en el establo sito en los bajos de la casa familiar, hicieron desistir a sus padres - Jesús Estenaga Díaz de Cerio y Esther Los Arcos Bujanda- de mandarlo a los Escolapios a Pamplona. Era el mayor de sus cinco hijos - tres varones y dos mujeres- y, en aquella época, los estudios y la ciudad se entendían como la única forma de progresar en la vida. “Lo pasé fatal. Echaba de menos mi pueblo. Al final, mis padres entendieron que quería dedicarme al campo, a los animales”, recuerda ahora, a sus 72 años, con la emoción que embarga rememorar la infancia.
Quizá San Isidro sabía su vocación y que, un día no muy lejano, Jesús debía ejercer de cabeza de familia. Su padre falleció cuando él cumplió 22 años. “Mis cuatro hermanos pudieron estudiar. Son todos profesores”, cuenta con el orgullo de quien se sabe partícipe de un éxito. Jesús se casó con Purificación Sos Ortigosa, de Etayo, a la que conoció en las fiestas de Espronceda. “Le pregunté si quería bailar conmigo y llevamos 43 años juntos o más”, comenta con una sonrisa. Ella era enfermera en Estella, así que compraron un piso en la ciudad del Ega, pero Jesús se pasaba el día entero por su pueblo.
CABALLOS Y BRAVO
Las viñas y los olivos de su padre fueron, poco a poco, desapareciendo. “Antes de morir, había vendido las ovejas de la casa y comprado el primer tractor de Espronceda. La gente le decía que a dónde iba, que se iba a matar, que los terrenos del pueblo no eran para un tractor. ¡Menuda novedad!”
Jesús se centró en cultivar cereal, forraje y, sobre todo, en los animales. Primero, fueron caballos de aptitud cárnica y ovejas. Y luego, reses bravas, con las que ha recorrido casi toda Navarra y País Vasco. Sus vaquillas han protagonizado hasta las fiestas de la Virgen Blanca de Vitoria. “Lo de las vacas fue por casualidad. Un amigo de Orozco (Vizcaya) me empezó a comprar forraje para sus reses bravas. Luego, le quitaron los pastos y trajo las vacas a los míos. Con los años, me vendió 60 vacas y, como ya me había familiarizado con el manejo... Además, me había picado el gusanillo de ir a los pueblos, el mundo de la farándula como le llama mi mujer”.
El matrimonio tuvo dos hijos: Ion, nacido en 1980, y Iosu, en 1983. “A los dos, desde pequeños, les tocó ayudar en las labores del campo, con los fardos para las vacas, pero nunca pensé que los dos se acabarían dedicando también a la agricultura y a la ganadería”, confiesa Jesús.
El patriarca reconoce que hoy es inusual, incluso extraño, cuando quedan menos de 2.000 agricultores a título principal en Navarra, encontrar familias donde todos los hijos sean también agricultores y ganaderos. “Si ellos no hubieran seguido la tradición del campo me hubiera visto obligado a vender , como han hecho otros”.
Jesús acumula 54 años a la Seguridad Social pero aún no piensa cortarse la coleta. Se dedica a la compra de potros por el norte que luego vende a una empresa de Castellón que los engorda para obtener carne. En ese momento de la conversación , irrumpe su mujer en la estancia.
- “Hemos hablado de ti, de cómo nos conocimos”, le comenta un precavido Jesús a Purificación.
- “Mi tío de Murieta me decía cuando éramos novios: ‘¿A dónde vas hija a Espronceda? Si por ese valle de Lónguida no ha pasado Dios ni de corrida’. Hace años que dejamos Estella y nos vinimos a vivir al pueblo. Hoy ni loca iría a la ciudad. La calidad de vida que tengo no la cambio por nada”, responde tajante.
CUENTANOS A LA HORA DE CENAR
Su hijo Iosu toma el relevo de la narración. Cuenta que, de niño, cuando vivían en Estella, esperaba impaciente que su padre llegara a la noche del pueblo para que, durante la cena, les pusiera al tanto de las historias del campo. “Nos explicaba todo como si fuera un cuento, con paciencia y pasión: que si un toro había embestido a otro, que si se había roto la cosechadora y habían montado la dirección del revés. Todo nos parecía emocionante”.
Purificación admite su empeño porque los dos hijos estudiaran. “Les decía que esto (en alusión al campo y al ganado) ya lo tenían, que estudiaran, pero era lo que ellos querían”, apunta. Tras terminar el Bachiller, Ion cursó un FP superior de mecanizado y Iosu empezó otro de informática. “Les ha venido muy bien, porque Ion entiende de maquinaria y Iosu, con todos los trámites que hacen...”, añade la madre.
Iosu zanja el tema: “Si mamas esto desde pequeño lo interiorizas”. Su empresa se centra en cereal y forraje, unas 300 hectáreas, más una granja de 60 yeguas de aptitud cárnica. Mientras, el otro hermano, Ion, se dedica a las ovejas y a las reses bravas. Cada uno de los tres -padre e hijos- gestiona su propio negocio, pero los tres se apoyan y suman fuerzas.
“La idea de que el hijo que no sirve para estudiar tiene que ir al campo nunca se ha correspondido con la realidad. En mi caso, estudié pero el campo era lo que me hacía feliz. Somos multioficios. Sabemos hacer mil cosas, desde arreglar el tractor, curar una vaca, dominamos los papeleos y las oficinas virtuales, sabemos de leyes, cuidamos el medio ambiente, damos vida a los pueblos...”, comenta Ion, que ve con agrado que su hijo Martín, de apenas 6 años y fruto de su matrimonio con Elsa Valencia Lara, sienta fascinación por los tractores y toda la maquinaria agrícola. “Un amigo de clase dice que quiere ser futbolista, pero ya he dicho que voy a ser agricultor ingeniero agrónomo”, cuenta el pequeño con desparpajo al escuchar cómo su padre, su tío y su abuelo le conceden protagonismo en la entrevista.
Para Iosu, soltero y vocal del sindicato Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra (UAGN), dedicarse al campo en estos tiempos tiene algo de “superhéroe”. “Nuestra misión es alimentar a la sociedad y, para ello, tenemos que superar muchos desafíos, zancadillas y problemas que nos van poniendo desde la administración”, detalla. Critica que los dirigentes políticos han pervertido la esencia de la Política Agraria Comunitaria (PAC), que sus continuas exigencias medioambientales reman en contra de la pervivencia de la profesión y la empujan hacia su extinción. “La PAC nació para ofrecer alimentos a precios asequibles a los ciudadanos y garantizar un nivel de vida equitativo a la población agrícola, pero se ha vuelto en contra de los agricultores. ¿Ya se dan cuenta los políticos de lo que están haciendo?”, pregunta de manera retórica .
UN FUTURO INCIERTO POR ESCRIBIR
Con sus palabras, Iosu se refiere a que los navarros “comen cada día más carne, verduras y frutas importados”, producidos en países terceros, africanos o sudamericanos, donde no se les exige “ni de lejos” las rigurosas medidas medioambientales que les piden a los productores europeos. “De los políticos depende que seamos más o menos agricultores el día de mañana”.
Espronceda cuenta hoy con 100 habitantes. Iosu y Ion son los dos únicos jóvenes agricultores y ganaderos profesionales. “En Los Arcos y en Viana habrá otros tres o cuatro jóvenes. Ver a jóvenes que se quieren incorporar me hace ser optimista dentro de la situación difícil que vivimos”, detalla. Siente rabia. Sostiene que el sector tiene futuro. “Bill Gates está comprando tierras y es uno de los pioneros en potenciar la carne sintética, que nos quieren imponer con la excusa de que las vacas contaminan, cuando la huella de carbono para hacer esas carnes que no son carnes, es mucho mayor. Si la gente poderosa compra tierra es porque la alimentación va a ser lo más importante dentro de unos años. Es así de claro”.
El padre, Jesús, escucha atento a su hijo. No se resiste:
-“En mi época con 300 robadas de cereal era la finca más grande de la zona y vivía una familia entera. Ahora mi hijo lleva unas 3.000 robadas y ganado y andas mal para sacar rentabilidad. La burocracia nos está comiendo. Es una pena”, apunta.
El pequeño Martín sigue rondando por la estancia. Impaciente, espera la foto con su tractor de juguete.
-“La agricultura ha cambiado mucho. Cuando empecé, trabajábamos con mulas, íbamos a segar con la hoz y en verano se traía la mies a la era y con la trilladora se sacaba el grano. Ahora, mis hijos se montan en una cosechadora, que se está mejor que en una sala de fiesta. Yo no creía que se iba a llegar esto. No creo que esto pueda avanzar mucho más. ¿Qué? ¿Van a ir un día las cosechadoras solas?
-“Sí, papá, irán solas”, le responde su hijo Iosu en un tono condescendiente.
- “Bueno, bueno... Por la carretera, no creo”, insiste el abuelo de Martín. Jesús, como todos los abuelos, desea que el día de mañana su nieto sea, ante todo, feliz .
De momento, hoy, domingo, la familia Estenaga asistirá a la misa y procesión de San Isidro por las ‘orillas’ del pueblo para pedir al cielo que evite tormentas con granizo. Espronceda, 15 de mayo de 2022.