Sáhara Occidental
Mila, la niña saharaui de pantalones rojos
En noviembre de 1997, Diario de Navarra viajó a los campamentos de refugiados saharauis y tomó esta fotografía. Hoy, 25 años después, una de esas niñas relata la historia que hay detrás


Actualizado el 03/04/2022 a las 08:08
Mila Mohamed Salem descubrió el 17 de marzo que existe una fotografía de su infancia en plena hamada argelina. Era ella, sin duda, con 8 o 9 años, unos meses antes de volar a España con una familia de acogida. Pero ¿qué hacía en una imagen de Twitter jugando a la cuerda con sus amigas y primas? Hoy, con 32 años, Mila se acuerda perfectamente de aquel momento en los campamentos de refugiados saharauis. Aparece al fondo de la imagen, con pantalones rojos, incorporándose al grupo. Diario de Navarra publicó este instante cotidiano en noviembre de 1997 tras visitar a los niños y niñas que en julio y agosto de ese año disfrutaron en Navarra de unas vacaciones en paz.
Este periódico viajó tras la estela de los recuerdos y encontró diez de ellos en la escuela Valencia de Asmara. Allí estaban junto a dos de sus profesores de castellano, Nama Zein Buda y Hamada Abeidi Hamdi, quienes aseguraron que aquel verano de 1997 fue una experiencia vital. “Son niños que han nacido en campamentos de refugiados y nunca habían visto un árbol, un grifo o un televisor hasta llegar a Navarra”, explicaron. “Y han vuelto fuertes, con una educación diferente”.
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Aunque muy delgados, los niños y niñas saharauis estaban en buen estado de salud. Sus padres también contaban que el programa “Vacaciones en Paz” había constituido un paréntesis en la vida dura y austera de los campos. Un oasis. Un adaptarse a unos zapatos nuevos, a una ducha detrás de otra, a tres comidas al día, a las continuas revisiones médicas. Aunque las comodidades solo duraron dos meses, el recuerdo de los amigos, la bicicleta, la piscina y los abrazos lo serían para siempre. Y los 104 niños saharauis que visitaron Navarra se aferraron a esos recuerdos. “De donde venimos, dijeron a sus amigos al regresar a la hamada, existen colegios con una mesa para cada niño, campos de deporte, baños, grifos con agua y árboles en el patio”. Y en medio de la estrechez y la dureza del olvido, este periódico tropezó con el juego de la cuerda. Han transcurrido 25 años.
Horas después de hacerse público el giro histórico en la postura española sobre el conflicto del Sáhara, Mila se topó con su pasado. “¿Tienes mas fotos? ¡Estoy flipando... es mi generación, de hecho estoy disimuladamente en la foto! ¡Gracias, de antemano!”, reaccionó.
Así empezó todo. A partir de ahora es ella quien escribe en primera persona, tomando como punto de partida la última fotografía de su infancia. Mila es doctora en Filología y Traducción en Sevilla, donde vive y trabaja en la actualidad como profesora en la Universidad Pablo de Olavide.
Mila Mohamed Salem: “Esta imagen quizá sea uno de mis últimos recuerdos de infancia de los campamentos”
Año 1997. Campamento de Refugiados Saharauis de Auserd (Daira Birganduz). A la salida del Colegio de Primaria “Madrid”. A lo lejos se acerca una niña con pantalones rojos decidida a incorporarse al “juego de la cuerda”. Es la misma niña que hoy redacta estas palabras entre alegría, rabia e impotencia. Alegría por recordar el momento de juego con mis amigas y amigos, todos generación de los noventa. Rabia por las duras circunstancias de vida que nos tocó vivir como refugiados en uno de los desiertos más inhóspitos del mundo - en plena hamada argelina - circunstancias que hoy día, siguen viviendo más de 170.000 personas, soportando unas severas condiciones climatológicas y escasez de alimentos, medicamentos, agua, etc. situación que se ha agravado, más si cabe, con las últimas crisis económicas y sanitarias mundiales. Y mucha impotencia porque después de 46 años, la situación del pueblo saharaui no solamente sigue sin ninguna solución, sino que parece complicarse aun más debido a las actuaciones ilegales de algunos líderes occidentales: como es el caso actual de la vergonzosa carta secreta que envía el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, al sátrapa rey alauita Mohamed VI.
En la fotografía de Diario de Navarra nos encontramos un grupo de niñas y niños jugando al “juego de la cuerda”. La niñas que saltan tan alto se llama Layla, una de las que sujeta la cuerda: Mahyouba, luego está mi prima Faty, mi gran amiga y vecina Mouna, también reconozco a la compañera de clase América y otra prima que se llama Darsy (las únicas dos que parecen haberse percatado de la cámara y la miran con curiosidad), mi vecino Hammudi, etc. Esta escena se repetía diariamente, éramos unos niños felices a pesar de todo que sabíamos disfrutar con muy poco. Llenos de creatividad y energía. Nuestro día a día consistía en levantarnos, desayunar lo que había (a veces nada), colocarnos la mochila e ir al cole - la escolarización fue siempre obligatoria y una tarea prioritaria del Frente Polisario y de la sociedad saharaui - y al salir de clase dedicábamos la mayor parte al juego.
Esta imagen quizá sea uno de mis últimos recuerdos de infancia de los campamentos. Ese mismo verano me vine para Sevilla con una familia de acogida. Continué mis estudios en un colegio sevillano, aunque volví a los campamentos para pasar un tiempo allí. Y volví a coincidir con mis amigas de la foto. Fue en el año 2002. Ya estábamos en sexto de Primaria y el colegio que nos correspondía era el “12 de Octubre”, un centro para internos en medio del desierto. Éramos preadolescentes, y como estábamos internas, vivimos muy intensamente cada momento. Para el curso siguiente, en Secundaria, de alguna manera nos separamos para siempre. Algunas continuaron sus estudios en Libia - estudios que nunca completaron, ya que, en 2011 fueron evacuadas por el estallido de la crisis libia - otras fueron destinadas a Argelia, por suerte sí pudieron completar sus estudios. Yo, la niña de pantalón rojo, regresé a Sevilla en 2003, continué mis estudios de bachillerato, licenciatura, máster y el doctorado.
Aquellas niñas de la fotografía hoy son mujeres de unos 30 años. Las que residen en los campamentos están casadas y con hijos: Layla, Mouna tiene 4 hijas, Mahyouba 3 hijos, a América le perdí la pista desde casi el instante de la fotografía. Mis primas, Faty y Darsy, tuvieron la suerte de venir a España y continuar sus estudios. Faty trabaja como abogada y vive en Almería.
ABOCADOS A LA EXTINCIÓN
El pueblo saharaui es un pueblo unido, a pesar de la separación física y geográfica de estos 46 años. Tras la Marcha verde, un buen número de saharauis se quedó resistiendo en los territorios ocupados por la monarquía feudal de Marruecos. Han vivido y viven bajo torturas, desapariciones forzadas, ausencia total de derechos humanos, en cárceles secretas marroquíes, en donde se les practican las más crueles torturas físicas y psicológicas por parte del sistema de represión del majzén. Viven sin libertad, sin libertad de expresión, de manifestación, de reunión… Miles de activistas y periodistas son detenidos diariamente, torturados, encarcelados y asesinados. Por todos es conocido el caso de Sultana Khaya o el de Aminatu Haydar.
Al otro lado del “Muro de la Vergüenza” (2.700Km de largo, todo ello repleto de soldados marroquíes y de minas) están los territorios liberados, hoy con escasa población civil, ya que fueron evacuados tras el estallido de la guerra el 13 de noviembre de 2020, cuando Marruecos rompió el acuerdo del alto al fuego de 1991. Por otro lado, en el sur de Argelia, en la zona de Tindouf, se encuentran los campamentos de refugiados saharauis, donde viven o más bien sobreviven la mayor parte de la población y el escenario de esta foto.
Los saharauis tenemos muy buena memoria, primero para nunca olvidar nuestra historia y nuestros orígenes. Para no olvidar que mi abuela Ambarka huyó de las bombas, del napalm y del fósforo blanco con el que rociaron los marroquíes a los civiles saharauis que huían buscando asilo en Argelia. Para no olvidar que mi madre llegó a los campos de refugiados con apenas 15 años. Allí nacimos y crecimos mis 7 hermanos y yo, y mis 7 sobrinos. Para no olvidar ni perdonar que mi abuela falleció derrotada, cansada y castigada por el clima del desierto, aunque eso sí, nunca perdió la esperanza de volver a su Sáhara libre.
La sociedad saharaui, además, cuenta con una juventud muy preparada y políglota. Nuestras madres se sacrificaron y mucho al mandarnos, bien pequeños, a estudiar y a prepararnos en el extranjero. Es por esto que un gran número de saharauis nos encontremos en la diáspora repartidos por cada rincón del mundo. Somos un pueblo que no olvida ni perdona, y la última actuación del presidente Pedro Sánchez solo ha hecho aumentar más si cabe mi rabia e impotencia.
¿COMO ME SIENTO?
Me siento engañada, pisoteada, humillada y un sin fin de sentimientos que no tengo palabras para describir. La traición llevada a cabo con desfachatez por parte de Pedro Sánchez al pueblo saharaui ha sido la gota que ha colmado mi vaso de paciencia. Soy saharaui de origen, pero española de iure. Me siento vinculada con España, donde crecí y me formé, tengo derecho a voto como otros miles de saharauis que tienen nacionalidad española. El intento de venta secreto de Sánchez del Sáhara Occidental me deja desamparada, ya no como saharaui o española, sino como ciudadana del mundo. Con este acto, se está saltando la legalidad internacional y las numerosas resoluciones de Naciones Unidas, donde se recoge en cada una de ellas, que el destino de los saharauis solo lo pueden decidir los saharauis mediante un referéndum de autodeterminación. Lo que plantea Pedro Sánchez en su oferta canalla al Rey alauita es justo lo que siempre ha querido este autócrata: la autonomía de el Sáhara dentro de Marruecos.
Me siento desamparada e insegura porque de ser esta la solución impuesta, nos estarían abocando al exterminio. El pueblo saharaui jamás será libre ni perduraría bajo control de un sátrapa que arroja a sus propios niños al mar como modo de chantaje a España.
Me quedo también con la tranquilidad y esperanza de que todas estas ofertas en papel mojado jamás podrán triunfar ante la legalidad internacional. Me quedo con el apoyo recibido de la fiel población española en masa diciéndole al traidor de Pedro Sánchez: ¡No en mi nombre! Y me quedo con la contundencia y fortaleza que caracteriza a mi pueblo, al pueblo saharaui, cuando aclama: ¡Solo el pueblo saharaui decide su destino! A la República Árabe Saharaui Democrática - el Frente Polisario - y la población saharaui nos ampara nuestra dignidad, nuestra lucha incansable por nuestra justa causa y, sobre todo, nuestro respeto paciente por la legalidad internacional.