El Rincón

Un compromiso y el juego a dos bandas

El PSOE juega a todas las bandas a la vez con Bildu y los presos, lo que deja su credibilidad a cero

El socialista Ramón Alzórriz habla con Adolfo Araiz (EH Bildu) en el Parlamento, mientras Uxue Barkos (Geroa Bai) pasa a su lado
AmpliarAmpliar
El socialista Ramón Alzórriz habla con Adolfo Araiz (EH Bildu) en el Parlamento, mientras Uxue Barkos (Geroa Bai) pasa a su lado
El socialista Ramón Alzórriz habla con Adolfo Araiz (EH Bildu) en el Parlamento, mientras Uxue Barkos (Geroa Bai) pasa a su lado

CerrarCerrar

Miguel Ángel Riezu

Publicado el 13/02/2022 a las 06:00

Poco a poco van saliendo a la luz más cartas de la partida. En este caso, los cinco acuerdos de UPN con el Gobierno del PSOE para apoyar la reforma laboral. A los ya sabidos sobre Pamplona, se suma un compromiso singular y de calado político. El de que el Gobierno de España se comprometía a un cambio en la ley de víctimas del terrorismo para terminar con los ‘ongi etorris’, los recibimientos públicos a los presos de ETA que tanto dolor y repulsa social generan. Se trata de un gesto de justicia para con las víctimas ‘arrancado’ al PSOE en esta negociación, por mucho que los socialistas hubieran dicho que lo iban a hacer. Un cambio que no estaba en el calendario legislativo y que UPN quiso atar para este mismo periodo de sesiones.

Un acuerdo incómodo para el PSOE que era seguro que iba a levantar sarpullidos en Bildu, uno de los socios estratégicos de Sánchez en Madrid y de Chivite en Pamplona. ¿Capaz de hacer romper una dinámica política como la que ata al PSOE y Bildu? Seguro que no. ¿Capaz de generar dudas y grietas entre los nacionalistas sobre la fiabilidad de sus socios y su estrategia? Seguro que sí.

Los nacionalistas, mosqueados. Y es que, de hecho, el mundo nacionalista se ha puesto muy nervioso con el acuerdo PSOE-UPN. Ha horadado su confianza en los socialistas, ese intangible tan difícil de conseguir como rápido de perder. No hay más que ver las reacciones públicas estos días de Geroa Bai, a través de Uxue Barkos, y de la propia izquierda abertzale de Bildu.

Sobre todo por el movimiento de fichas en Pamplona que marcó el pacto de la reforma laboral. Porque es en la capital navarra, el centro de poder de UPN y Navarra Suma, donde el nacionalismo tiene a Enrique Maya como el gran enemigo a doblegar. Venga a cuento o no, que lo mismo les da. El caso es desgastar al alcalde, esa es la estrategia evidente. Y para eso necesitan el concurso de los socialistas. El ver que esta entente se ha agrietado por parte del PSN les ha provocado a Geroa y a Bildu una urticaria indisimulada. Como remate, los socialistas se han quedado muy incómodos tras el ridículo hecho, que demostraba que estaban dispuestos a que Maya dejara de ser reprobado por unas declaraciones sobre menas a cambio de la reforma laboral. ¿En qué quedamos? ¿Ahora te repruebo, ahora no?

Pero sobre todo, el mundo nacionalista recela de ese acuerdo porque abre una brecha en la mayoría que sustenta al Gobierno foral.

El juego a dos bandas del PSOE. Hay que reconocer que también hay motivos para esta desconfianza entre los que hoy son socios. La realidad del PSOE de Pedro Sánchez es que juega a todas las bandas a la vez, traspasando además todas las líneas rojas, y eso reduce a cero su credibilidad.

El conocimiento esta semana, y con todo lujo de detalles, de los contactos entre el hombre fuerte de Marlaska en prisiones y el entorno de los presos para planificar sus beneficios penitenciarios ya en 2019 es un escándalo mayúsculo. Porque pone negro sobre blanco que el apoyo de Bildu al PSOE, por mucho que se predique lo contrario, tiene trastienda. Y que los precios políticos de los acuerdos presupuestarios se saldan sin luz ni taquígrafos, pero son reales. Una sospecha generalizada pero que un informe de la propia Guardia Civil deja al descubierto.

Comité de Disciplina y contención. Por el otro lado, en la crisis abierta en UPN, ya hay posición del Comité de Disciplina. Y se aprecia un esfuerzo de contención. Ha pasado de pedirse una expulsión pura y dura de los dos diputados rebeldes a que el Comité de Disciplina proponga dos años y medio de suspensión de militancia. Que no es lo mismo, aunque para Adanero y Sayas siga siendo injusto.

Seguro que existen razones jurídicas para que el Comité haya decidido ir sobre seguro y no pedir el máximo castigo posible en una cuestión que ya está anunciado que acabará en los tribunales. Pero también hay quien aprecia voluntad interna en estos días de restañar las heridas internas cuantos antes. Con una operación quirúrgica más que con una sangría. Esa suele ser una posición inteligente en política. Rapidez en la solución y control de los daños.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora