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La otra mirada

Irene Guede, creadora de contenido: “He descubierto historias impactantes detrás del vino”

Es La Chica de la Garnacha, una comunicadora especializada en cultura vitivinícola. Empezó agrónomos, pero el cine le arrolló. Fue editora de vídeo en Las Azores, hasta que unos holandeses fueron creando a la contadora de historias que ahora es, una chica consagrada a la intrahistoria del vino

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Irene Guede, La Chica de la Garnacha, con una copa de un rosado navarro en las viñas, ahora desnudas, del SarioEDUARDO BUXENS
Publicado el 31/01/2022 a las 06:00
Defina su trabajo, para quien no conozca a La Chica de la Garnacha.
Pues creo contenido para el sector del vino. Puede ser material audiovisual, texto, foto... Contenido digital, básicamente.
¿La Chica de la Garnacha es su alter ego?
Se podría decir, sí. Se me hace raro que haya gente del mundo del vino que me reconozca más por este nombre que por Irene.
¿Cuándo nació cada una?
Pues Irene el 5 de marzo de 1983. La chica de la Garnacha nació en 2014.
¿Por qué esta marca?
No sé. Lo de chica es como muy navarro.
¿Sí?
Sí. La expresión, ‘ay, chica’. Yo creo que fuera de Navarra no se dice tanto. A mí me imitaban en Barcelona. El caso es que cuando me puse un nombre pensé en empezar con “la chica”. Y luego, la garnacha es la variedad que más me gusta, que mejor identifico y que, además, ha sido algo denostada en Navarra.
¿Y todo surge después de su paso por el Basque Culinary Center?
Sí. Cuando hice el máster en Sumillería y Enomarketing en el BCC ya había estado un año y medio o dos trabajando fuera en temas de vinos. En 2012 y 2013, sin ser La Chica de la Garnacha, yo estaba trabajando en Portugal, en la televisión de Las Azores.
¿Y qué hacía?
Editaba reportajes.
¿Y cómo llega allí?
Yo estudié Comunicación Audiovisual en Barcelona e hice un máster en producción y realización de cine. Empecé a trabajar en producción y también como profesora de producción. Y en 2010 me quedé sin trabajo. Monté una pequeña productora con una amiga, pero de repente fue como la nada, el vacío. No tenía trabajo. Y el caso es que siempre había querido tener una experiencia internacional. En aquel momento lo había dejado con una pareja y me sentía libre. “El mundo es mío”. Logré una beca para trabajar en algún punto de la Unión Europea.
Y se fue a Las Azores.
Sí. Yo creo que nadie quería ir allí. Yo sí. Estuve un mes haciendo un curso de portugués en São Miguel y después fui a la isla de Terceira a trabajar. Muy bien. La capital, Angra do Heroísmo, es un lugar monumental, patrimonio de la humanidad e importante comercialmente porque muchos de los barcos que iban de Europa a América paraban allí. Una ciudad increíble. Creo que es el año que más tranquila viví.
¿Y de allí?
Pues estando allí me contacta una amiga de Agrónomos. Tenía unos colegas holandeses que habían montado una tienda online de vinos y buscaban a alguien que les crease contenido, que les hiciese reportajes, que también tuviese conocimientos de vino... Implicaba viajar mucho, acompañarles por muchos sitios. El caso es que me hicieron las entrevistas y me cogieron.
¿Y qué hacía exactamente?
Pues era una tienda que vendía vinos de toda Europa y lo que les interesaba era no solo colocar el producto en su tienda, sino contar la historia de cada productor. Eran productores pequeños, cada uno con su historia.
¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza si oye la palabra “vino”?
Pueblos. Sitios pequeños con gente normal haciendo cosas con las manos. Porque también descubrí historias de personas que habían recuperado las viñas de sus abuelos. Durante los años 60 y 70 hubo un abandono del campo y a veces lo han recuperado las siguientes generaciones.
¿Cuál es la historia que más le ha conmovido en torno al vino?
Pues me impactó mucho una mujer en el Loira. Tenía más de 50 años, era matemática y había vivido en París. Su marido era de un pueblo del Loira. Se liaron la manta, dejaron París y comenzaron a hacer vino. Empaticé con ella porque en aquel momento yo vivía en París, una ciudad preciosa para visitar, pero horrible para vivir. Ella decía algo así como que en la vida es difícil dar con lo que a una le gusta. Ella lo encontró. Y hacían unos vinos increíbles.
¿Y usted está en ese punto de trabajar en lo que le gusta?
Sí. Yo sí. Había muchas historias de este tipo. Una pareja, en la que él dejaba su trabajo de broker para vivir con ella que vivía en un pueblo haciendo vino. Esas historias de personas que cambian su vida por hacer vino me hicieron ver que no era cualquier producto. Así que empecé a descubrir el vino por las historias de los demás. En mi familia nadie hace vino ni de cerca.
El vino, como toda bebida alcohólica, también tiene una cara oscura cuando el consumo es excesivo.
Pues sí. Hay que controlar. Precisamente por eso creo que hay que comunicarlo bien. Porque en cuanto empiezas a entender el trabajo y las personas que hay detrás, yo creo que te lo tomas de otra manera.

CUESTIONARIO PROUST

Un vino Uno que no haya probado
Un lugar Barcelona
Un libro sobre el vino Los ignorantes, de Étienne Davodeau
Un momento de su vida El nacimiento de mis hijos
Una película Cinema paradiso, de Giuseppe Tornatore
Música Silvia Pérez Cruz
Un plato Pasta al pesto
Un/a heterodoxo/a Ana Murillo (El retrogusto)

DNI

Irene Guede Arboniés (Pamplona, 1983) es licenciada en Comunicación Audiovisual, y máster en Producción y realización cinematográfica y en Sumillería y Enomarketing. Madre de mellizos, es una contadora de historias en torno al vino desde la marca La Chica de la Garnacha.

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