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Covid-19

David Ezpeleta Echávarri, neurólogo: “El covid persistente no existe y hay que hablar de síntomas posteriores”

El llamado ‘covid persistente’ o ‘covid crónico’, explica este especialista, es un diagnóstico equivocado

Ampliar El neurólogo David Ezpeleta, de 53 años, ayer por la mañana en las instalaciones del Hospital San Juan de Dios de Pamplona
El neurólogo David Ezpeleta, de 53 años, ayer por la mañana en las instalaciones del Hospital San Juan de Dios de PamplonaJesús caso
  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 30/01/2022 a las 16:23
David Ezpeleta es un médico con vocación de servicio. Un amante de la historia de la medicina. Un divulgador científico en tiempos de pandemia. Y un apasionado de la música, que lo mismo pinchaba discos de Elvis en su juventud en un bar de Pamplona que escucha ahora unas grabaciones casi desconocidas del violinista Pablo Sarasate que datan de 1900. En definitiva, se parece a un hombre del Renacimiento con cinco siglos de retraso. David Ezpeleta Echávarri (Pamplona, 1968) responde a la videollamada por Zoom. Entre consultas, viajes y los artículos que tiene entre manos, alterna en la charla el rigor científico, la crítica fundamentada y el humor para referirse al covid, la pandemia o la ‘infodemia’ (exceso de información). Neurólogo en los hospitales San Juan de Dios de Pamplona y Quirónsalud de Madrid, acaba de ser reelegido secretario de la junta y responsable del área de cultura e historia de la Sociedad Española de Neurología (SEN), una entidad con más de 3.700 socios en todo el país. Junto con otros colegas, fue uno de los primeros en descubrir que la anosmia (pérdida de olfato y gusto) era uno de los síntomas del covid. Y lo averiguaron a finales de marzo de 2020, en pleno confinamiento. Sobre la fatiga pandémica, los síntomas neurológicos que puede arrastrar el covid una vez superada la infección, la incertidumbre, la presión psicosocial y el “exceso de datos médicos” que difunden a diario los medios de comunicación habla en las siguientes líneas. “ He trabajado en muchos sitios pero me tira la tierra y me hace especial ilusión atender a pacientes navarros. Son mi debilidad. ¿Por qué? Me encantan los acentos de la Barranca, la Aezkoa, Tudela... Son personas muy divertidas y duras. Se quejan menos y, si vienen a la consulta, no es por algo menor”.
Usted fue uno de los neurólogos que descubrió en marzo de 2020 que la pérdida del gusto y el olfato (anosmia) era un claro síntoma del covid. ¿Cómo lo averiguaron?
Observando la situación nos dimos cuenta de que probablemente era un síntoma (en personas que, además, presentaban poca mucosidad). Ya sabíamos que algunos virus pueden producir anosmia. Nos percatamos, además, de que la gente buscaba en Google, en todo el mundo, los términos ‘pérdida de olfato y de gusto’. ¡Las curvas ascendentes del buscador eran brutales! Eso solo podía ser el covid. En un marco pandémico y con la gente confinada, no había otra explicación. Ese fin de semana (21-22 de marzo de 2020), yo recibí hasta 500 consultas de pacientes en mi Twitter. Y, cuando nosotros ya lo estábamos barruntando, descubrimos por Internet que otras sociedades, como una de otorrinolaringología del Reino Unido, había escrito una nota en la que comentaban esa posibilidad. Durante aquellas 72 horas, también se dieron cuenta otorrinos de Estados Unidos, una sociedad de Oftalmología en España... Aquel domingo 22 de marzo, desde la SEN lo divulgamos en redes sociales. Y al día siguiente, contactaron con nosotros responsables del Ministerio de Sanidad para que les diéramos una explicación.
Con la actual variante ‘ómicron’ ya no se pierde el gusto y el olfato...
Menos que con las anteriores. Ocurre en un porcentaje menor al 10% de los contagiados. También hay otros virus que provocan anosmia, como el de la gripe o un catarro... Que se pierdan estos sentidos no depende de la carga viral (es decir, a más virus no hay más anosmia) sino de factores individuales de cada persona (cómo tiene el epitelio olfativo...) Por lo que se ha comprobado, la gran mayoría de pacientes se recupera entre dos y cuatro semanas después de la infección. Aunque también hay casos de anosmias prolongadas, que hay que consultar. Pero se pueden recuperar, así que no hay que perder la esperanza.
El coronavirus está provocando, además de síntomas respiratorios, otros neurológicos más o menos graves.
Durante la primera ola, se vio que a los pacientes con estos problemas se los podía clasificar en dos grupos. Los que tenían encefalopatías (el cerebro sufre de forma global y hace que la persona se desoriente, desestabilice...) Se descubrió que el covid afecta a la barrera encefálica y que, como el cuerpo está afectado por el estado inflamatorio general, el cerebro es más sensible a estos cambios. ¡Pero decir que el virus entra al cerebro por la nariz es mentira y hay que dejarlo claro! Al 99% de la población no le ocurre nada de esto. El segundo grupo es el de pacientes con pequeños infartos cerebrales. Enseguida se comprobó que el covid podía provocar un trastorno de coagulación de la sangre. Y con el tiempo, fueron apareciendo más complicaciones. Los miembros de la Sociedad Española de Neurología pedimos a los socios que cuando vieran una complicación llamativa (epilepsia, trastorno del movimiento, cefaleas intensísimas...) las reportaran. Las recogimos en un registro que luego se publicó como un manual para el neurólogo general en abril de 2020 (del que él es coeditor).
¿Qué porcentaje de enfermos de covid desarrolla estos sistemas neurológicos?
En la primera ola, el Hospital Universitario de Albacete publicó un estudio, que fue el más leído en Estados Unidos, en el que se analizaron a 800 pacientes y se comprobó que el 57% de ellos tenía complicaciones neurológicas. Es un porcentaje elevado pero en la mayoría de los casos eran síntomas inespecíficos y transitorios propios de cualquier infección vírica (cefaleas, mareos, dolor muscular...) Las convulsiones y los ictus afectaban a un porcentaje muchísimo menor (alrededor del 1%). Hay que tener en cuenta que estaban hablando de pacientes hospitalizados y que a la mayoría de los contagiados no les ocurre nada de esto. Pero en su momento, aquello fue noticia y la gente se alarmó muchísimo.
Hablemos ahora del covid persistente, covid crónico o ‘long covid’. Usted insiste en que se trata de una denominación incorrecta. ¿Por qué?
Porque estás induciendo a la posibilidad de que la fase aguda del covid se mantenga en el tiempo. Y eso no es así. Un médico lo entiende pero un paciente, no. ¡No le puedes dar ese diagnóstico! Porque va a creer que aún tiene el virus en el cuerpo y no ocurre eso. Lo que presenta son síntomas posteriores a la infección. Así es cómo hay que denominarlo.
¿Y cuáles son esos síntomas?
Hay que diferenciar si son secuelas del virus u otros síntomas que no puedes explicar. El problema es que se mete todo en el mismo saco (anosmia, trastornos del sueño, estar más desanimado, más olvidadizo...) También hay que saber si estos síntomas son consecuencia del covid o una reactivación de enfermedades anteriores. Hay personas presintomáticas que, después de infectarse por el virus, ven cómo esos síntomas se amplifican y desarrollan cuadros complejos. Porque los pacientes están sometidos a la incertidumbre y a la certidumbre de tener una enfermedad física producida por el covid.
SALUD FÍSICA Y MENTAL
Sea como fuera, lo que está claro es que miles de pacientes con síntomas post covid están sufrimiento mucho...
¡Claro! Por toda la presión psicosocial que los rodea y que puede hacer que los síntomas se cronifiquen. Si te rompes un tobillo y no puedes andar en un tiempo, seguro que te deprimes porque toda tu vida diaria se rompe. Pues imagínate si has tenido covid, estás más cansado y, de repente, empiezas a escuchar un bombardeo en televisión. ¡No te va a hacer ningún bien! Somos una sociedad en estado de vibración continuo, que todo lo magnifica. Por eso, necesitamos información objetiva. Yo tengo pacientes que están obsesionados y me preguntan si el virus sigue en su cuerpo año y medio después de la infección... El factor que más sufrimiento produce en todas las enfermedades es la incertidumbre y el estrés que genera. Y cuando un neurólogo de 2022 habla de que el daño psicosocial es más grande que una fractura de tobillo, hay que tenerlo en cuenta.
Lo que está claro es que la pandemia está haciendo que la salud mental caiga en picado. ¿A veces se confunden los síntomas físicos con los psicológicos?
Está claro que no se puede dejar de lado la salud mental porque todo está ligado. Si coges los principales síntomas posteriores al covid (cansancio, fatiga, mareos, dolor muscular, olvidos de memoria...), verás que son muy similares a los de la llamada ‘fatiga pandémica’ (cansancio, insomnio, más tristeza..., que han ocurrido a millones de personas). El problema es saber diferenciar cuánto hay de enfermedad física, cuánto se debe al entorno al que estamos sometidos toda la población, cuánto a la presión psicosocial y cuánto a la incertidumbre de temer que puedes seguir teniendo el virus. Ese es el cóctel y la madeja que hay que desenredar a todos los niveles (si emprendes un estudio de investigación, tienes pacientes con mucho sufrimiento o gente en un limbo psicológico). Es lo que me planteo cuando veo a esos pacientes.
¿Tiene muchos con síntomas post covid?
Un número significativo y suficiente para darme cuenta de todo esto.
¿Usted ha pasado el covid?
No, que yo sepa. Y tengo tres vacunas.
¿Y sufre alguna enfermedad neurológica? ¿Migrañas? ¿Trastornos del sueño?
Tengo dolor de cabeza ocasional cuando termino un pico de trabajo importante, por ejemplo, la preparación de un congreso. Si estoy muy estresado o me queda alguna tarea pendiente, tiendo a dormir peor. ¡Los médicos también enfermamos! Incluso más que los no médicos. No trabajamos en una mina pero nuestra formación y responsabilidad son muy altas y provocan desgaste. Tenemos nuestras ergopatías (enfermedades propias, como más incidencia de cáncer, adicciones... ) ¡Nada es gratis!

Trastornos del sueño y migrañas

La pandemia ha motivado que se agudicen algunas enfermedades físicas y mentales. ¿Ha ocurrido lo mismo con las patologías neurológicas?
Con la covid, yo solo veo curvas ascendentes en todo. Lo único que cae es la economía. Igual que hay más pacientes con ansiedad, depresión, intentos de suicidio..., también los hay con más trastornos del sueño. Un problema que ya ocurría antes, que es frecuente, importante y que, en general, no está bien atendido porque los médicos lo desconocen. Además, un trastorno del sueño no se arregla dando un pastilla. Eso es solo una tirita. Hay que comenzar haciendo un diagnóstico adecuado y una historia del sueño (qué hace el paciente durante el día, antes de ir a dormir, por la noche, cómo se siente por la mañana...) Son pacientes más complejos de lo que parecen y solo se podrá diagnosticar qué tipo de insomnio sufre esa persona si haces una historia correcta. A veces, duermen menos porque pueden tener un trastorno psicopatológico de base.
Entonces, ¿qué hay que tener en cuenta para saber definir bien ese problema del sueño?
Hay patrones muy característicos. Por ejemplo, quien no puede conciliar el sueño puede sufrir de ansiedad y el que tiene un despertar precoz (antes de que suene el despertador), depresión. También hay enfermedades importantes, como las apneas del sueño, que hay que diagnosticarlas cuando se produce una excesiva somnolencia durante el día. Yo cuando veo que un coche se ha salido de la calzada, pienso: '¿Esa persona tendrá una apena del sueño?' Igual que si alguien conduce kilómetros en dirección contraria en una autopista, me pregunto si puede tener un deterioro cognitivo. Las apenas las pueden sufrir personas que caen en la cama redondas y se levantan cansadas y con dolor de cabeza. Se mantienen activas durante el día pero en cuanto entran en una actividad monótona (un atasco, una película en el cine...) caen secos.
¿Qué especialistas deben diagnosticar los trastornos del sueño? ¿Neurólogos? ¿Neumólogos? ¿Psiquiatras?
Quienes sepan llevarlos. Da igual la especialidad. Lo que ocurre es que estos trastornos han sido dejados de lado porque son enfermedades complejas y solo las han cogido las médicos con interés. Lo ideal es que los atienda un neurólogo experto en sueño y en la SEN tenemos un grupo de estudios que se dedica a este tema.
Otro asunto: las migrañas. Son una de las enfermedades neurológicas más frecuentes y que más incapacidad (y bajas laborales) provocan...
La migraña es una enfermedad propia del género humano y no se conocen casos en animales. Es frecuentísima. Afecta al 9% de los varones y al 15% de las mujeres. Y en féminas de alrededor de 40 años puede alcanzar el 25%. Esto ocurre en el caso de la cefalea primaria, en la que no hay una causa estructural que la explique (al hacer una resonancia a esas personas, no se ve nada). Surgen de forma espontánea por un generador interno (cambios en los ciclos hormonales de la mujer) o externo (dormir más, relajación después del estrés...) En estos casos, se ponen en marcha aquellas partes del cerebro que se activarían si yo te pegara en la cabeza con un martillo. Las migrañas cursan con episodios (una vez al mes, diez días al mes...) y suelen generar incapacidad.
Son una de las llamadas 'enfermedades invisibles' porque no se ven y generan un estigma social...
Claro, no hay pruebas diagnósticas y el neurólogo tiene que hacer un acto de fe con lo que le cuenta el paciente. Pero a estas personas que se quejan de dolor de cabeza se las ningunea y hay gente que cree que son unas flojas... Sin embargo, la migraña es una de las enfermedades que más años de salud recorta y que más costes ocasiona (directos e indirectos). La buena noticia es que en los últimos treinta años se han ido desarrollando fármacos y estrategias novedosas para afrontarla.
Dice que las migrañas son una enfermedad compleja y que llevan aparejadas otras realidades. ¿A qué se refiere?
A que un migrañoso no solo tiene dolor de cabeza sino también dolor crónico, ansiedad, depresión, trastornos del sueño... Hay que hacer un diagnóstico completo y son pacientes complejos A mí me encanta la migraña porque creo que a estas personas se las puede ayudar. Lo que un médico no debe hacer es derivarlas a un montón de especialistas. Tienes que encargarte tú. La enfermedad, ya desde Hipócrates en el siglo IV antes de Cristo, hay que definirla cómo lo que le pasa al paciente, a quién le pasa y dónde le pasa.
La pandemia ha cambiado la atención especializada y cada vez hay tiempos más largos en las listas de espera. ¿También se ha visto en neurología?
Absolutamente. Y ahora estamos viendo las 'pandemias demoradas'. En la primera ola, como no se podía salir de casa y la gente tenía miedo de ir a urgencias, se vieron muchos ictus extensos, de los que ya no estábamos acostumbrados. Se calcula que un tercio de los pacientes no fue atendido. Después, durante muchos meses, se atendió a la gente con la telemedicina o por teléfono. Así, se ha conseguido que muchos pacientes contactasen con sus especialistas a distancia y les pudieran dar consejos para mantener los tratamientos. Pero muchos pacientes están aún sin diagnosticar y ese es ahora nuestro reto. Yo practico medicina privada y no lo he sufrido. Pero mis amigos que trabajan en hospitales o centros de salud están agotados porque parte de la plantilla está de baja. La sanidad está dejada de la mano de Dios y serán los propios médicos los que resuelvan los problemas.

“Cuando era niño, pintaba corazones de rana”

El primer médico de su familia, David Ezpeleta Echávarri recuerda que, desde pequeño, le apasionaban las Ciencias y la Biología. “De crío, me leía los libros que compraba mi madre en el ‘Círculo de Lectores. Y me pasaba las tardes enteras sentando en el suelo, pintando corazones de rana y leyendo los temas más abstrusos del metabolismo”.
Así que no dudó al elegir los estudios de Medicina.
También me gustaban Informática o Arquitectura. Pero me pareció que lo más fascinante era la Medicina. ¿La vocación? Es la gran pregunta. Creo que es algo que tienes cuando no sabes a qué te vas a dedicar. Pero a mí, me sigue apasionando ser médico, estar con personas, divulgar ciencia e investigar. Tengo vocación de servicio.
Entendido pero, ¿por qué neurología? No es una rama muy conocida...
Precisamente, por eso. Por curiosidad. Me parecía que la neurología era la especialidad con más potencial y con la que más me iba a divertir.
¿Y así ha sido?
En los últimos treinta años, ha habido grandes novedades. Cuando yo era residente, se descubrió el primer tratamiento para la esclerosis múltiple y ahora hay muchos. Lo mismo ha ocurrido con los ictus. Antes no se podía hacer nada y ahora, los índices de recuperación son muy altos. Se ha dado una situación similar con otras enfermedades, excepto las neurodegenerativas (Alzheimer, demencias).
Pasa consulta en dos hospitales en Pamplona y Madrid, escribe artículos, divulga ciencia, está en la SEN. ¿Tiene tiempo libre? ¿Qué hace en él?
Tengo poco pero me encanta leer y todo lo que sea cultura. Especialmente, la música. Siempre que estoy escribiendo o trabajando en el ordenador, escucho música de cualquier tipo (clásica, electrónica, experimental...) ¡Tengo unos 5.000 CDs! Estudié hasta 4º de Piano y Armonía y siempre tiro a los maestros (Mozart, Beethoven, Bach, Chopin...) Pero también me gusta el ‘rockabilly’ y era de la cuadrilla los ‘Rockers’ de Pamplona. De joven, pinchaba discos en el bar ‘Elvis’ en Iturrama.
¿Sigue tocando?
El piano, no. Pero tengo dos sintetizadores que uso de vez en cuando. Antes, secuenciaba, componía en pantalla, grababa... ¡Era muy divertido!
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