Investigación

Videntes, entre la estafa y la mística

Varias investigaciones policiales en Navarra han concluido con adivinos o tarotisas llevados ante la justicia. Procesos como  l de la mediática Pepita Villalonga en Barcelona reabren el debate sobre hasta qué punto es o no delito lucrarse con estos 'rituales’

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Carmen Remírez

Publicado el 27/12/2021 a las 14:12

Fue hace 5 años. Por aquel entonces, la presunta víctima (la Fiscalía no acusa, en este caso) relató que estaba en un momento que definió como “agujero negro”. Acudió a un despacho esotérico de Barcelona y allí, según denunció, en 30 segundos la adivina Pepita Villalonga le tiró las cartas y le advirtió acerca de un mal de ojo. “No llegas a final de semana ni tú ni tus perros”. Para librarse de esa maldición, acabó desembolsando 4.400, 10.000 y finalmente 17.000 euros. Un total de 31.400, por cuya entrega se sintió estafada y por los que reclama para la vidente y otros dos imputados, sus colaboradores, una pena de 8 años de prisión.

Frente a esa versión, la de Villalonga , que contó al tribunal que no había visto “jamás” a la presunta víctima y que en lugar de hablarle a nadie sobre ningún mal de ojo estaba realizando gestiones en un notario. Tampoco es la de la adivinación una actividad habitual para ella en ese local, añadió, centrada en su programa de televisión.

Así, enfrentados, dos testimonios e interpretaciones muy distintos acerca de un hecho objetivo. La denunciante abonó más de 30.000 euros al despacho esotérico que le había advertido de un mal de ojo con riesgo mortal. Si fue estafada o no según la legislación vigente, compete juzgarlo al tribunal barcelonés. En cualquier caso, el de Pepita Villalonga es quizá de los más conocidos, pero no es ni mucho menos el primer caso de una persona dedicada a este mundo que acaba ante un juez, denunciada por un antiguo cliente. En Navarra no se han prodigado demasiadas en los últimos años, pero en todos los cuerpos policiales hay más de un adivino con antecedentes.

UN HUEVO NEGRO

En la Brigada de Policía Judicial de la Policía Nacional no le reconocen por sus iniciales, quizá ni por su nombre, pero si a alguno de los investigadores se le pregunta por el Profesor Bayo, rápidamente te responden: “Ah sí, el médium negro”. Se trata de un supuesto vidente de origen senegalés de unos 50 años al que al menos le constan tres arrestos. Se anunciaba por farolas de la ciudad ofertando sus servicios como 'vidente, médium o curandero africano' y en una ocasión llegó a estar denunciado y detenido tras quedarse 17.650 de una mujer. Según explicó, ella contactó inicialmente con él y fue en esa primera conversación cuando él le advirtió que alguien le estaba causando un mal y que para 'curarse' tenía que meter un huevo debajo de la cama, lavarlo y llevarlo con un poco de agua a su consulta. La mujer hizo todo lo que le pidió y, al romper el huevo en la consulta, observó que estaba negro, probando supuestamente sus teorías del mal de ojo. De esta forma se ganó su confianza y le acabó entregando 17.650 euros. Pero, indicó a la Policía Nacional, cuando volvió al lugar donde supuestamente estaba ubicada la consulta, resultó que el inquilino había desaparecido del lugar y el mobiliario había desaparecido.

CLIENTES VULNERABLES

Todos los investigadores que han trabajado en un caso de este tipo coinciden en que el perfil de las víctimas suele tener aspectos coincidentes. En general, personas solitarias y que pasan por momentos vulnerables. Ingredientes como la desesperación o una ilusión difícilmente alcanzable también pueden cegar la lucidez de las víctimas en determinados momentos. Además, de puertas para afuera, hay casos en los que la tipificación de unas conductas como delictivas se complican. En la Guardia Civil recuerdan un caso juzgado en 2015 que acabó con la absolución de los implicados. Una mujer, su hermano, y la madre de ambos, administradores de varias sociedades de números de tarificación adicional (ofrecían vía teléfono servicios de contactos o tarot, entre otros) fueron juzgados en Pamplona tras la denuncia de un hombre que en 2008 realizó entre 70 y 80 llamadas a un número de contactos de una empresa propiedad de los acusados y que le supusieron facturas por valor de 17.447 euros.

Durante el juicio, el denunciante señaló que llamaba insistentemente porque le mantenían a la espera con excusas o decían que estaba a punto de recibir la clave. Los acusados negaron por su parte haber recurrido a engaño ninguno y aseguraron que siempre informaron de las tarigas.

En su sentencia, el juez afirmó que los hechos no suponían un “engaño bastante” que sustentara una condena. “Con un mínimo de diligencia, el denunciante debió conocer el elevado coste de las llamadas y que el objeto que se ofrecía era imposible que se cumpliera realmente”. “Desde el primer momento estaba informada del coste, que además fue conociendo con las sucesivas facturas, no resultando creíble además que, con unas simples llamadas telefónicas se obtenga una cita con una desconocida”.

En el atestado elaborado con motivo de la detención de Villalonga , en enero de 2017, la Policía Nacional sí hizo hincapié en el hecho de que la víctima fuera de edad avanzada (tenía 77 años cuando acudió al despacho) y en su acusación, los policías indicaron que tanto la médium como sus colaboradores habían incrementado el control psicológico sobre la víctima, atemorizándola con el pronóstico de graves enfermedades”.

HECHICERO Y AGRESOR

La incursión más reciente en el mundillo esotérico que recuerdan en el Área de Investigación Criminal de la Policía Foral concluyó con el ingreso en prisión de un chamán que fue juzgado por violar a una mujer a la que había drogado en un ritual. En este caso, el delito fue del ámbito sexual, aunque para cometer la agresión se valió de que la víctima no pudo oponer resistencia alguno debido a la ingesta de ayahuasca, una hierba alucinógena que había tomado durante una 'ceremonia sanadora'.

Como en el caso de algunos timos, lo complicado en ocasiones para la policía es que llegue a existir una denuncia donde la víctima detalle las prácticas. En 2017, uno de los arrestos más recientes en la Comunidad foral, la Policía Nacional detuvo a un hombre y dos mujeres de origen brasileño que se hacían pasar por un grupo de videntes que prometían oraciones para que se cumplieran “todas y cada una” de las bienaventuranzas que proponían.

En esta ocasión, la víctima relató a los agentes que, tras fijarse en un anuncio colocado en una farola, decidió llamar al número de teléfono y concertar una cita. En ella, la tarotisa le convenció de que debía dejarle en depósito una cantidad de unos 3.300 euros con la que financiar una 'oración' y lograr así que las bienaventuranzas que le habían predecido se cumplieran.

Tras el depósito del dinero, la vidente le manifestó que podría pasar a recoger la oración en dos días. Tal y como le habían indicado, la víctima acudió a la cita a las 48 horas, pero no encontró a nadie en el lugar y denunció lo ocurrido. La Policía difundió la denuncia sospechando que no había sido la única víctima de esta banda, que dio como desarticulada.

PISTAS CLAVE

Hasta aquí, el relato se ha centrado en actividad policial en la que los adivinos poco o nada quieren mezclarse con los agentes, pero hay otros momentos en los que son estos médium quienes acuden a las comisarías. En ocasiones, de mano de víctimas de otros delitos. Generalmente, sin resolver. “Cuando se da algún caso de desaparición, por ejemplo, nos ha ocurrido que aparezcan personas que dicen haber visto o intuido, mediante sus dones, donde podría encontrarse alguna pista clave”. A finales de los años 90, en un crimen sin resolver ocurrido en Tierra Estella, la Guardia Civil halló el cuerpo de un ganadero asesinado que había desaparecido sin dejar rastro. Tras mes y medio de búsqueda, una vidente vaticinó que se encontraba en un radio de 4 kilómetros y en un lugar con agua. Apareció en una acequia. Sobre la identidad del asesino, no pudo ser tan útil.

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