Delitos y menores en Navarra

La llamada de un vecino que oía llorar a una niña de 5 años en Pamplona

Agentes de Policía Municipal de Pamplona, Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Foral relatan intervenciones en las que prestaron ayuda a un menor en problemas. Representantes de los cuatro cuerpos participaron en una mesa a instancias de la Delegación del Gobierno

Una mujer empuja una silleta de bebé y su sombra se proyecta en la fachada de la pared de una bajera
AmpliarAmpliar
Una mujer empuja una silleta de bebé y su sombra se proyecta en la fachada de la pared de una bajera
Una mujer empuja una silleta de bebé y su sombra se proyecta en la fachada de la pared de una bajera

CerrarCerrar

Carmen Remírez

Publicado el 27/12/2021 a las 06:00

En los 14 años que el inspector Ángel Azanza lleva al frente de la unidad de UPAS (Unidad de Protección y Acción Social) de la Policía Municipal de Pamplona ha visto cientos de expedientes. No pierde la templanza al recordar que los ha habido muy duros, y destaca por encima de todos los que conllevan un maltrato “de cualquier tipo, pero sobre todo físico”, a los más pequeños. Pone un ejemplo de un caso que no olvidará, asegura.

Se inició con la llamada de un vecino, que quería trasladar a los policías que una niña que vivía en una casa anexa a la suya lloraba constantemente, y el hombre mostraba su preocupación por que pudiera estar pasándolo mal o atravesando alguna situación problemática. Los agentes se desplazaron al lugar y recabaron información. La niña en cuestión, de 5 años, tenía a sus padres en prisión, por lo que estaba viviendo de forma provisional con un tío y su mujer. Al examinar a la pequeña, los policías hallaron lesiones importantes, heridas que Azanza difícilmente olvidará. “Le estaban pegando con un palo, con una vara”, recuerda. “La pareja que la había acogido nos explicó que ellos ya tenían otros hijos propios y que aquella niña, literalmente, les sobraba”.

Por librar a menores de situaciones como esa merece la pena seguir en la brecha, reconoce Azanza, que añade que también hay que aceptar que no todos los casos tienen un final feliz. “Hay historias que se arreglan y otras que no, pero sí soy positivo en que la mayoría de la gente normal recapacita cuando sabe de cosas así”. Los 15 policías que conforman UPAS abordan un importante volumen de trabajo que, por decir cifras, la atención a 32 víctimas de un robo con violencia menores de edad (y la detención de 5 autores de este mismo delito, de menos de 18 años), 24 víctimas menores de lesiones, y 19 detenidos, 3 arrestos por agresiones sexuales, 8 por causar daños al hilo de una juerga u otros 8 menores que acabaron arrestados por la Policía Municipal por haber estado implicados en riñas tumultuarias.

Exceptuando situaciones de una posible alarma social, como la que se dio durante algunas semanas en la Vuelta del Castillo, con concentración de jóvenes, botellones, agresiones y hurtos, este responsable de UPAS señala que la protección al menor en la capital navarra, en general, es “estable”.

EL RETO DE LOS 12 A LOS 14

En esa edad bisagra entre los 12 y los 14 años es donde Azanza pone el acento para reconducir algunos perfiles delictivos “incipientes”. “Estamos notando muchos problemas asociados a la falta de control con los teléfonos y el acceso a internet”. Se refiere este inspector, entre otros aspectos, a la proliferación de amenazas, coacciones o difusión de imágenes íntimas que llevan a cabo chavales en ese intervalo de edad.

Para reducir esa problemática asociada, Azanza aboga por no permitir un acceso a internet “total” y “tan pronto”, así como que los padres “estén pendientes de los hijos”. No lo están cuando, una vez ocurrido un problema grave. como un hijo que hostiga, que extorsiona, que difunde imágenes íntimas, o es ese menor el que aparece en ellas, y los padres reciben una llamada de un agente de Policía Municipal, se sorprenden. “Se llevan un buen disgusto o no se lo creen. Otros tampoco le dan mucha importancia. Qué le van a decir a un hijo que consume cannabis, si ellos mismos en casa fuman un porro de vez en cuando”. La reacción inicial no suele ser autocrítica. “El gran clásico de echar la culpa a los amigos no pasa de moda”.

Si el hijo es el presunto autor, Azanza anima a que los padres no tiren la toalla, sino que tiendan la mano. “Hay que seguir, reconducir la situación, intentar ayudar en lo que sea posible”.

Los responsables policiales que participaron en la mesa redonda. Sentados en la mesa, de izquierda a derecha: Jesús González ( Policía Nacional), Cristina Eseverri (Policía Foral), Ángel Azanza (Policía Municipal de Pamplona). De pìe, en videoconferencia, Óscar Silva (Guardia Civil)*P: 
*L: PAMPLONA 
*T: JORNADA SOBRE VIOLENCIA DE GENERO. CUERPOS POLICIALES
AmpliarAmpliar
Los responsables policiales que participaron en la mesa redonda. Sentados en la mesa, de izquierda a derecha: Jesús González ( Policía Nacional), Cristina Eseverri (Policía Foral), Ángel Azanza (Policía Municipal de Pamplona). De pìe, en videoconferencia, Óscar Silva (Guardia Civil)*P: *L: PAMPLONA *T: JORNADA SOBRE VIOLENCIA DE GENERO. CUERPOS POLICIALESJ. C. Cordovilla
Los responsables policiales que participaron en la mesa redonda. Sentados en la mesa, de izquierda a derecha: Jesús González ( Policía Nacional), Cristina Eseverri (Policía Foral), Ángel Azanza (Policía Municipal de Pamplona). De pìe, en videoconferencia, Óscar Silva (Guardia Civil)*P: 
*L: PAMPLONA 
*T: JORNADA SOBRE VIOLENCIA DE GENERO. CUERPOS POLICIALES

CerrarCerrar

"INSISTIÓ EN AYUDAR"

La cara más amable de estas situaciones tan dramáticas se dio a conocer hace unas semanas con motivo de una mesa redonda con presencia de los cuatro cuerpos policiales en Navarra. A instancias de la Delegación del Gobierno, el Planetario acogió el evento, donde se pedía compartir con el público un caso con final feliz. Jesús González, responsable de la UFAM (Unidad de Atención a la Familia y Mujer) de la Policía Nacional, fue el primero en intervenir y se remitió a un agradecimiento que les hizo llegar una mujer que fue hallada por los agentes cuando deambulaba en la calle con su bebé. “Era julio de este año. Una patrulla de Seguridad Ciudadana se topó con ella, abrazada al niño. Estaba muy nerviosa, llorando. Era extranjera y, al cabo de un rato, uno de los policías logró que la mujer, en inglés, le explicara que su marido la había agredido y que se había ido de casa, con intención de quedarse en algún hotel con la criatura”. La patrulla condujo a ambos a comisaría y priorizaron localizar y detener al presunto agresor. La mujer acabó marchándose con el bebé a su país de origen y, desde allí, escribió el mail agradeciendo el asesoramiento y acompañamiento recibido. “Estoy muy feliz con esta renovación de mi vida. Si no aparece la policía, hubiera vuelto con él. Aquel policía insistió mucho en ayudarme y eso cambió mi vida”, rubricó.

El siguiente testimonio llegó por videoconferencia desde Madrid a cargo de Óscar Silva, teniente del equipo EMUME (Mujer y Menor) de la Guardia Civil. “Los niños suelen ser siempre los elementos más vulnerables. Este año nos tocó intervenir en un caso con evidente riesgo de violencia vicaria (dañar al hijo como forma de agredir aún más a la madre). La mujer, maltratada, había denunciado al marido, que permanecía en el domicilio familiar con el niño y montamos un dispositivo para asegurar la zona y convencerle de que bajara al niño a la calle”. Relata Silva que el caso de violencia machista estaba clasificado como de riesgo alto, lo que contribuía a elevar la tensión. “Al final, con la madre escondida en el coche, se acercó un agente con una silleta y el hombre devolvió a la criatura”. Silva subraya también el valor de saber a qué situación atenerse gracias a que el caso estaba denunciado (el padre tenía una orden de alejamiento), aunque tristemente lo habitual sea lo contrario. “El 75% de los casos que se saldan con violencia y que acabamos atendiendo no estaban denunciados previamente”. Finalmente, la última en comparecer fue Cristina Eseverri, inspectora de la Brigada Asistencial de la Policía Foral. Con motivo de la concesión del premio Menina de la Delegación del Gobierno por su lucha contra la erradicación de la violencia contra la mujer, Eseverri respondía a este periódico señalando que, desde su puesta en marcha, la Brigada nota cada vez más que “tanto víctima como agresor” son “más jóvenes”. Algo que ocurre “tanto en delitos sexuales como en violencia de género”. “Es algo muy preocupante que nos tiene que hacer reflexionar como sociedad. Otro dato diferenciador es que hoy en día es frecuente la utilización de las redes sociales y medios tecnológicos para la comisión de este tipo de delitos”.

Además, explica también que la intervención es diferente según el tipo de delito sufrido, pero en todos los casos la víctima necesita que se le escuche, se le comprenda y se le ayude. “Las investigaciones acerca de los delitos sexuales suelen ser las más complicadas, son las que más suelen alargarse en el tiempo”. A la vez, son temas muy delicados, matiza, por lo que aunque se resuelvan policialmente “no pueden dejar buen sabor de boca”. “Sí que resulta personalmente gratificante sentir que se ofrece seguridad, esperanza y ayuda”.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora