Delitos
Brigada Asistencial de Policía Foral: “No sólo importa que tu hijo sepa idiomas, sino que le ayudes a enfrentarse a la vida”
Desde la Brigada Asistencial de Policía Foral se trabaja en conseguir que los delitos se denuncien porque “a menor huella, menor cicatriz”, y evitar un trauma más grave a los niños


Publicado el 26/12/2021 a las 06:00
La repercusión que ser víctima de un delito tiene sobre una persona adulta puede ser muy dolorosa pero no tiene nada que ver con el trauma vivido en la infancia o adolescencia. Por eso, desde la Brigada Asistencial de Policía Foral insisten en la necesidad de trabajar en detectar cualquier situación susceptible de derivar en unas lesiones o un abuso lo antes posible. Quizá el ejemplo más claro sea el que les trasladan las víctimas de un delito de índole sexual. “Tratas con muchas personas pero hay momentos que se te quedan clavados . Tras una larga conversación de teléfono, una persona que estaría al filo de la edad adulta, 17-18 años, se te derrumba y te narra un delito que le pasó con 13. ¡Lo había estado guardando durante 4 años!” relata uno de estos agentes de la Brigada Asistencial. Off the récord rememoran historias espeluznantes que hacen renegar de ciertos especímenes del género humano. Delante de la grabadora, confiesan que el día a día en este grupo de trabajo no implica soluciones mágicas a problemas complejos.
Por volumen, el de los delitos de lesiones es de los que más atestados implican. “Para que sea un delito requiere atención médica, que sea un tortazo o un puñetazo que dejen una marca. En muchos casos, es la primera pista que tenemos de algo que puede ser mucho más grave, si se trata de un episodio continuado. En otros, si es producto de un encuentro violento en la calle, puede ser un punto de inflexión para reconducir a los implicados y que no sea reincidente”.
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EL BULLYING Y SU DIFÍCIL SOLUCIÓN
Como reto que llevan detectando un tiempo apuntan al de los casos cada vez más precoces de acoso escolar y el papel de la policía en su resolución. “Es muy difícil, porque por debajo de los 14 años la ley estipula que un menor es inimputable”. Es así, pero eso no significa que policialmente no se pueda hacer nada, añaden Espinosa y Zamorano, aunque sí es un tema delicado. “Nos pasa que acuden a comisaría unos padres muy afectados porque su hijo de, por ejemplo, 12 años, está siendo víctima de acoso escolar en el centro educativo en el que estudia. Le explicamos que en principio no lo tratamos aquí, que es en los centros donde se aborda”. De hecho, la labor policial en este ámbito es intensa, pero preventiva.
Se dan muchas charlas en colegios e institutos con la presencia de agentes en las aulas, donde se exponen casos reales, en una faceta formativa que también se lleva a cabo bajo demanda de los propios centros y que no ha hecho sino ir a más en los últimos años. “Explicamos a los padres que existe una Asesoría para la Convivencia con un equipo específico para este tipo de situaciones, que la denuncia penal poco recorrido tiene si los autores tienen menos de 14 años”. Independientemente de la edad, si el caso se denuncia se traslada a Fiscalía el asunto y pueden dictaminarse algunas medidas de protección para el menor agredido. “Los padres suelen disgustarse porque no hagamos más contra los agresores. Si se activa un protocolo de protección en el colegio, lo esperan fuera. Y el ciberbullying también ha complicado la situación, porque las nuevas tecnologías avalan ese acoso durante las 24 horas del día”.
De la mano del equipo de Delitos Informáticos, los policías se afanan en trasladar a los chavales que el uso de las herramientas y aplicaciones asociadas a las nuevas tecnologías no es inocente. “Tienes una responsabilidad en lo que dices, en lo que envías, en lo que grabas o fotografías”. Con prudencia, en este ámbito se muestran relativamente optimistas. “Percibimos mayor reacción social en general y eso ayuda a que los menores, en líneas generales también, sean más responsables”.
¿Qué podemos hacer en las familias para contribuir a proteger a nuestros menores? Estos agentes ofrecen algunas pautas. “Los padres no estamos ni para dirigir ni para encaprichar, sino para acompañar. Yo les diría, tienes que estar ahí, cerca de tu hijo, porque eso es lo que te va a permitir echarle una mano si lo necesita. Acompañar, estar. Que parece que estamos muy preocupados por sus capacidades técnicas, pero también hay que educar otros aspectos igualmente importantes. No solo importa que hable 3 idiomas, sino que tenga algunas claves para enfrentarse a la vida. Aunque sea difícil, aunque haya que asumir que se van a equivocar”. Eso se traduce en supervisión, en interés, en comunicación, no en cohibirles, añaden. “Hay que aceptar que ellos deben trazar su propio camino, pero si tratamos de mantener una relación de confianza, sabrán que estamos ahí si quieren contarnos algo”.
Se valen también para mostrar qué quieren decir de la metáfora de la educación vial. “Cuando es muy pequeño, al niño se le puede llevar siempre de la mano, pero cuando crece hay que asumir que tendrá que cruzar solo. No es bueno, ni viable, llevarle siempre de la mano”.
Entre otra tendencia preocupante que ha ido in crescendo en los últimos años está la de los comportamientos violentos asociados al consumo de pornografía. “Consumir porno no es delito pero habría que estudiar cómo hay menores que trasladan ese patrón de sometimiento y no de afectividad a sus primeras relaciones de pareja. ¿Qué implica? Que muchas veces no saben bien dónde está el límite y la importancia del consentimiento. Esa sí es una formación muy importante que hay que machacar en la familia y en los colegios”.
Un menor abusado, coincide, suele experimentar una vivencia devastadora. “Por eso lo ideal sería que nunca ocurriera algo así. A menor huella, menor cicatriz”. Y para quien crea que los menores de 14 años son impunes hagan lo que hagan exponen un punto de vista muy diferente. “Se aborda lo ocurrido con la Fiscalía y se pone en marcha un sistema de trabajo y seguimiento encaminado a que esa persona desista de ese tipo de comportamientos”. También se trabaja en reducir la exposición de las víctimas, en la medida de lo posible, salvaguardando a esa víctima, intentando que no tenga que declarar cuatro veces para contar lo mismo en un mismo proceso y que la única vez que deba hacerlo sea un sede judicial, con todas las garantías.