Obituario

Muere la abuela de Navarra: un adiós tranquilo con 111 años

La cascantina Ángeles Álava Jiménez, de 111 años, ha fallecido esta noche

Ángeles Álava Jiménez, nacida el 3 de agosto de 1910
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Ángeles Álava Jiménez, nacida el 3 de agosto de 1910
Ángeles Álava Jiménez, nacida el 3 de agosto de 1910

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Carmen Remírez

Actualizado el 21/12/2021 a las 16:55

Se  murió como quería, recordaban este martes sus familiares. Rodeada de los suyos y “sin dar guerra”, que solía decirles. La vida de Ángeles Álava Jiménez, de 111 años, la persona más longeva de Navarra, se apagó “tranquila” días después de haber sufrido una caída en casa de la que ya no remontó. 

“Se ha ido lúcida, como era ella, de pocas palabras, con su carácter, sí, pero muy trabajadora durante toda su vida y generosa con los suyos. Ha sido una buena abuela, nos ha cuidado mucho”, destacaba su nieta María Victoria Moneo Huete, de 59 años.

De esta última etapa, subrayaba emocionada lo bien que se ha encontrado, saliendo de casa a diario (“la mañana que no podía ir al Aula de Respiro, centro de día del Club de Jubilados de Cascante con terapia de juegos para personas mayores, se le hacía más cuesta arriba”) y disfrutando de pequeños placeres culinarios como caracoles, codornices, conejo o huevos fritos. “Si le sacabas un puré, sobre todo al final, que ya iba teniendo más problemas para masticar, se lo comía, pero te torcía el morro”, contaba Moneo.

VIVIÓ SOLA HASTA LOS 97

Hija de agricultores, Ángeles Álava nació en Cascante el 3 de agosto de 1910. Al periodista Iván Benítez, que la visitó en varias ocasiones le contó que de su infancia y juventud recordaba penurias, pero también a su abuela Isabel que la vistió, alimentó y estuvo a su lado cuando perdió la visión del ojo derecho a causa del sarampión.

A los 18 años conoció al hombre que se convertiría en su marido, Martín Huete Miramón. Trabajó como ordenanza del consistorio y, a los 63 años, en 1970, falleció por un cáncer de garganta. La pareja tuvo dos hijas, Rosario y Carmen. Ángeles vivió sola desde que se quedó viuda hasta los 97 años, cuando se trasladó a casa de su hija Carmen. “Feliz” por haber ostentado varios años el título de abuela de la Comunidad foral, se resistió a desvelar su elixir de juventud en las sucesivas entrevistas y homenajes. 

Como pista, en sus últimos cumpleaños se dejó agasajar con café, magdalenas, lubina, tarta de helado o moscatel. El pasado agosto hubo zumo de naranja y bizcocho. Se puso la corona de cartón, sopló las velas con tres unos, y pidió salud para todos.

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