Inundaciones

El protagonista de la portada del periódico cuenta su historia: "Lo que te pedía el cuerpo era ayudar"

Una riada de ‘héroes’ anónimos trataron el viernes de aliviar los estragos que provocó la crecida del Arga a su paso por la Rochapea. Entre ellos cuatro amigos que ya vivieron la inundación de 2013. “Nadie podía esperar esto”

Amigos y vecinos de la Rochapea ayudan a evacuar a una madre y a sus tres hijos
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Amigos y vecinos de la Rochapea ayudan a evacuar a una madre y a sus tres hijos
Amigos y vecinos de la Rochapea ayudan a evacuar a una madre y a sus tres hijos

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Diana de Miguel

Publicado el 12/12/2021 a las 06:00

El treintañero de la chaqueta azul celeste que aparece en la imagen que ilustra esta página fue el viernes uno de los ‘héroes’ del barrio de la Rochapea, el más afectado por la espectacular crecida del río Arga a su paso por la capital navarra. Durante más de cinco horas brindó apoyo a los vecinos que trataban de salir o acceder a sus domicilios. Un trabajo que realizó de la mano con otros tres amigos del barrio y que le llevó a protagonizar para su sorpresa la fotografía que este periódico eligió para ilustrar la portada que se publicó este sábado y se reproduce en estas páginas. En ella se le ve con el agua por encima de la rodilla llevando a un niño sobre su espalda mientras con su brazo izquierdo rodea la cintura de su amigo para hacer más fuerza y no perder la estabilidad en su abnegada peregrinación por la Travesía Bernardino Tirapu. Este sábado por la mañana atendía a este periódico “algo abrumado” ante la infinidad de mensajes recibidos por la trascendencia que esa foto había terminado dando a su gesta. Nos pide mantener su nombre en el anonimato mientras describe con todo lujo de detalle la evacuación de una madre y sus tres hijos captada en esa imagen. Fue una de los últimas intervenciones en las que intervino en una mañana en la que, confiesa, “lo que te pedía el cuerpo era ayudar”.

Acostumbrado - trabaja en uno de los cuerpos de emergencias de la comunidad- a afrontar situaciones de riesgo, este vecino de la Rochapea sostiene con humildad que “no hicimos nada fuera del otro mundo” y asegura que fueron “muchas” las personas que se echaron a la calle para prestar su apoyo. Ayer muchos de ellos continuaban a primera hora de la mañana ayudando en la limpieza de bajeras y comercios y del propio río. “Es con voluntarismo como salen las cosas. Aquí nos conocemos todos. La gente te llama por el nombre”.

Aquella mañana para el recuerdo empezó para este vecino de la Rochapea pasadas las 9:30. Tras dejar a su hija en el colegio y consciente del alcance de la crecida, se desplazó hasta su bajera de la Travesía Bernardino Tirapu donde guarda varios pares de botas de agua y los neoprenos que utiliza para la práctica de submarinismo. Allí todavía no había entrado el agua pero terminó completamente anegada. En apenas dos horas el nivel llegó a subir más de 24 centímetros, según revela la marca que dejó en una de las paredes.

No había llamado a nadie pero cuando llegó a la bajera allí estaban, esperándole, tres de sus amigos. Todos dispuestos a ayudar, como hicieron también en las inundaciones de 2013. “No había tiempo que perder. Nos equipamos y salimos para echar una mano a quien nos pudiera necesitar”. El paso de las horas fue dejando un reguero de escenas para el recuerdo con canoas y zodiacs atravesando las anegadas calles de la Rochapea.

Desde la primera chica a la que ayudaron a cruzar Joaquín Beunza, una de las más peligrosas por la corriente que llevaba el agua, para llegar a su domicilio, hasta el anciano al que tuvieron que evacuar tras sufrir una caída en su domicilio pasando por el sinfín de vecinos a los que ayudaron a acceder a sus domicilios.

Conocedor al detalle del barrio y sus calles, admite la dificultad de avanzar en aquella situación. “Sabes dónde está el escalón, la mediana... pero el peligro es no ver; que pierdas pie y te termine llevando la corriente”.

Ver ayer la imagen que captó la evacuación de aquella madre y sus tres hijos le permitió rememorar lo vivido, incluidas “las tonterías” que fue diciendo durante el trayecto de unos 150 metros al pequeño Eneko que llevaba asido a su espalda en un intento por hacer que el trayecto fuera lo más llevadero posible para el niño.

El padre del pequeño había podido salir de su casa por su propio pie pero su madre, con muletas, y los tres niños requirieron la ayuda de los voluntarios y efectivos de emergencias. El rescate ilustra la riada de solidaridad que se vivió durante horas en uno en un barrio en el que el agua entró en tromba sin avisar y anegó comercios, oficinas, garajes y portales. Todos estaban en sobreaviso, pero nadie esperaba una inundación de semejante envergadura. Dos horas después de que el agua empezara a bajar en la Rochapea, pasadas las 15 horas, allí seguían. El cansancio y el frío llegó después, como fiel testigo de lo vivido.

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