Tecnología y adolescentes
Seis alumnos de la ESO cuentan qué supone el móvil en sus vidas
Seis alumnos de ESO, de 12 a 15 años, cuentan cuándo recibieron su primer móvil, para qué lo utilizan y si sus padres les controlan o no el tiempo de uso y los contenidos que ven. Las redes sociales, coinciden todos, se llevan la medalla de oro


Publicado el 08/12/2021 a las 06:00
Érase un adolescente a un móvil pegado. Igual que en el soneto de Quevedo y sustituyendo la nariz por esa parte de la extremidad superior, los alumnos de ESO son una generación de niños-jóvenes que utilizan el teléfono móvil para casi todo. Igual que sus padres. Como cámara de fotos, de vídeo, para hablar y comunicarse con sus amigos, escuchar música, jugar a videojuegos o ver series de televisión. Y cada vez lo hacen antes. Los seis adolescentes consultados para este reportaje explican que tuvieron su primer dispositivo entre los 11 y los 13 años. La mayoría, con conexión a Internet, y algunos, inicialmente, solo para hacer llamadas y jugar a videojuegos. Pero todos coinciden en “no estar viciados”, usar los teléfonos con prudencia y practicar otras actividades fuera de la red.
EDAD DEL PRIMER MÓVIL- La mayoría, a los 12 años (al empezar 1º de ESO)
Cumplir los 12 años suele ser sinónimo, en muchos casos, de recibir el primer teléfono móvil. Como le ocurrió al pamplonés Asier Cano Francés, de 12 años y alumno de 1º de ESO del IES Mendillorri. “Mis padres me lo regalaron el día de mi cumpleaños. No me lo esperaba y ¡fue una sorpresa!”, confiesa. A esa misma edad se lo compraron también a Cecilia Gallego Arriaga, alumna del mismo curso en el Liceo Monjardín. “Yo cumplo en abril y me lo dieron en junio de este año, cuando estaba a punto a terminar 6º de Primaria. La mitad de mis amigas ya lo tenían y la otra mitad, aún no”. Una situación similar que la que vivió Marina Moreno Mendoza, de 13 años y que ahora cursa 2º de ESO en el colegio San Ignacio (Jesuitas). “Me lo regalaron en agosto de 2020 antes de empezar 1º de ESO. Yo ya tenía 12 años. A casi toda mis amigas se lo fueron comprando entre ese verano y las vacaciones de Navidad”, recuerda. También a Miguel Azcona Ostolaza, de 15 años y estudiante de 4º de ESO en el IES Navarro Villoslada, le compraron su primer móvil al comenzar la ESO, con 12 años. “Fui de los primeros amigos en tenerlo”. Algo diferentes fueron los casos de Ignacio Muñoz Bayod y de Leyre Elía Agós. El primero, por haberlo recibido algo más tarde, en 2º de ESO, con 13 años e inicialmente sin Internet (entonces, solo para llamadas y juegos). “La mayoría de mis amigos ya lo tenían pero no me resultó difícil quedar con ellos. Hablábamos en el colegio o les llamaba a sus casas buscando el teléfono en el catálogo”, se ríe al recordarlo. Y en el caso Leyre Elías, por ser de las primeras en recibirlo. “A mí me lo compraron con 11 años, en 6º de Primaria. A esa edad se lo habían dado también a mi hermano mayor y había que ser iguales con todos”, bromea. “Además, yo soy muy social y lo necesitaba para quedar con mis amigos”, insiste.
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PARA COMUNICARSE- ‘Wasap’, Instagram y Tik Tok
Las relaciones con los amigos, compañeros de clase, padres, hermanos, abuelos... son los principales motivos que esgrimen los adolescentes respecto a su uso del móvil. “A mí me viene bien para comunicarme con mis padres cuando salgo del instituto. Y también para hablar con mis amigos”, asegura Asier Cano. Una opinión que corrobora Cecilia Gallego. “Yo llamo para hablar con mi madre. Pero, sobre todo, utilizo ‘wasap’ e Instagram para comunicarme con mis amigos. En Instagram solo acepto a las personas a las que conozco muy bien. No a cualquiera”, zanja. Marina Moreno asegura que el móvil le “entretiene” y que lo utiliza, sobre todo, para compartir fotos y vídeos con sus amigas y para hablar con ellas. “Me gusta ver vídeos en Tik Tok y también hablar con amigas que no van a mi colegio o que viven en otras ciudades. Con las redes sociales estamos en contacto”, asegura. Lo mismo cuenta Leyre Elía, a la que le encanta ver “los vídeos de la gente” en Tik Tok. “Yo no subo nada pero me gustar ver a los demás y comunicarme con mis amigos”. Aunque, confiesa esta joven, no dispone de mucho tiempo libre. “Entre el instituto, los estudios y los entrenamientos de baloncesto, estoy bastante ocupada. Nunca he estado ‘viciada’ con el móvil y me gusta hacer otras cosas”. Lo mismo que opina Ignacio Muñoz. “Se pueden hacer otras actividades mejores que estar todo el día con el teléfono. Como el deporte. Yo uso las redes sociales para hablar con mis amigos, Spotify para escuchar música; Instagram y Tik Tok, a veces; y también veo series en Netflix. Ahora he empezado con la nueva temporada de La casa de papel”. Miguel Azcona reconoce utilizar su teléfono, la mayor parte del tiempo, para hablar con amigos por a través de ‘wasap’ e Instagram (Tik Tok no le gusta demasiado, subraya).
VIDEOJUEGOS ‘ONLINE’- Más, entre los chicos
Los videojuegos ‘online’, en general, tienen más aceptación entre los chicos que entre sus compañeras de clase. A Asier Cano le gusta jugar al Minecraft en el ordenador o en el Ipad, más que en el teléfono. “Es un juego que me encanta y me divierte porque puedo construir a mi manera. Es muy creativo”, aplaude. Ignacio Muñoz prefiere jugar a la play con sus amigos (a Fornite o Rocket League, videojuegos ‘online’). Marina Moreno apunta que no tiene juegos en el móvil, aunque, a veces, se entretiene con alguno “sencillo”, como Geometry Dash, “un cuadrado en el que vas saltando”. Tampoco se ha instalado videojuegos en el teléfono Cecilia Gallego, aunque, a veces, juega en su casa con la Wii, al Jazz dance o Sport resort. A Leyre Elía, asegura, le aburren “bastante” este tipo de juegos. “Durante un tiempo, cuando se pusieron de moda, jugué al Among Us y al Clash Royale. Y ahora tengo uno de Harry Poter. Pero no lo uso mucho, la verdad”.
EN LA HABITACIÓN- Casi todos duermen con él
¿Los adolescentes se separan en algún momento de su móvil? La mayoría, casi nunca. Algo que tienen en común, por cierto, con sus padres y el resto de los adultos. Todos los alumnos de ESO consultados coinciden en dormir con el teléfono en la habitación aunque, aseguran, no lo utilizan por la noche. “Yo lo tengo bloqueado desde las 21 horas hasta las 7 de la mañana. A esa hora suena la alarma para ir al instituto”, cuenta Asier Cano. Lo mismo relata Cecilia Gallego. “Por la noche, lo dejo en el escritorio, al lado de la cama, con el despertador conectado. Pero nunca lo miro, porque si no, no duermo y para mí dormir es muy importante”, se ríe. En el caso de Leyre Elía, su madre les pide a ella y a sus dos hermanos (uno mayor y otra, pequeña) que apaguen el teléfono a las 22.30 horas para dormir. “Aunque siempre solemos quedarnos hasta las 22.45 y luego ya nos dormimos”, se excusa. Miguel Azcona asegura dormir siempre con el teléfono junto a la cama pero, subraya, no lo consulta nunca durante la noche.
CONTROL DE LOS PADRES- Bloquear y desbloquear para fijar horarios
Son varias las familias que establecen algún tipo de ‘control parental’ en el teléfono móvil de sus hijos, con aplicaciones digitales. Sobre todo, cuando los niños son más pequeños o acaban de estrenar teléfono. Asier Cano puede utilizar su móvil un máximo de dos horas y media al día. Después, se le bloquea y solo puede usarlo para hacer llamadas (pero no para consultar Internet). “Aunque, casi nunca llego a ese tope horario. Lo uso mucho menos”, reconoce. Y, por la noche, cuenta, lo tiene bloqueado entre las 21 y las 7 horas de lunes a viernes. “Los fines de semana me dejan usarlo más por rato por la noche”. Lo mismo le ocurre a Marina Moreno, cuyos padres, a través del Family link, también le establecen un límite horario y la pueden geolocalizar. “Así saben dónde estoy. Nunca me paso con el móvil. Entre semana, no tengo mucho tiempo libre”. Y, si desea bajarse una nueva aplicación, envía una solicitud a sus padres. “Generalmente, la suelen aprobar”. Ni Leyre Elía ni Ignacio Muñoz ni Miguel Azcona tienen, actualmente, ningún control parental. “Yo lo uso libremente, aunque mis padres lo pueden mirar cuando lo creen conveniente. Suelo utilizarlo unas tres horas al día pero cuando estudio no lo miro para no distraerme”, explica.
FINES DE SEMANA- Más horas de uso
“¡Claro que los fines de semana lo utilizo mucho más!” Así de tajante se muestra Leyre Elía sobre el tiempo de utilización del teléfono móvil. “Me encanta escuchar música y también ver series con mi hermana Nerea (12 años), las dos tiradas en la cama. Ahora estamos viendo Los cien, una serie sobre qué ocurriría si el planeta se volviera radiactivo”. Para Miguel Azcona, el tiempo de uso de los fines de semana depende de si sale o no con sus amigos. “Si vamos a algún sitio, apenas lo uso. Pero si me quedo en casa, lo utilizo mucho más. ¿Tiempo? No sé. Entre semana, una o dos horas. Los fines de semana, más, seguro”. Ignacio Muñoz también asegura utilizar su móvil más tiempo los fines de semana, excepto si está en época de exámenes.
GRUPOS DE WASAP- Cientos de mensajes
Dos, tres, cuatro o muchos más. Son los grupos de ‘wasap’ en los que habitualmente participan los alumnos de ESO. Al margen de uno con la familia (padres y hermanos) o con la familia extensa (abuelos, tíos, primos...), integran sobre todo grupos con sus amigos (suelen estar en varios), compañeros de clase, de otros grupos del mismo curso, del equipo de fútbol, balonmano o baloncesto, de las amigas de la playa... “Tengo varios grupos de amigos y en algunos, muy numerosos, mandan demasiados mensajes, que no se pueden seguir”, apunta Ignacio Muñoz. La misma opinión que sostiene Leyre Elía. “Cuando estábamos en 1º de la ESO se armó una liada... Algunos compañeros aún no tenían móvil y en el grupo del curso se metieron algunos padres. Pero claro, eso te corta el rollo...”, se ríe. A Cecilia Gallego le resultan “muy pesados” los grupos grandes. “Tenemos uno de todo el curso, en el que, de repente, miras y hay 1.900 mensajes entre stickers y ‘hola qué tal, bien, yo también bien’. ¡No se puede leer!”, se queja. Marina Moreno y Asier Cano aseguran tener menos grupos de ‘wasap’. “El de las amigas y el balonmano. Si no, te vuelves loca”, confiesa Marina. “Yo, solo con mis amigos y mi familia”, asegura Asier. La que participa en más grupos es Leyre Elía. “Creamos uno para cualquier cosa, a veces casi con las mismas personas. Por ejemplo, para ir al cine o dar una vuelta. Porque no siempre va todo el mundo a los mismos planes. Los creamos y luego nos salimos de ese grupo”.
OCIO- Música y series
Escuchar música en Spotify y ver series en plataformas, sobre todo en Netflix, son las principales formas de ocio de los adolescentes actuales con sus teléfonos móviles, al margen de las relaciones en la redes sociales. “A mí me encanta escuchar música en Spotify”, cuenta Cecilia Gallego. La casa de papel es la serie que está viendo ahora Ignacio Muñoz y Los cien, la que siguen Leyre Elía y su hermana, Nerea.
RELACIONES SOCIALES- Alumnos excluidos
Ninguno de los alumnos consultados dice haberse sentido excluido en ningún momento en grupos de ‘wasap’ o en las redes sociales. Pero todos conocen a compañeros que sí lo han estado en algún momento, aunque, creen, no han llegado a sufrir ‘ciberbullying’. “A veces, hay personas que para hacerse las ‘guays’ excluyen a otros del grupo. Eso no está bien”, reconoce Marina Moreno. Algo que también ha vivido Leyre Elía. “El primer año de tener el móvil, mis amigas creaban grupos en los que excluían a otras personas. Y entonces te tenías un dilema sobre qué hacer. Pero ahora ya no pasa tanto porque tenemos más experiencia”.
IMÁGENES SEXUALES- No suele ser habitual
Los adolescentes consultados coinciden en que, casi nunca, han recibido imágenes o vídeos de contenido sexual o violento. “Solo las mandan algunos para hacerse los ‘chulos’. Si surgen problemas de este tipo, inciden, las familias o los centros escolares intentan detenerlos.
Llevan el móvil al colegio o instituto pero lo tienen apagado en la mochila
Todos los adolescentes consultados coinciden en que llevan su teléfono móvil al colegio o instituto. Pero que no lo utilizan durante las clases sino que lo tienen apagado, en silencio o en ‘modo avión’ y guardado en la mochila o la taquilla. “Yo lo llevo porque así, al salir, puedo comunicarme con mis padres”, explica Asier Cano. Lo mismo que asegura Cecilia Gallego. “Lo meto siempre en la taquilla del colegio y solo lo uso para alguna clase en la que nos lo piden. Si no, nos comunicamos por Teams”, especifica Ignacio Muñoz. Igual que Miguel Azcona. “Solo lo usamos en algunas asignaturas. Para el resto, lo tengo apagado dentro de la mochila”.
Diferente es el caso de Leyre Elía Agós, que tiene diabetes, y utiliza una aplicación en su móvil para medirse los niveles de azúcar en sangre en el recreo (antes y después de almorzar) o en el momento en que lo cree necesario. “A mí me viene muy bien. Es muy práctico. Por eso, también me compraron móvil antes, en 6º de Primaria”.
Además, los alumnos de la ESO recalcan que no suelen dejar el móvil en la habitación mientras estudian. Para no distraerse. “Yo lo tiro bocabajo a la cama. Y solo lo cojo cuando he terminado. Aunque, a veces, tengo que hacer alguna consulta por ‘wasap’ sobre la tarea”, cuenta Cecilia Gallego. Igual que hace Ignacio Muñoz. “Lo intento sacar porque si no, me distraigo”. Leyre Elía asegura que solo lo usa para estudiar cuando tiene que hacer ejercicios que requieren “poca concentración”. “Entonces, lo utilizo para ponerme la música de fondo”.