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Superación

Sheila Varas: “Soy su madre y fui la única persona que no pudo ir a su funeral”

Sheila Varas, de 41 años, chocó con un árbol en abril. Su hijo de 8 años murió a los 5 días y ella quedó parapléjica. Este es su drama. Y su pelea

Sheila Varas Bueno, en el hospital de Toledo, donde trabaja en rehabilitación tras su accidente
Sheila Varas Bueno, en el hospital de Toledo, donde trabaja en rehabilitación tras su accidenteCEDIDA
Actualizado el 13/10/2021 a las 10:58
La tarde del viernes 23 abril cambió para siempre la vida de esta vecina de Puente la Reina de 41 años. Minutos después de las 17.30 horas sufrió un grave accidente de coche que costó la vida a Gorka, su hijo de 8 años, y a ella le ha provocado la falta total de movilidad y de sensibilidad de cintura para abajo. Por teléfono, atiende esta entrevista desde el Hospital Nacional de Parapléjicos, en Toledo. Su mente recuerda a flashes aquellas horas trágicas y, algunos detalles, cuenta, incluso se han desdibujado en su memoria. “No sé ni qué coche. de los dos que había en casa, era el que conducía aquella tarde, ni tan siquiera la ropa que llevaba puesta. No lo recuerdo”. Quizá, le han dicho, para poder seguir viviendo.
Parte de lo que ocurrió inmediatamente después, se lo han contado otros. “Conocía a una policía que intervino en el rescate y cuando hemos hablado después ella me ha dicho que cuando me sacaban del coche y me metían en la ambulancia sí hablaba, que les preguntaba todo el rato por mis hijos. Les decía que al pequeño lo oía hablar, pero que el mayor no me respondía. Yo no recuerdo nada de eso. Lo primero que se me viene a la mente es despertarme en la UCI, muy sedada, empezar a preguntar a los médicos, a mi marido, y que, muy poco a poco, me fueran contando la verdad”.
Cruda, humana y muy precisa, comparte su testimonio con el propósito de concienciar (ha prestado su rostro y experiencia a campañas como la de ‘Ponle Freno’, de Atresmedia y Fundación Axa, con víctimas de accidentes de tráfico). “Ayer yo estaba como tú y hoy no voy a volver a andar. Antes, yo sabía que estas cosas pasaban, las veía en la tele.Pero pasa, y es de verdad”. En varias respuestas, rompe a llorar.
¿Qué recuerda del accidente?
Muy poco, en realidad. Lo he borrado. Habíamos quedado para el cumpleaños de una compañera de clase de Gorka, y lo celebraba a las 18 horas en un salting, en Pamplona. Salimos de casa como a las 17.30 y los niños iban como siempre, sentados detrás. He ido miles de veces por esa carretera (lleva 6 años viviendo en Puente la Reina y va todos los días a trabajar a Imárcoain), y no recuerdo que pasara nada especial que explique por qué perdí el control. Es una recta saliendo de Puente en dirección a Obanos y ahí, según el atestado de la Policía Foral, porque yo no me acuerdo, me salí de la vía, me desvié tanto, que acabé pegando a un guardarraíl, que disparó el coche como una catapulta y chocamos contra un árbol. Pero ya te digo que no fui consciente. Yo me desperté en la UCI y me fueron contando después. Solo a veces he tenido algún recuerdo, porque a mi marido sí le dije que sabía que habíamos dado vueltas de campana, pero se me hace confuso...
¿Qué pudo pasarles?
No se sabe, no hay respuestas. Buscaron huellas de frenada, si pudo ser un fallo mecánico del coche, hasta me miraron el móvil por si lo iba usando y me distraje, pero estaba dentro del bolso, sin tocar... ¿Que me hubiera vuelto hacia atrás para mirar a los niños? ¿Un mini mareo? No sé, no había tenido nunca antes... Mi laguna mental de esa tarde va desde que salgo de casa para ir al cumpleaños hasta que me despierto en la UCI.
¿Cómo fue ese momento de abrir los ojos y estar en un hospital?
Sé que he tenido un accidente, pero no cómo ha sido. A la vez, estoy muy sedada. Recuerdo estar 3-4 días como muy anestesiada, me despertaba pero al poco rato me volvía a dormir, con muchos tubos y vías... En el golpe sufrí muchísimas fracturas (además de la lesión en la columna, relata, se rompió costillas, esternón, la pelvis por dos lados y la nariz).
¿Qué información le dan?
Yo pregunto por los niños a mi marido, al médico. Me cuentan que Gorka está en la UCI, que está grave, y yo les insisto, cuánto de grave, pero al principio no me dan información muy concreta. Del pequeño, Aimar, me dicen que está en Observación, que aparentemente no tiene lesiones externas pero que lo van a mirar bien, que se queja del cuello...
¿Y de usted?
Me explican que estoy en la UCI yo también, que hemos tenido un golpe muy fuerte con el coche y que yo tengo una lesión en la columna. Tienen que operarme, pero lo más urgente era despedirnos de Gorka.
No había posibilidad de salvar a su hijo mayor.
Sí. El accidente fue el 23 y el 27 es cuando vienen a hablar conmigo. Después del golpe, Gorka estuvo una hora en parada cardíaca. Los médicos me contaron que estaba muy grave, que el equipo de la UCI pediátrica lo había intentado todo pero que no respondía a los estímulos. Estaba en muerte cerebral y había que desconectarlo de la máquina. Nos daban esa información para que pudiéramos despedirnos de él y decidiéramos si queríamos o no donar sus órganos. Me bajaron en cama, junto a mi marido, y nos despedimos. Estábamos en shock. Decidimos donar, total, la tragedia ya la tienes y si aunque sea puedes ayudar a otros... Pregunté después a los médicos y me dijeron que el día después de su muerte se había podido aprovechar su corazón, que ya latía en otro niño en Madrid.
¿Cuándo pudo volver a Aimar, su hijo pequeño?
El 3 de mayo, cuando pasé a planta. Él estaba bien, pasó 2 o 3 días en Observación y ya después se fue a casa. No se me olvidará que era el 3 de mayo, porque el 4 es mi cumpleaños. Yo todavía estaba sin poderme mover, tumbada boca arriba, con collarín. Lo auparon y me dio un abrazo y un beso. También me preguntó a ver si estaba malita.
¿Ya sabía entonces el alcance de su lesión?
Los primeros días estuve muy centrada en mi hijo y pensaba que el hecho de no tener sensibilidad en las piernas o no poderlas mover podía ser un efecto de la medicación, pero una vez que paso a planta veo que hay algo más. Cuando me ponen las vías en los brazos sí las siento, pero en las piernas no noto nada. Paso a paso ya me van contando que mi lesión es completa (irreversible y total) y que me van a llevar a Toledo a un centro especializado en lesiones medulares donde los pacientes reciben rehabilitación, gimnasio, terapia, etc. El 17 de mayo, en ambulancia, me llevan a Toledo, y aquí sigo. La media de estancia es de unos 6 meses, así que espero que unas semanas me den el alta.
¿Cómo es su día a día ahora?
Cuando te dicen que vas a estar en una silla de ruedas lo normal es que pienses que tu mayor problema a partir de ahora es que no vas a poder andar. Y sí, ese es tremendo, pero luego te das cuenta de que es una lesión que implica mucho más. En mi caso la columna está rota a la altura de donde, más o menos, te abrochas el sujetador. De ahí para abajo no hay movilidad o sensibilidad. Eso implica aspectos tan importantes como el control de esfínteres o tu sexualidad, que tienes que readaptar. En otro plano está el aspecto mental. Tienes que convivir con todo eso. Aquí hay un equipo especializado que te ayuda. Por ejemplo, está el gimnasio, donde trabajas muchos ejercicios de equilibrio y de fuerza, de brazos y abdominal. Eso te va dando cierta autonomía. Para pasar de la silla de ruedas al coche, de la silla a la ducha, a la cama, vestirme o desvestirme. Llevar la silla... Al principio me tenían que llevar a todos los lados. Peinarme...
Volver a valerse por sí misma.
Sí, ten en cuenta que yo pasé dos meses encamada. Físicamente tenía cero músculo. El primer día que conseguí pasar de la cama a la silla viví una mezcla de emociones. Volvía a ver el mundo en vertical, pero a la vez pensé, qué horror, ahora este va a ser mi mundo para siempre.
Lo del gimnasio está claro, pero, ¿cómo se trabaja psicológicamente un caso como el suyo?
Buff (resopla). Es muy duro. Yo al principio me decía: no quiero ir en silla, tengo que andar, estaba obsesionada con eso, con que iba a volver a caminar. Pero no. Y comienzas a darte cuenta de todo lo que no puedes hacer: no puedo jugar con mi hijo, no puedo bailar. Todo se te viene encima. Qué horror, voy a ser una carga, un lastre, un estorbo... Entonces te caes muy, muy abajo. Me quería ir con Gorka. Solo dormir e irme con él. Sin mi hijo y sin mis piernas, no quiero pelear. ¿Qué sentido tiene todo entonces? Cuando llegas a ese punto juega un papel importante la ayuda psicológica de tu entorno y del equipo del hospital.
¿En qué sentido?
Aunque no te apetezca, conforme te vas levantando todos los días y cumples tus rutinas, ves pequeños avances. Un día es ponerte una coleta, otro que puedes ponerte la sonda y pasas el fin de semana fuera del hospital, vas cogiendo fuerza, te duchas sola... También influye mi manera de ser. Soy muy peleona, muy cabezona, muy persistente. Aunque lloro todos los días, intento sacar fuerzas para luchar. Joder, me cuesta mucho. Soy la madre de Gorka y soy la única persona que no ha ido a su funeral. No he vivido el duelo. No soy capaz de ver sus fotos o sus vídeos. Esa herida me va a acompañar toda la vida. ¿Seré capaz de vivir con ella? ¿Volver a ser feliz? No creo, pero a veces pienso que sí puedo volver a tener momentos de felicidad.
¿Cómo se imagina en un año?
Voy día a día, pero en Puente. Hemos estado dándole a vueltas a la posibilidad de marcharnos, pero nuestro hijo pequeño ya ha vivido suficientes cambios. De un día para otro se ha quedado sin padres (su marido la acompaña en Toledo) y sin hermano. Está muy arropado porque la familia de mi marido son 8 hermanos y son una piña cuidando de él. Estamos pensando en reformar la casa poque es un adosado y necesito un montacargas o elevador para salvar las alturas y me gustaría no quedarme solo en la incapacidad, sino pensar la manera de volver a trabajar. Quizá una fórmula con menos horas, porque antes terminaba a las 19 horas y ahora quiero priorizar las cosas importantes y buscarle a mi hijo en el colegio. Tengo proyectos, sí, pero también miedos. Ahora estoy muy centrada en mi rehabilitación aquí, pero, ¿cuándo vuelva a casa? Todo me va a recordar a Gorka y a mi vida de antes. A la vez, hay que luchar. El hijo pequeño me pregunta a ver cuándo voy a volver y a ver por qué no está Gorka conmigo en el hospital curándose también. Ya le hemos dicho que ahora es una estrella en el cielo y que tenemos que mirarla para que nos dé fuerza. Pues eso intentaremos. Día a día.

DNI

​Sheyla Varas Bueno nació en Pamplona el 4 de mayo de 1980. Estudió Turismo y durante 13 años trabajó en una agencia de viajes de la capital navarra. En octubre de 2019 cambió de trabajo a un puesto más administrativo en una empresa del sector de la automación en Imárcoain. Está casada con Mikel Arguiñano, mecánico en un taller de Puente la Reina. La familia de su marido es originario de Artazu, pequeño municipio a muy pocos kilómetros de Puente la Reina y, aunque la pareja residía inicialmente en Sarriguren, hace 6 años se mudaron a un adosado de Puente, localidad en la que hacían la vida, cuenta. Han sido padres de dos niños: Gorka, de 8 años, que falleció a los cuatro días del accidente, y Aimar, que en noviembre cumplirá 6 años. En el siniestro, ocurrido el 23 de abril en término de Obanos, Sheyla Varas sufrió una lesión medular irreversible. Pasó tres semanas en la UCI y desde mediados de mayo está ingresada en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde sigue su rehabilitación. En unas semanas confía en recibir el alta.

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