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Economía Postcovid

Camioneros: vocaciones que nacen y otras que se queman

Las malas experiencias laborales y la falta de consideración hacia estos profesionales terminan frustrando a muchos que comenzaban con ilusión

Andoni Berastegi posa junto a su camión
Andoni Berastegi posa junto a su camiónJ. A. GOÑI
  • C. L. Pamplona
Actualizado el 10/10/2021 a las 11:04
La imperiosa necesidad de encontrar nuevos camioneros en el sector del transporte para cubrir las bajas de jubilados y de quienes acaban renegando de la profesión es síntoma inequívoco de las dificultades para mantener en marcha toda la flota de vehículos pesados en Navarra. Un problema que está yendo a más año a año y que ha llevado a la Asociación Navarra de Empresarios de Transporte (ANET) a poner en marcha un programa de ayudas, financiado por el Gobierno de Navarra, para facilitar el acceso a la profesión.
Obtener la licencia de conductor de tráiler, que exige disponer del carné C+E y un curso de capacitación especializado, ronda un coste de unos 1.600 euros, cantidad suficientemente elevada para desalentar a buena parte de las escasas vocaciones que surgen en la Comunidad foral. Para allanar un poco el camino, actualmente hay una subvención pública de 900 euros para todos aquellos dispuestos a dar un paso adelante, cantidad que ha servido para animar a unos cuantos a probar suerte. “Tal vez la difusión ha fallado, pero solo hemos completado la mitad de las plazas disponibles”, lamenta Natalia Aguirre Iruso, responsable de formación y empleo de ANET.
Entre los intrépidos que se suman a este programa hay dos perfiles, según explica Natalia Aguirre. Por un lado, están los jóvenes con 21 años, la edad mínima para llevar un tráiler, o pocos más que tienen un pariente cercano que se jubila y les puede pasar un camión. Por otro, personas con más de 40 años que huyen de sectores precarios y aspiran a mejorar sus ingresos. Entre los primeros está Charlie Iriarte Narváez, con 22 años y tres trabajando de camarero, que espera crear su propia empresa “en tres o cuatro años”. Y entre los segundos se situaría Gheorghe Grigoras, moldavo de 40 años que se ha dedicado hasta la fecha de peón de almacén y en la construcción. Ambos están igual de ilusionados con un mejor futuro laboral que consideran que les puede brindar el camión, aunque son conscientes de que el sector del transporte no atraviesa su mejor momento. “Dicen que está mal pagado y que antes se ganaba más, pero ingresar 2.000 euros al mes está muy bien aunque tengas que meter muchas horas”, señala Charlie Iriarte. Lo mismo piensa Gheorge Grigoras, que está cansado de los bajos salarios de sus antiguos trabajos.
Gheorghe Grigoras y Charlie Iriarte, en el acceso a ANET
Gheorghe Grigoras y Charlie Iriarte, en el acceso a ANETJESÚS CASO
 "POCO VALORADOS"
Andoni Berastegi Iriarte, de 28 años, lleva seis años ganándose la vida como camionero tras trabajar en un almacén logístico, una experiencia de la que salió escaldado a los pocos meses de empezar tras obtener el grado superior de Formación Profesional. Con 22 años, le hacía ilusión conducir un tráiler y su padre, gerente de la empresa Transportes Argi, le consiguió la ruta Gijón-Pamplona. Aunque las condiciones de horarios y descansos “eran muy precarias” le sirvió para bregarse en la carretera y dar el salto al transporte nacional ya como asalariado. “Viajé por toda España durante año y medio. Conocí muchos sitios y era bonito, no tenía tanta sensación de estar trabajando”, recuerda de esas primeras vivencias como camionero.
Sin embargo, los sinsabores de la profesión le fueron calando poco a poco. El principal problema está en que nadie valora el trabajo de los camioneros, según relata Andoni Berastegi, lo que se refleja en un trato muy poco considerado que frecuentemente les dispensan muchas empresas a las que se lleva la mercancía: “Llegué a las diez para descargar a las once y, cuando vi que no me llamaban, salí del camión a preguntar. Me contestaron de malas maneras y me tuvieron esperando hasta las cinco de la tarde”. Según le explicaron los más veteranos del sector, es muy habitual encontrarse con esas situaciones, a lo que se une el cansancio acumulado por el miedo de sufrir un robo en las áreas de descanso, donde conviene dormir “con un ojo abierto y otro cerrado”.
Su entusiasmo inicial por los camiones se fue enfriando y a los dos o tres años empezó a sentir que se estaba quemando con la profesión. También le fue minando por dentro la ausencia de camioneros de su edad allí donde paraba y el continuo malestar que le transmitían aquellos compañeros que, con muchos años a sus espaldas, le recomendaban dejarlo mientras pudiera. Ahora lleva cuatro años haciendo transporte comarcal, lo que implica recorridos a las provincias limítrofes que le permiten dormir en casa prácticamente a diario, pero está cursando simultáneamente el grado medio de técnico en emergencias sanitarias para dar el salto a conductor de ambulancias. “Por lo que me han comentado, tienes un horario fijo, mejores condiciones salariales y también me gusta más”, argumenta.
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