Infancia y salud

Anastasia Nimchuk: “Si no fuera por esta ayuda, ya le habría dado biberón”

Había leído libros y visto vídeos de lactancia materna en el embarazo. Pero la realidad está siendo más dura de lo esperado. Esta joven ucraniana, que dio a luz el 4 de agosto a Daniel, recibe ahora ayuda para establecer la lactancia

La matrona Susana Urzaiz pesa a Daniel Nimchuk, después de la toma que hizo en la consulta
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La matrona Susana Urzaiz pesa a Daniel Nimchuk, después de la toma que hizo en la consulta
La matrona Susana Urzaiz pesa a Daniel Nimchuk, después de la toma que hizo en la consulta

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 27/09/2021 a las 06:00

Anastasia Nimchuk y su hijo Daniel descansan en un sillón. La joven, que acaba de cumplir 25 años, sin sujetador, ofrece el pecho a su bebé. Y el niño, solo con el pañal, busca ansioso el pezón de su madre y se revuelve porque tiene prisa por alimentarse. Así, juntos, practicando el método piel con piel, madre e hijo, escuchan las indicaciones de la matrona, sentada a su lado y a su altura. En sentido literal y figurado. La tercera protagonista de esta historia es Susana Urzaiz, matrona responsable de la Unidad de lactancia del Complejo Hospitalario de Navarra, que, con mucha calma y paciencia, atiende a diario a entre cinco y siete ‘binomios madre-bebé’ con dificultades para establecer la lactancia materna. Es el caso de Anastasia, que dio a luz a su primer hijo el pasado miércoles 4 de agosto, a la 1.27 horas de la madrugada. “Me decían que el bebé venía muy pequeño y por eso me provocaron el parto”. Finalmente, el niño pesó 2.870 y midió 47 centímetros. “No tan pequeño como esperábamos”, se alegra.

Pero los problemas vinieron después. En su segunda noche de vida, aún en el hospital, el bebé no paraba de llorar porque tenía mucha hambre y la madre aún no había experimentado la subida de la leche (alrededor de 48 horas después de dar a luz). “Me hacía tanto daño en los pezones, que la que lloraba era yo”, recuerda esta joven, nacida al oeste de Ucrania, que llegó a Pamplona hace cuatro años y empleada en el servicio doméstico. A su lado, su marido, Olenksandr Nimchuk, de 26 años y trabajador autónomo en labores de mantenimiento, la apoya en la tarea de alimentar a su hijo.

Antes de salir de alta en el hospital, la pareja ya recibió la visita de Susana Urzaiz, a la que habían avisado las enfermeras y matronas de la planta. “La volví a citar al día siguiente en la consulta porque el niño pesaba poco y tenía dificultades de succión”, cuenta. Así, le quitó el frenillo (pliegue de mucosa que une la lengua a la boca y que impide mamar) y le ayuda con un ‘suplementador’ (una jeringuilla con leche de la madre o de fórmula que pasa a la boca del niño a través de una cánula de plástico, al mismo tiempo que mama). “Ahora nos centramos en el método y nos olvidamos de lo que antes era solo el biberón. Cuando un niño necesita un refuerzo, usamos diferentes métodos (jeringuilla, cucharilla, cánula) pero no tetina de biberón. Para que no se equivoque ni haya interferencias. El bebé se cree que está mamando, aunque la leche le venga de otro lado”. En el caso de Daniel, la leche que recibe en el ‘suplementador’, junto con la de su madre a través del pezón, es de fórmula (artificial). Aunque la idea es retirarla cuando se pueda. “Yo siempre tuve claro que quería dar el pecho a mi hijo porque es lo mejor que le puedo regalar. Y lo voy a seguir intentando. Gracias a la ayuda, ¡lo voy a conseguir! Solo hay que tener paciencia”, confía la joven.

CONSEJOS DE AMIGAS

Anastasia ha dado a luz a su primer hijo lejos de su país y su familia en plena pandemia. Pero, asegura, no sentirse sola. “Todo el mundo ha sido y es muy amable conmigo. Los ginecólogos, matronas, enfermeras, pediatras... Y ahora, Susana, que me está ayudando mucho. Si no fuera por todo este apoyo, me habría rendido y ya le habría dado a mi hijo biberón. Porque el llanto te vuelve loca y, por la noche, solo quieres que coma y se duerma”, confiesa.

En su país, recalca, la lactancia materna está “más de moda” que en España. “Sobre todo, porque es más barata. Las mujeres, en general, no se plantean dar a sus hijos biberón porque la leche artificial cuesta mucho dinero”. Su madre, que ha conocido a su nieto a través de videollamada y de vídeos por ‘wasap’, no se atreve a darle consejos. “Yo soy la pequeña y dice que lo que vivió ella conmigo hace 25 años ya no está de moda y que yo sé más”, se ríe. “Mi hermana, que tiene un niño de 7 años, sí que me cuenta su experiencia, porque es más reciente”. ¿Y las amigas? “Ellas comparten sus casos pero todos son distintos”. Urzaiz recuerda que existe una normativa de lactancia para enseñar y ayudar a las madres.

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