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Meteorología

Así funcionan las témporas y las cabañuelas, el sistema que usó el joven de 14 años para precedir otra Filomena en 2022

Son dos métodos de predicción popular que se basan en la observación del tiempo de días concretos para extrapolarlo al resto de la estación, en el caso de las témporas, o el año, en el caso de las cabañuelas

Imagen del paso de Filomena por Tudela
Imagen del paso de Filomena por TudelaBLANCA ALDANONDO
Actualizado el 25/09/2021 a las 08:35
El refrán popular ya lo avisa: “en San Blas, la cigüeña verás; y si no, nieve tendrás”. Y ahora lo hacen también aquellos aficionados que intentan adivinar estos días cómo será el próximo año. El joven meteorólogo que predijo Filomena gracias al sistema de las cabañuelas lo tiene claro. Volveremos a sufrir un temporal con grandes nevadas e incluso se atreve a dar una fecha exacta: el 24 de enero.
El doctor en Geografía y especialista en Climatología Javier María Pejenaute Goñi explica que este método de predicción del tiempo popular, o más concretamente las témporas, “estuvo muy extendido en el medio rural navarro y, en la actualidad, algunos aficionados aún lo siguen con entusiasmo”. “Todavía hoy, estas fechas se anuncian en los almanaques –calendarios populares– que salen antes del comienzo del nuevo año”, cuenta. “Es lógico pensar que en los lugares en donde existe dificultad para obtener una buena cosecha por la irregularidad del tiempo se hayan desarrollado estas costumbres que forman parte de nuestra cultura o acervo popular”.
Las témporas, más extendidas en Navarra que las cabañuelas, se basan en una observación que abarca no sólo a la lluvia o al sol, a la dirección e intensidad del viento o la nubosidad del cielo, sino también a aspectos relacionados con los animales y las plantas. Se trata, además, de una tradición religiosa relacionada con el ayuno. “Coincidían con el tiempo de ayuno que tenía lugar al comienzo de cada una de las estaciones del año. Fueron fijadas por el papa Calixto I, que murió en el año 222, en tiempos del emperador romano Alejandro Severo. Durante estos días se aconsejaba ayunar, realizar ofrendas y hacer penitencia”, relata Pejenaute.
Estas jornadas de ayuno en la que los antiguos agricultores y ganaderos observaban el tiempo se han transmitido de padres a hijos y han llegado hasta los aficionados de la actualidad, que repiten lo que aprendieron de sus mayores. “Consiste simplemente en fijarse en el tiempo en los tres días de las témporas y aplicarlos, uno a uno, a los tres meses siguientes. A nivel general, si ha habido chirimiri y brisa del norte, el mes correspondiente será fresco y húmedo, y si ha sido cálido con viento del suroeste o sureste, el tiempo será cálido y bochornoso”, explica.
TANTAS TÉMPORAS COMO OBSERVADORES
Pejenaute cuenta que no todos estos observadores del tiempo escogen a ciencia cierta los días de observación. “Hay quienes pronostican el tiempo de cada estación partiendo de lo sucedido el miércoles, viernes y sábado previos a los equinoccios y solsticios y consideran que el tiempo dominante en estos días de cambio de estación es un aviso o señal de lo que va a suceder en los meses siguientes”. “Para otros, el tiempo del miércoles y el viernes avisa de cómo sería el predominante en el primer mes y medio de la estación, mientras el sábado es señal de lo que sucedería en los últimos días”, desarrolla.
Tradicionalmente, algunos de estos meteorólogos populares creían que el tiempo del mes sería como el del tercer día, y otros se fijaban en el día 27 de cada mes. “Había quien pensaba que si el mes comenzaba en viernes y hacía bueno, el resto también. Otros se fijaban en la dirección del viento a las doce de la noche del sábado, último día de las témporas”, afirma.
Pero no todas estas variantes de predicción gozaban de la misma credibilidad entre los labradores. “En algunos pueblos de los valles cantábricos navarros, las más estimadas eran las de otoño, concretamente las de San Mateo, día 21 de septiembre. Quizás, esto era debido no sólo a la devoción por este Santo, sino a la importancia de los cultivos, como el maíz, en esta estación del año”, cuenta.
TÉMPORAS Y CABAÑUELAS
Las témporas están mucho más extendidas en Navarra que el método de predicción basado en las cabañuelas, aunque según explica Pejenaute, en ciertas zonas del territorio navarro se empleaba este sistema. “En algunos pueblos del norte de Navarra o sur de Francia, como es el caso de Sare, se creía en las cabañuelas de enero; es decir, se trataba de adivinar el tiempo del año entrante considerando los primeros días del comienzo de año (con el tiempo del 1 de enero se interpretaba julio; con el del 2 de enero, agosto; con el del 3 de enero, septiembre...). A los doce primeros días de enero, los cuales representan los meses del año en las cabañuelas, se les llamaba zotal-egunak”.
Por lo tanto, la principal diferencia entre el método de las cabañuelas y el de las témporas radica en que el primero consiste en predecir el clima del próximo año de acuerdo con el tiempo concreto de un período determinado. Como norma general, “los aficionados observan el cielo del 1 al 12 de agosto; el uno de agosto nos dirá cómo será enero, el dos de agosto, febrero, el tres marzo. Y así sucesivamente hasta el doce, diciembre”, detalla Pejenaute. La de Navarra, o más concretamente la de Sare, es una variante del sistema de cabañuelas, trasladando la observación a los 12 primeros días de enero.
PREDICCIÓN POPULAR VS. METEOROLOGÍA
Sobre si se trata de métodos fiables de predicción meteorológica, Pejenaute responde que, desde el punto de vista científico, “las témporas y cabañuelas carecen por completo de sentido a la hora de obtener predicciones. No es posible realizar una predicción correcta basándose solamente en el estado actual de la atmósfera en un lugar y día concreto, ya que el tiempo no evoluciona de forma independiente en unos sitios de otros”. Además, continúa, “hay que tener en cuenta que las témporas no dan pronósticos concretos, sino los dominantes de la estación o del mes. O sea, nos dirán que tal estación o tal mes va a ser cálido, templado o frío. Por lo tanto, su comprobación posterior no es sencilla”.
Aun así, argumenta, “son métodos de meteorología popular, que, transmitidos de padres a hijos, adquieren importancia por haber perdurado durante mucho tiempo. Forman parte de nuestro patrimonio cultural y merecen ser conservados y estudiados”.
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