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Pandemia de la covid-19

Felipe, ingresado por covid: “Me negué a ponerme la vacuna y ahora me arrepiento”

Felipe y Lina son matrimonio y padres de dos niñas de 5 y 6 años. Él, de 35, se negó a vacunarse contra la covid. Pero enfermó en julio con neumonía bilateral y tuvo que ser ingresado. Por el contrario, ella, vacunada, no se infectó.

Pipe y Lina posan en el salón de su casa el miércoles pasado
Pipe y Lina posan en el salón de su casa el miércoles pasado Iván Benítez
Publicado el 20/09/2021 a las 06:00
“¿Sabes qué es no poder moverse, no poder comer, no poder levantar una cuchara, no poder respirar? La muerte es peor que cualquier secuela que te pueda dejar la vacuna”. Felipe, Pipe, no puede evitar emocionarse en el salón de su casa al recordar lo vivido a finales de julio.
Todo empezó, comienza su relato, con un poco de fiebre y malestar en general. Se hizo la PCR y dio positivo, al igual que sus dos hijas, de 5 y 6 años. Por el contrario, su pareja, Lina, de 42, dio negativo. Solo ella estaba vacunada hasta ese 20 de julio. Y eso que su marido había recibido la citación para vacunarse, que obvió. No quiso hacerlo. Y lo que parecía un malestar general acabó en un torrente imparable de complicaciones. La fiebre aumentó y aparecieron repentinos ataques de tos que sentía como “puñaladas”, describe. Se asfixiaba. Así aguantó cinco días, en casa, hasta el 26 por la tarde, un día antes de cumplir 35 años. Decidió presentarse en el centro de salud de Doctor San Martín (Pamplona), donde le hicieron una placa y le derivaron al servicio de Urgencias del Complejo Hospitalario de Navarra. Después de cuatro horas de espera, recibió un tratamiento ambulatorio y regresó por su propio pie a casa. Pero todo se precipitó aún más. Y de qué manera.
Porque tres días después de que Pipe pisara urgencias y mientras sus hijas jugaban esperando a que les preparara el desayuno, él se quedó sin fuerzas. Trataba de respirar sin conseguirlo. Solo se calmaba si se tumbaba en el suelo y estiraba las piernas. Lo veía todo borroso, incluso empezaba a perder visión. “Me estoy yendo”, “me muero”, llegó a pensar. Lina se encontraba trabajando, limpiando un par de horas una casa. El protocolo lo permite estando vacunada y si ha dado negativo. Así que cuando Lina regresó, vio a las dos niñas jugando en el cuarto, sin desayunar, y a su marido en el suelo sin poder moverse, entre lágrimas... En ese momento, comprendió que se encontraba grave. Los dos lo sabían, por eso lloraba. Habían escuchado antes historias parecidas en televisión, pero no las sintieron próximas, quizá porque eran relatos reducidos a simples estadísticas, explican. La ambulancia no tardó en llegar y trasladar a Pipe a Virgen del Camino con neumonía bilateral a causa de la covid-19.
¿Cómo vivieron el inicio de la pandemia en marzo de 2020?
Pipe: Con normalidad, trabajando repartiendo paquetería todos los días. Cuando todo el mundo estaba encerrado en sus casas, yo trabajaba en la calle. Estábamos solos con policías, ambulancias y funerarias. Fue una locura, ni en diciembre habíamos tenido tanto trabajo.
Lina: Hemos pasado mucho miedo desde el principio. He estado muy preocupada por si volvía a casa con la enfermedad. Y era una temporada en la que trabajaron más. Puerta a puerta. Y no podía dejar de trabajar porque era el único que traía entonces ingresos a casa y es autónomo.
¿Qué se sentía?
Pipe: Andábamos bien protegidos, siempre con miedo de no contagiarnos, sin contactar directamente con los clientes. Dejábamos en el ascensor o tocábamos en las puertas, te alejabas y adiós. Ni siquiera tocábamos las puertas.
¿Eso significa que creía en la existencia del virus y que tenía miedo a contagiarse?
Pipe: Al principio sí, pero ya después dejé de sentir miedo cuando empezamos a ver que los compañeros lo habían pasado y el virus se comportaba como una simple gripe. Nada grave. Eso es lo que creía entonces. Me guiaba por lo que veía en la televisión.
Lina: Sí, luego Pipe se relajó y fue cuando se contagió.
¿Qué vio en televisión que le hizo cambiar de opinión?
Pipe: Escuchaba informaciones contradictorias de periodistas y médicos. Y se hablaba de muertos, pero no se veían ataúdes. Solo números y más números. No sé, quizá no me identificaba con lo que ocurría porque no me tocó de cerca.
Es decir, las informaciones contradictorias y las estadísticas le hicieron dudar.
Pipe: Claro, a mí y a otras muchas personas. Las informaciones contradictorias son peligrosas.
Lina: Pipe se hizo negacionista. No veíamos personas y pensaba que todo lo que veíamos en televisión solo era para asustarnos. Él creía que la vacuna era para controlarnos con algún tipo de chip. Luego ha visto que muchos familiares han enfermado y han fallecido y todo esto le ha ayudado a tomar conciencia.
¿Qué conversaciones mantenían en casa sobre este tema?
Lina: Yo tenía claro que quería vacunarme desde un primer momento porque soy asmática y sé lo que es pasarlo mal por no poder respirar. Yo le decía que esta enfermedad sin vacuna me iba a llevar por delante y que prefiero arriesgar a sufrir posibles secuelas que morir. Y él me trataba de convencer diciendo que la vacuna era una bobada y que solo quieren controlarnos y no sirve para nada. Se comportaba como un negacionista.
Y, de repente, llegó diciembre y se inocularon las primeras vacunas a los mayores. ¿Qué pensaron en ese momento?
Pipe: Que no me quería vacunar. Me daban más miedo los efectos secundarios de la vacuna.
¿Cómo fue el proceso de vacunación?
Lina: Primero me llegó a mí el mensaje al móvil con la cita. Con la primera dosis lo pasé mal por los síntomas, dolor de cabeza, pero solo un día. Con la segunda no sentí nada. Trabajé normal, sin problema. Y cuando le llegó el SMS a él, se hizo el loco. Ni devolvió la llamada ni tampoco cogió el teléfono. Y pasó lo que pasó.
Pipe: Si me llamaban de algún teléfono que no era de mis contactos, no respondía.
Y días después de recibir el mensaje de la citación, se contagió.
Pipe: Sí (suspira). No sé si me contagié en un bar, con unos amigos, un domingo en una celebración sin mascarillas con la familia, trabajando, por la calle… No lo sé.
¿Cuándo y cómo empezaron los síntomas de la covid-19?
Pipe: Esto empezó un lunes con fiebre débil. El martes aumentó y me sentí muy mal. Al día siguiente, me recuperé, me hice la prueba y di positivo. Era un 21 de julio. A partir de ahí me fui a casa. Aguanté unos días con fiebre alta, con dolor en el cuerpo, como si te aplastara algo. Y empezó la tos, que fue lo peor. Eran ataques que no me dejaban respirar. Así estuve unos días. Solo podía tirarme al suelo y estirar los pies. Y al rato me calmaba. Ver a mis hijas me reanimaba. Fue muy duro porque cuando me incorporaba, dejaba de respirar. El 26 de julio decidí ir al centro de salud San Martín. Me acuerdo porque al día siguiente era mi cumpleaños. Me hicieron una placa y me mandaron directamente a urgencias, pero en el hospital me tuvieron cuatro horas esperando. Finalmente, me dieron un tratamiento ambulatorio y me marché. El 29 solo podía llorar. Lina entró en la habitación para despertarme y se me saltaron las lágrimas. Lloraba porque sabía lo que me esperaba. No podía moverme ni respirar. Fue duro.
¿Cómo fueron esos días en Virgen del Camino?
Pipe: De mucha soledad. Lina tenía que estar con las dos niñas, que seguían contagiadas. Solo pensaba en mis hijas, en la familia, en poder salir. En comer todo lo que me dieran y coger fuerzas. Y cuando salí sí que pensé en la vacuna.
Lina: Lo mal que estaría que hasta comió verdura, que no puede con ella (ríe). Fueron días de mucho estrés porque no sabíamos qué le iba a ocurrir. Yo no podía ir a visitarle porque las niñas estaban contagiadas. Fue una situación muy triste. Le escribía y no me contestaba. A punto estuvieron de llevarlo a la UCI.
¿Qué pensó al salir del hospital?
Pipe: Que me equivoqué. La vacuna salva vidas. Si lo llego a saber de primera mano… Si sé realmente cuáles son los efectos de todo esto, no lo hubiera dudado. Me la habría puesto. Estoy muy arrepentido.
¿Al salir ha coincidido con otras personas que pensaban como usted antes de ingresar?
Pipe: Sí, tengo una amiga en una gasolinera. Y un día coincidí con ella mientras repostaba y me dijo que ella no se quería poner la vacuna. Le expliqué que me ingresaron con neumonía bilateral por culpa de la covid y le insistí en que yo pensaba igual que ella. Le animé a vacunarse. Me decía que tenía un amigo que por culpa de la vacuna no podía mover un brazo. Y yo le respondí: ¿sabes qué es no poder moverse, no poder comer, no poder levantar una cuchara, no poder respirar? La muerte es peor que cualquier secuela.
¿Qué mensaje lanzaría a las más de 60.000 personas que aún no se han vacunado en Navarra?
Pipe: Es difícil poder comprenderlo hasta que no te pasa a ti. Cuando realmente eres consciente de que no vas a volver a ver a tu familia, entonces lo ves claro. Debemos vacunarnos para poder seguir vivos. He pasado de no querer vacunarme a querer la vacuna como fuera. Mira, cuando tosía los primeros días en el hospital pensaba que me apuñalaban. Cada golpe de tos era un puñal. En algún momento pensé que me moría. Y solo pensaba en mi mujer e hijas.
¿Se ha incorporado al trabajo?
Pipe: Sí, el 30 de agosto. Soy autónomo. Pedí alta voluntaria.
¿En qué condiciones físicas?
Pipe: Muy malas, me canso mucho. Agacharme y mirar un sobre supone un esfuerzo, casi me desmayo hace poco. Las piernas me tiemblan cuando bajo las escaleras. Me canso mucho, mucho.
Sigo sin comprender: teniendo a una persona al lado enferma de asma que se quiere vacunar, ¿por qué se comportó de esa manera antes de contagiarse?
Pipe: El problema ha sido que la información que hemos recibido durante estos meses no ha sido clara y todo esto te confunde. Al menos así lo he percibido yo.
¿Qué tipo de información cree que es necesaria para conseguir algo más de empatía?
Pipe: No sé. Ha habido mucha información contradictoria. Y escuchas cifras de muertos, pero no ves lo que realmente pasa.
¿Vacunaría a sus hijas?
Pipe: Claro que vacunaría a mis hijas. No podría verlas pasar por lo mismo. No quiero ni pensarlo. Cuando estuve ingresado solo decía a las enfermeras que no me dejaran morir. Solo pensaba en mis hijas. Me aferraba a ellas para calmarme.
Lina: Las niñas han pasado el virus pero prefiero que estén preparadas con las vacunas por si surge una nueva variante.
Esta es la historia de un matrimonio: él fue negacionista y ella defendió la vacuna desde el principio.
Lina: Eso mismo. Mientras estaba en casa, contagiado, hemos dormido y hemos compartido la misma cuchara. Y yo no me contagié gracias a la vacuna. He hablado con muchas personas que no quieren vacunarse y les digo que debemos pensar en todo el mundo, no solo en nosotros. Si todos nos vacunamos, llegaremos a la inmunidad de grupo. Pero sobre todo por nuestros hijos, que puedan llevar una vida más normalizada.

Felipe recibirá el 30 de este mes la vacuna. Hoy tiene a dos amigos intubados en la UCI

La inmunización entra en una “nueva fase” que será más “selectiva y quirúrgica” y dirigida “hacia los nichos o hacia sectores que nos parece importante captar, identificar”, dijo el jueves la consejera de Salud del Gobierno de Navarra Santos Indurain. Seguirá activa la vacunación sin cita en Forem, y continuará la “repesca” para quienes todavía no hayan recibido ningún suero. Induráin ha considerado que sería “realista” afirmar que en octubre se va a vacunar al 90% de la población mayor de 12 años. “Pero seguimos aspirando a más porque somos muy ambiciosos”. Ha reconocido que “nunca hubiéramos pensado tener unas tasas de vacunación como las que estamos teniendo” en Navarra, aunque ahora se pone metas más altas. “Vamos a pelear cada vacuna y cada décima”.
El Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea (SNS-O) buscaba a principios de septiembre vacunar a todas las personas que por diferentes motivos o no han querido hacerlo o no han podido. Se trataba de una cifra en torno a 70.000 navarros mayores de 12 años. Los responsables sanitarios consideran que la situación de vacunación se encuentra inmersa en un punto decisivo para obtener la inmunidad de grupo y poder afrontar una nueva etapa de normalidad.
Según los últimos datos, la efectividad promedio de las vacunas de covid-19 en Navarra es del 45% con una dosis y del 76% con pauta completa para prevenir casos sintomáticos de covid-19, y para prevenir ingresos hospitalarios por Covid-19 es del 76% con una dosis y del 91% con vacunación completa. La efectividad de las vacunas para prevenir todas las infecciones, incluidas las asintomáticas, es algo inferior, del 37% con una dosis y del 64% con dos dosis; “y por ello, los vacunados han de tomar precauciones adicionales para no infectarse y no contagiar”.
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