Tercera edad
Terapia cognitiva: "Por primera vez en 90 años voy a la escuela"
El Centro de Día de Mayores de Adacen, en el barrio pamplonés de Azpilagaña, sigue apostando por las nuevas tecnologías como medio de rehabilitación para evitar el deterioro cognitivo y ralentizar el envejecimiento
Actualizado el 19/09/2021 a las 16:05
Tere tiene 97 años y recuerda con nostalgia a su madre. Al hablar de ella, le viene una frase que solía pronunciar cuando cocinaba. “Tere, hija, cuando hagas una cosa hazla bien, porque nadie te va a preguntar cuánto tiempo te costó. Solo importa el resultado”, le decía Dolores cada vez que terminaba un guiso que aromatizaba la calle San Nicolás de Pamplona, donde nacieron madre e hija.
Aquellas palabras, aquellos silencios. Aquellos olores... Hoy, parte del cuerpo izquierdo de Tere se ha quedado inmóvil por un ictus que la golpeó en 2017 postrándola en una silla de ruedas. Pero ella no se rinde. Meses después de enfermar, en febrero de 2018, acudió con sus hijas al Centro de Día que la Asociación de Daño Cerebral de Navarra (Adacen) abrió hace cinco años en el barrio de Azpilagaña, y se puso a disposición de las nuevas tecnologías y también de un sueño: volver a caminar. Aquí, en este rincón de la calle Buenaventura Iñiguez, esta pamplonesa ha comenzado un proceso de rehabilitación paciente e imparable. “Nunca pensé que viviría tantos años”, asiente, al principio tímida. Tampoco se le pasó por la cabeza -admite sonriendo- que a sus 97 años jugaría con una de sus cinco hijas al juego de las diferencias en una tablet o que sería capaz de resolver una sopa de letras. La sonrisa se deja entrever tras una mascarilla que delimita una mirada clara que no necesita lentes. Aunque parte del cuerpo de Tere San Román sigue inmóvil, su memoria circula a toda velocidad. La conversación transcurre frente a una mesa circular que preside el despacho de Antonia Amorena García, trabajadora social y coordinadora de un recurso que no hace milagros, deja claro Amorena, pero sí amasa esperanza en un pequeño barrio cada año más envejecido.
-Tere, ¿qué recuerdos le vienen al recordar su niñez en la calle San Nicolás de Pamplona?
-Ay, muy feliz... (sonríe). Era hija sola. Tuve una hermana pero murió. Mi padre trabajaba en una fabrica de calzado y vivíamos también con una hermana de mi padre que tampoco tenía hijas, así que crecí con muchas mamás. Me acuerdo de los vecinos que subían a casa a jugar y de la chillería jugando en la Vuelta del Castillo, entonces solo había huertas. Y recuerdo uno de los regalos de los Reyes Magos, una cámara de fotos. Siempre me ha gustado la fotografía.
-¿Cómo era el casco viejo de Pamplona entonces?
-Nada, un cogollico. Vivíamos en San Nicolás, pero luego nos cambiamos a la calle Amaya, frente a la fábrica de calzado donde trabajaba mi padre. Estudié en un colegio de la Estafeta hasta los 16 años.
-¿Cuándo tuvo su primer ordenador o teléfono móvil?
-Nunca he tenido... Bueno, al llegar aquí (ríe) los Reyes Magos me echaron una tablet para poder hacer tareas y jugar con mi hija.
-¿Qué encuentra en Adacen?
-Mucha compañía y mucho cariño de las chicas, que son maravillosas, y aprendes tanto... Y aprendes a mover las partes del cuerpo que tienes inútil. Y te das cuenta que mejoras mucho. Y te sientes menos aislada. Aunque en casa estoy bien arropada y me siento acompañada, aquí vienes y te sientes menos inútil. Te das cuenta de que puedes hacer cosas por ti misma. Conviene que todo el mundo pase por aquí.
A Tere lo que más le gusta es salir de casa, pasear por los barrios, ver documentales, “los de Calleja”, puntualiza, y saborear una buena comida en familia. “Eso me gusta demasiado”, ríe. Sus platos favoritos son la paella y las ensaladas. Y viajar. Le gustaría recorrer España y luego volar a Italia. “He tenido mucha vida. Pero al seguir hablando de lo que más le gusta, vuelve a la infancia. A la Vuelta del Castillo.
“Cómo disfrutaba jugando en las huertas con mi padre. Allí íbamos toda la chiquillería y nos subíamos a la maquinita, al tractor, y parecía que estábamos en las barracas de San Fermín”, vuelve a reír. “¿Un sueño? Mi sueño ahora es ponerme bien y andar. Sobre todo andar. La mano no me importa, porque ya no pienso guisar. No pienso preparar más menestras. Mi madre sí que era buena cocinera...”. Tere se despide, perdiéndose entre las sopas de letras de una tablet.
UN RECURSO DE BARRIO
Este centro se ha convertido en un recurso que fomenta con sus actividades de estimulación el mantenimiento de las capacidades, además de ser un importante apoyo para las familias. La coordinadora también destaca que este programa cuenta con la autorización del Gobierno de Navarra para su funcionamiento, por lo que las personas que tienen reconocida la situación de dependencia pueden solicitar una ayuda económica para cubrir parte de la tarifa.
La jornada arranca en este oasis urbano a las nueve de la mañana, siempre con una lectura de media hora de las noticias del día y un debate. Acto seguido, continúa con actividades de fisioterapia, logopedia, estimulación cognitiva, terapia ocupacional y talleres con máquinas. Y a mediodía, antes de comer, finaliza con un momento de relajación. “¿Por qué abrimos aquí hace cinco años?”. La pregunta reposa unos segundos. “Porque Azpilagaña es un barrio muy envejecido”, aclara Amorena. “Y al igual que el colegio o el club de jubilados, esta asociación es un recurso de barrio”, explica.
Cada día acuden 18 de las 26 personas inscritas, todas superan los 64 años y padecen algún tipo de problema neurológico. “Pero antes de la pandemia eran muchos más usuarios”, observa con preocupación Amorena. Parece que el miedo ha impactado de lleno en la línea de la flotación de este sector de la población. “Tras el confinamiento, al abrir de nuevo el centro, nos dimos cuenta del deterioro cognitivo de los mayores. Hemos encontrado bastantes casos con un empeoramiento brutal por el aislamiento”. Sus palabras trazan una señal de aviso. “Lo que está claro es que la estimulación ha sido clave siempre y durante la pandemia es cuando realmente se ha valorado más. Eso sí, que quede claro, aquí no hacemos milagros pero quienes vienen consiguen avanzar física y anímicamente”.
Ainhoa Unzue Urrizalki: “Les motiva comprobar que lo pueden hacer”
Al testimonio de Tere le suceden los de Maruja, Maribel, Boni y Jimeno. Todos llegan por su propio pie al despacho de la coordinadora. “El primer día que vienen aquí algo y se sientan frente a ese ordenador, asustados, te dicen que nunca han visto algo así. Siempre es el mismo temor. Miedo a enfrentarse a lo desconocido...”, interviene Ainhoa Unzue Urrizalki, terapeuta ocupacional, de 28 años. “Y cuando logran realizar las actividades, a partir de ese momento el ritmo es muy rápido”. Unzue recalca el compañerismo. “Están muy pendientes los unos de los otros. Es muy estimulante para ellos comprobar que lo pueden hacer. Y se empoderan. Yo aluciné al verles trabajar por primera vez con las máquinas”.
Hace ocho años que se introdujeron las nuevas tecnologías en la sede de Adacen en Mutilva y hace cinco que se incluyeron en este programa de barrio. Normalmente, cuando llegan aquí los hijos con sus padres y se enfrentan a las primeras entrevistas, no pueden evitar soltar una cadena de dudas. “Pero... si mi madre o mi padre nunca han tocado un móvil”, expresan, con cierto escepticismo. “¿Cómo van a ser capaces de hacer todo esto?”.
Y, efectivamente, pueden. No hay más que fijarse en las imágenes de este reportaje. “El hecho de manejar la tecnología ya es de por sí estimulante. Les motiva y les gusta tanto que, como le ha ocurrido a Tere (97 años), acaban comprando una tablet para seguir practicando en su casa y nosotros les descargamos aplicaciones”. La terapeuta insiste en dejar claro que la rehabilitación consigue ralentizar el envejecimiento, pero no quiere decir que acabe con el alzheimer o con cualquier otra demencia.
Maruja López Molina: “Entré en silla de ruedas y ahora camino sola”
Maruja López Molina, de 77 años, nació en Hellín (Albacete) y llegó a Pamplona hace 50 por motivos laborales. “He vivido en muchísimos sitios, en muchos. He estado en Biescas, en Huesca, Barcelona, Santander... He mantenido una vida de correcaminos. Y hace ocho años se murió mi marido y ya... Así que de aquí no me muevo”. La manchega entró en Adacen en noviembre de 2018. “Sufrí un ictus en 2017 durante unas vacaciones y, después de pasar por varios hospitales, me trajeron aquí... ¡y vaya si me he recuperado!”, expresa, feliz. No es para menos. “Yo entré aquí en silla de ruedas y ahora camino sola y soy capaz de manejar una tablet. Aquí he manejado por primera vez un ordenador. Me ha costado mucho, pero al final he aprendido (sonríe). Me han ayudado mucho. ¿Que si lo recomendaría? No lo recomendaría, lo recomiendo a todo el mundo. ¡Si hasta puedo cocinar!”. Y también soñar. Porque Maruja sueña con regresar a Hellín y recorrer las calles que le vieron crecer. Al hablar de su niñez, cuenta que empezó a trabajar con 8 años, cuidando niños más pequeños. Pero se pone nerviosa al recordar. Y se emociona. Debe seguir con la rehabilitación.
Maribel Arlegui Ayape: “Dicen que aquí he rejuvenecido 10 años”
Maribel Arlegui Ayape, 89 años, natural de Cáseda. La segunda de siete hermanos relata entre risas que aún se acuerda del día que conoció a su marido, Agustín. Los dos tenían sus corrales en las Bardenas. Una mañana, paseando en bicicleta por delante de su corral, sus miradas se cruzaron. Ella tenía 17 años. Así empezó una relación de noviazgo que culminó en boda. Pero Agustín era de Salazar y las amigas de Maribel, todas de Cáseda, no veían bien que dejara el pueblo. “Aquí también encontrarás a alguien que te quiera”, trataban de frenarla. “Salazar estaba muy lejos entonces y quería descubrir mundo”, evoca Maribel, risueña, frente a la mesa circular del despacho de Antonia Amorena. Así es como tomó su primera decisión. Se casó con 24 años y se fue a vivir a Güesa. Pero Agustín falleció en 2013 y Maribel necesitó rearmarse. Se quedó sola en un piso tutelado en el que vivían en Pamplona; sin embargo, durante el confinamiento experimentó un nuevo revés. Sufrió un “empeoramiento significativo” con episodios de desorientación. Así que se mudó a casa de su hija, en el barrio de Azpilagaña.
Desde mayo acude a Adacen, donde fortalece su estado de ánimo. “En el confinamiento perdí las ganas de todo. Lo pasé muy mal. Y ahora me encuentro bien. De este lugar me gusta la convivencia. Es como si estuviéramos una cuadrilla de amigos en la plaza del pueblo. He mejorado mucho. Ayer me dijo una persona que cuando llegué parecía una moribunda y que por lo menos he rejuvenecido diez años”. Si en mayo Maribel salía de casa en silla de ruedas, ahora lo hace caminando, con su bastón. “Hasta realizo las labores de casa y manejo una tablet... ¡y con un temple!”, esgrime, con orgullo. “Y eso que no marché a la escuela. Ahora me dicen los nietos que casi con 90 años voy por primera vez a una escuela”, ríe, mostrando tras la mascarilla una sonrisa dubitativa que no tarda en resolver. “Mi padre era labrador, éramos siete hermanos, muchos para comer, y teníamos que segar y cuidar de los animales. Nos levantábamos a las tres de la mañana para trabajar”, relata. Y al verse sentada hoy delante de una pantalla, interaccionando con ella, asegura que no le ha costado nada aprender. La vuelta a casa también se convierte en un momento especial, porque es cuando detalla a sus nietos lo que ha hecho por la mañana. Y les deja bien claro que lo que más le gusta de la escuela es jugar a las diferencias con la tablet. “Las hago rápido. Siempre he sido muy templada”.
Jimeno Moreno: “Este es mi momento y con buena gente”
Boni San Miguel Arenaza, 78 años, de Aretxabaleta (Guipúzcoa), y Jesús María Jimeno Moreno, pamplonés de 71 años, se han conocido en Azpilagaña y más en concreto en Adacen. Desde entonces son inseparables. Comparten momentos tanto dentro como fuera. Les gusta pasear y el “txikiteo”, pero sin beber vino, aclaran rápidamente. En el caso de Boni, antiguo tornero, cuenta con un hilo de voz que a los 26 años dejó el pueblo y se trasladó con sus padres a Pamplona, donde continuó con la profesión. Es soltero y vive en su domicilio. Llegó a Adacen este año y desde entonces ha recuperado la autonomía y puede vivir solo en su domicilio. Se prepara el desayuno en casa, sale temprano y dedica el resto de jornada a la rehabilitación y a pasear.
Para Jimeno, menos introvertido, este lugar representa “la lucidez”. Su cabeza ha recuperado luz y reflejos, describe este camionero jubilado que aprendió el oficio del padre. “Aquí he ganado en mente, he recuperado un poquito. A las chicas les pido que me pongan tareas difíciles... ¿y a que las resuelvo bien?”, ríe, dirigiéndose a Ainhoa, la terapeuta ocupacional. Al igual que el resto de compañeros, hasta ahora no había usado un ordenador. “Con la tablet sí que me defiendo y con las otras máquinas también lo hago todo”. En casa no practica, prefiere estar pendiente de otros menesteres. “Así que este lugar es mi momento y encima con buena gente”.
Las entrevistas han llegado a su final. Deben proseguir con las tareas. Al otro lado del pasillo suena el Dúo Dinámico. A la derecha de la sala, los usuarios practican gimnasia, juegos de mesa, etc, mientras a la izquierda acontece un mundo virtual que sumerge en otra realidad.
Tecnologías y rehabilitación en el mundo rural
Fundación Adacen desarrolla en la actualidad varios proyectos de telerehabilitación a través de las nuevas tecnologías con el objetivo también de extender este modelo al mundo rural. Una herramienta que, aseguran, contribuirá a evitar la despoblación.
“El objetivo es ofrecer respuestas a las necesidades de las personas mayores en situación de dependencia por ictus, demencia, deterioro cognitivo u otras afectaciones neurológicas, mediante una atención personalizada, y al mismo tiempo favorecer la autonomía”, explican. “La atención terapéutica resulta altamente especializada e integral desde las áreas de fisioterapia, logopedia, estimulación neuropsicológica, terapia ocupacional...”. Para ello, llevan a cabo diferentes actividades a través de las nuevas tecnologías “con el fin de mantener las capacidades y ralentizar el deterioro por envejecimiento”. Este recurso, además, “mantiene un carácter flexible en cuanto a su intensidad de atención”, aclaran. “Adaptamos la atención a la diversidad de las necesidades de cada usuario”. Y la cercanía facilita las atenciones puntuales en domicilios si la situación lo requiere, como pautas y asesoramientos. “El programa tiene un claro componente comunitario ya que fomenta la integración en el barrio donde se desarrolla, estableciendo relaciones con los diferentes agentes y entidades sociales y sanitarios”. Asimismo, recalcan, este centro cuenta con autorización por parte de Gobierno de Navarra, por lo que las personas que acuden, si están valoradas como dependientes, perciben una prestación económica para abonar parte de la tarifa.
Tecnologías utilizadas
A pesar de que la mayoría de las personas no están familiarizadas con el uso de las nuevas tecnologías y carecen de experiencia de su manejo, la respuesta que obtienen en el centro de día de Adacen respecto a su uso es muy positiva, ya que muestran un alto interés en incorporarlas en las diferentes actividades. La rehabilitación hace que sea más divertida y, por lo tanto, las personas participantes en la misma, muestran mayor adherencia a las terapias y actividades.
KINECT
Rehabilitation Gaming Systems o Kinect de extremidad superior es una máquina que se utiliza para mejorar el rango de movilidad del miembro superior, la postura, la bimanualidad y coordinación de los brazos. Además, sirve para trabajar las funciones cognitivas como la atención, memoria o planificación. Ofrece diferentes posibilidades con varios juegos donde, con movimientos horizontales encima de la mesa se deben superar diferentes retos.
REHAMETRICS
El sistema de Rehametrics es una plataforma de rehabilitación virtual que permite pautar sesiones de rehabilitación física semanales. Permite trabajar todas las partes del cuerpo, como el tronco, brazos, piernas, cabeza, etc. con una gran cantidad de ejercicios muy variados, tanto estático como en movimiento, consiguiendo así aumentar el grado de motivación. Los niveles se pueden ajustar y las sesiones se pueden personalizar. Sin darse cuenta realizan ejercicios físicos de todo tipo. El nivel se aumenta a medida que la persona lo realiza correctamente o se disminuye si no lo realiza bien, por lo que va cambiando y ajustándose en cada sesión de forma individualizada.
ARM-ASSIST
Arm-assist es un robot asistido para la rehabilitación de los miembros superiores en personas con discapacidad neuromuscular que está especialmente indicado para pacientes que han padecido un daño cerebral, aunque también tiene beneficios con otro tipo de patologías. El objetivo principal de este aparato es trabajar la movilidad del brazo mediante unos juegos, donde además se trabajan otras capacidades cognitivas, como la memoria, la atención, la percepción, etc. Los juegos se pueden regular tanto en rango de movimiento como en nivel de dificultad, por lo que todas las personas pueden utilizarlo ajustándose a sus capacidades.
TABLET
A través de la utilización de las Tablet se realiza estimulación de las funciones cognitivas: memoria, atención, orientación…. La utilización de estos dispositivos táctiles permite a las personas usuarias del recurso interactuar con la pantalla de una forma fácil y accesible. La mayor parte de ellas no las han utilizado antes de acudir al centro y, a pesar de no tener experiencia en su uso, las incorporan de una manera rápida y natural. Aunque se continúa utilizando el “lápiz/papel” en las actividades de estimulación, estas tecnologías facilitan el uso a personas que tienen dificultades en la escritura. Hay una gran variedad de aplicaciones para las tablets.

