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Sucesos

Álvaro Domínguez, policía que salvó a una mujer en Pamplona: "Unos segundos más podían haber sido fatales"

Álvaro Domínguez Gárriz, funesino de 28 años y agente en prácticas de Policía Nacional, realizó la maniobra de Heimlich

Gráfico con la maniobra de Heimlich.
Gráfico con la maniobra de Heimlich.DN
Actualizado el 07/09/2021 a las 23:01
Álvaro Domínguez Gárriz, natural de Funes y de 28 años, ojeaba la carta del restaurante Don Pelayo de Pamplona. Sentado con una prima, había salido de trabajar (es policía nacional en prácticas) a las 14.30. Apenas media hora después de colgar el uniforme, le iba a tocar desempolvar la teoría aprendida recientemente en la academia. La maiobra de Heimlich, o cómo desatascar un atragantamiento que pudo resultar mortal.
Él, al principio, ni se percató de la situación, reconoce en una entrevista telefónica “Fue a finales de agosto. Yo tenía al matrimonio, un hombre y una mujer jubilados, de espaldas a mí. De repente, la mujer empezó a no poder respirar. La camarera le había dado algunas golpes para ver si reaccionaba, pero nada”, relata. El marido intentaba también que superara la situación, recuerda, pero lejos de eso, la mujer no lograba coger aire y comenzó “a ponerse azul”.
“La cosa pintaba mal así que me levanté y me acerqué. Le dije al hombre, déjeme, déjeme, me hizo hueco y la cogí por detrás, poniéndole el puño por delante, para ver si lograba que expulsase el trozo de carne que estaba obstruyéndole la respiración”.
La primera intentona no dio resultado. “Ni se inmutó. A mí me resultaba complicado medir la fuerza porque no quería darle muy fuerte, pero veía que la cosa no mejoraba. A los pocos segundos, la mujer literalmente se desmayó y yo la sostenía en mis brazos, así que probé otra vez. Nada. Al final, a la tercera, cerrando el puño bien fuerte, se lo metí hacia adentro y sentí que algo se movía, que daba una especie de arcada. Entonces volvió a respirar”.
A partir de ese momento, la mujer recuperó la consciencia. El joven policía, que áun no había tenido oportunidad ni de identificarse, recuerda cómo seguía agobiado por la fuerza utilizada y lo primero que le preguntó una vez que recuperó el habla es si la maniobra le había dolido. “Me preocupaba haberle hecho daño y le pregunté a ver cómo estaba, si quería que avisáramos a una ambulancia. La mujer me dijo que estaba bien, que no hacía falta”.
A su lado, la camarera, testigo de lo ocurrido, lloraba. “¿Eres médico, verdad?”, le preguntó a Álvaro, a quien explicaron los detalles de lo ocurrido. El atragantamiento se produjo cuando la mujer comía un chuletón, cuenta. Masticaba un trozo de carne y la camarera se dirigió a ella. Para responderle sin comida en la boca, tragó rápidamente, y el bocado se quedó a medio camino, impidiendo el paso de aire hacia los pulmones. Finalmente, la mujer auxiliada fue al hospital y allí, según le explicaron, supo que la maniobra no pudo ser más opotuna. “La carne obstruía el paso de aire y unos pocos segundos más oxígeno, una vez que se desmayó, podían haber sido fatales”, asume Álvaro Domínguez.
Tras el episodio, el joven policía y la mujer auxiliada han estrechado el contacto. Él volvió al Don Pelayo y preguntó por ella, que también repitió en el lugar, por lo que pudieron cruzarse sus teléfonos y volver a verse. “En el momento fue todo como muy rápido, pero me fui a casa dándole vueltas. Era como que no quería dejarlo en ese momento tan intenso. Cuando volvimos a vernos fue muy emocionante. Acabamos llorando la mujer, la camarera y yo también”.
Desde la Policía Nacional, institución en la que ha iniciado este funesino su recorrido profesional, explican que los agentes comienzan su formación como alumnos en la Escuela Nacional de Policía de Ávila , donde se inician en el aprendizaje de técnicas de primeros auxilios. “Ante situaciones de emergencia, estos conocimientos pueden ser cruciales e incluso salvar vidas”, reseñan.
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