Iglesia
El sacerdote navarro Luis Urriza, cien años y con el deseo de sumar más
Se fue a los 27 años a Estados Unidos y desde 1977 lleva celebrando misas en la iglesia de Cristo Rey de Beaumont, la que él construyó y en la que celebrará su siglo de vida tras haber superado la covid-19


Publicado el 05/08/2021 a las 04:00
El mundo, en 100 años, ha conocido guerras, ha desarrollado vacunas, ha descubierto planetas y animales, ha vivido pandemias... Ante los mayores tesoros y los peores desastres ha estado Luis Urriza Tres, sacerdote navarro que a los 17 años decidió marcharse a Estados Unidos para ser organista y predicar. “Me fui con una caja de magdalenas de Astorga, ese era todo mi equipaje”. Está a punto de cumplir 100 años.
Urriza nació el 19 de agosto de 1921 en Lerín, Navarra, y a los 12 años ingresó en el seminario de Calahorra. Allí pasó su adolescencia. “Me pilló la Guerra Civil, aunque no me obligaron a ir y para ayudar me convertí en profesor a los 16 años. Enseñé a los más jóvenes y luego continué con mi labor en el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial porque habían muerto más de cien sacerdotes”. Tras cinco años siendo profesor, Urriza recibió la ordenación sacerdotal a las 22 años gracias a que su madre, Rita Tres, convenció al superior de la Archidiócesis de Pamplona para concedérsela dos años antes de la edad permitida.
Las clases se convirtieron en una de las pasiones del navarro y, tras pasar dos veces por Calahorra y una por León, comenzó a dar lecciones de latín, griego, música... “Llegué incluso a agobiarme porque eran muchas cosas, pero justo recibí la llamada del párroco de Nuestra Señora de Guadalupe en Port Arthur, Texas, para que fuera allí a trabajar de organista. La música se había convertido en uno de mis hobbys, pero tuve que ingresar dos años en el servicio militar en España y no pude irme”, cuenta el navarro. Allí ofició las misas, aunque también fue profesor de los soldados.
Fueron dos años difíciles, confiesa Urriza, pero tras finalizar recibió la llamada del Padre del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. El sacerdote lerinés no se lo pensó dos veces y se marchó a Estados Unidos sin saber ni una pizca de inglés. “Cogí un barco y tardé 15 días en llegar. Fui sin dinero y mi sorpresa fue que un joven de la calle me dio 5 dólares y ahí vi que ese era mi sitio”, recuerda.
EMPEZANDO
Urriza se fue a los 27 años lleno de emoción por comenzar una nueva vida, una etapa en la que se encontró con más de una piedra en el camino. “Tardé 15 días en llegar y mi sorpresa fue que cuando pisé tierra ya había otro sacerdote de Puerto Rico que también era organista y me quitó el puesto. Me quedé sin nada, literalmente. Viví en una casa con 7 u 8 sacerdotes y de vez en cuando dábamos alguna misa en Latín, pero nada más”, explica.
La ilusión por ser organista en Port Arthur se desplomó rápido, pero su entusiasmo era tan grande y contagioso que un obispo le ofreció una nueva oportunidad: trabajar en Beaumont, Texas. Urriza reconoce, entre risas, que no sabía ni qué era Beaumont. “Si no sabía ni pronunciarlo... Cuando fui había 200 familias hispanas, pero ni una iglesia”. Recibió el permiso de su superior para celebrar misas en casas. “Yo pertenezco a la congregación del Padre Agustino y eso me ayudó a que confiaran en mí y al final organicé una misa en casa de la familia Pantoja, a la que asistieron ochenta personas”.
Su destino cambió y, a pesar de no haber conseguido su sueño de ser organista, en ese momento pudo comprar un terreno y construir una iglesia que llamó Cristo Rey, en la que celebró misas durante dos años. Parecía que Urriza había encontrado su sitio, pero necesitaba un lugar en el que vivir y decidió irse a la ciudad a comprar una casa portátil. Para su sorpresa, le dieron dos gratis. “Eran gigantes y me las dieron con todo el material que había dentro, pero lo vendimos y construimos el salón. No nos sobró mucho dinero, desgraciadamente, aunque un joven italiano que vivía allí nos dio la idea de hacer un bingo y triunfó. Además, el obispo quería una casa bonita y el presupuesto se marcó en 35.000 dólares, aunque al final solo pagué 27.000 porque el arquitecto no me aceptaba más dinero”, dice.
Un año más tarde le destinaron a un pueblo llamado Waxahachie en Texas, cerca de Dallas, y después a San Antonio, donde construyó otra iglesia. “Compré un terreno, pero me obligaron a comprar también las 14 casas que había en él. Las vendimos y levantamos la iglesia de San Miguel, que era muy moderna. Me gustó tanto que al final viví en San Antonio durante 11 años”.
La situación cambió cuando conoció al equipo del Movimiento por un Mundo Mejor. “Ellos realizaban retiros, me uní y luego me fui a Washington con el objetivo de unir a la gente a nuestra congregación. Fue precioso porque al final me encargué de liderar el equipo español en New York, aunque en 1977 volví a Beaumont porque me necesitaban”, indica. Desde entonces predica en la iglesia de Cristo Rey, la que él mismo construyó.
77 AÑOS DE SACERDOCIO
Luis Urriza ha dedicado toda su vida a la oración. “En este último año he bautizado a más de 187 niños, he celebrado 104 comuniones, 84 confirmaciones y 12 bodas, creo que no puedo pedir más”.
Fue su madre, una mujer católica, quién le animó a dar el paso. “Ella era una mujer religiosa y trabajaba de modista, así que arregló muchos de los ornamentos de la iglesia. También tengo dos hermanos: mi hermano tiene 97 años y fue secretario en un pueblo cerca de Pamplona, y mi hermana era ama de casa y tuvo 6 hijos, uno de ellos ha vivido conmigo aquí durante un año mientras estudiaba en la universidad”.
Su sobrino, Antonio Urriza, lo conoce a fondo. “La mentalidad que tiene es la de un chaval. Apoya cada orientación sexual, cada raza, cada moda, cada forma de vivir... Lo que he aprendido de Luis es que cada uno tiene que vivir su vida cómo quiera”, manifiesta.
El sacerdote lerinés confiesa que, a pesar de los baches, ha sido emocionante poder construir una vida desde cero en un país tan diferente. Además, cree que el destino lo quiso así. “En Lerín, hace 1.500 años, había un virrey que se llamaba don Luis Beaumont, el nombre de la ciudad en la que estoy ahora. No sé si será una casualidad, pero creo que Dios quiso que yo vendría aquí”.
100 AÑOS DE HISTORIA
El 19 de agosto Luis Urriza cumple 100 años y para él, la vida, ha sido un no parar de superarse. “Pasa uno por tantas cosas... Guerras y más guerras y ahora una pandemia. Cosas terribles, pero aquí estoy. El sacerdocio ha sido mi vida entera, he pasado de todo. Dios quería eso y yo lo acepto porque la vida es caer, levantarse y volver a empezar”.
Los retos también han sido personales. “He pasado y superado muchas enfermedades, incluida la covid. Me vacuné con Pfizer y a pesar de todo enfermé... Estuve unos días en el hospital, pero salí y eso es lo importante”. La alegría y sacar el lado positivo a las situaciones, sin duda, le caracteriza. “No he tenido miedo porque me enfermé confesando a alguien. No me importa, porque le ayudé”.
La pandemia de la covid-19 hizo que Urriza comenzara a realizar misas virtuales. “Me veían en todo Hispanoamérica e incluso en España, era muy raro la verdad. Además, no controlo nada las redes sociales, soy un poco desastre”, cuenta entre risas.
Para él, cumplir 100 años es una satisfacción. “Estoy ilusionado, aunque no lo he pensado mucho pese a que ya me han dicho que tienen muchas sorpresas para mí”. El sacerdote, ilusionado, dice que los años son simplemente los que Dios quiere que tenga y espera que sean más. “Si alguien quiere recordarme, espero que lo haga como una persona alegre, muy alegre y muy feliz. Y que siempre tengan en mente algo: sed hermanos, dejad de lado el racismo y el odio y disfrutar de la oportunidad que la vida nos ha brindado”.