Violencia machista
Ana Carmona y Juana Ramírez: “La mayoría de agresores son del entorno de la víctima”
El análisis de los datos respalda conclusiones como que los delitos son más graves si se ha consumido alcohol


Publicado el 04/08/2021 a las 03:00
Desde finales de abril , “con mucha libertad horaria para poder compaginarlo con sus trabajos y vida”, estas dos jóvenes criminólogas han examinado 238 denuncias relativas a delitos contra la libertad sexual ocurridos en Navarra en 2018, 2019 y 2020. Con ese estudio y el trabajo resultante han completado las prácticas del grado en Criminología de la UNED de Pamplona. Ha sido complejo, por la durezade los testimonios y por el equilibrio laboral y familiar que les ha supuesto un importante esfuerzo, pero ambas se reconocen como satisfechas por el resultado. En el periplo, agradecen especialmente la coordinación por parte de la criminóloga de la UNED Nahikari Sánchez, tutora del trabajo, y de Eduardo Sáinz de Murieta, comisario responsable del Área de Investigación Criminal de Policía Foral, que ha apadrinado a las dos investigadores a lo largo del proyecto.
Además de los archivos policiales, para su análisis también han trabajado con PSIMAE (equipo de psicólogos que trabaja con víctimas y agresores en delitos de tipología sexual), el INAI (Instituto Navarro de Igualdad) y el Centro de Urgencias que atiende a las mujeres víctimas de violencia machista en la Comunidad foral.
“Había denuncias de 1 o 2 páginas, otras de 6 y también de 10 o más, con relatos que te ponían los pelos de punta”, indican ambas autoras, que reconocen que han tenido acceso a testimonios estremecedores acerca de delitos con víctimas como menores. Entre las conclusiones que destacan: la victimización de la mujer. “El 95% de las agredidas pertenecen al sexo femenino. Ese sesgo de género tan marcado no se ve apenas en otro tipo de delitos, al menos no tan desequilibrado. Eso es un indicador de que estamos ante una violencia machista”, destaca Carmona.
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Juana Ramírez también pone el foco en la presencia de consumos como el alcohol entre víctimas y agresores. “Un 46% de las denunciantes menores admiten que habían bebido una cantidad considerable y no son pocas las que dicen que no recuerdan bien lo que pasó. Hay que incidir en este tipo de ambientes. Además, cuando media alcohol, los datos nos señalan que las agresiones son más graves. La correlación entre ambas variables es muy clara”.
Entre otros mitos que se les han aparecido están el de que muchas agresiones las protagoniza un desconocido que aborda a una mujer que regresa sola a casa. “Es un porcentaje mucho menor que el del agresor que proviene del entorno de la víctima”. También hay muchas ocurridas en lugares privados, en viviendas. “En definitiva, en entornos de confianza”.
Otro aspecto doloroso y quizá más desconocido para los no inciados, por lo que tampoco quieren dejarlo en el tintero es el que refiere que la denuncia no se produce tras la primera agresión. “En el 57% de los relatos a los que hemos tenido acceso se hace referencia a algún hecho similar anterior, sobre todo en menores, que sufren en muchas ocasiones estos delitos a lo largo de un tiempo y en silencio”.
Por todo ello, estas investigadoras insisten. “Hay que cuidar mucho a la víctima, desde el minuto uno hay que garantizarle un respaldo y que sea atendida por personas con la debida formación para evitar una revictimización. Tener que repetir el relato de una experiencia tan traumática varias veces a lo largo del proceso es muy duro”.