Un cirujano navarro realiza un trasplante de corazón pionero en el mundo
Juan Miguel Gil Jaurena, elizondarra de 58 años, ha sido el artífice de un trasplante de corazón pionero en el mundo. Implantó el corazón en parada de un bebé fallecido al nacer a una niña de dos meses. Lo hizo en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid


Actualizado el 20/05/2021 a las 06:00
Naiara tiene cuatro meses y un nuevo corazón que bombea con fuerza. Sus padres aún no se pueden creer que su hija crezca sana y que tome el biberón como cualquier otro bebé. Hasta hace dos meses su vida pendía de un hilo y de los múltiples cables a los que estaba conectada en la UCI. Pero la generosidad de otra familia que donó el corazón de su hijo fallecido al nacer, las hábiles manos de los cirujanos y una técnica pionera en el mundo se han confabulado para lograr que Naiara tenga un futuro por delante. El artífice de este éxito ha sido el jefe de la unidad de Cirugía cardiaca pediátrica del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Un médico con alma y apellidos navarros: Juan Miguel Gil Jaurena, nacido en Elizondo hace 58 años.
Responsable de esta unidad desde 2012, por sus manos pasan cada año los cuerpecillos de 200 bebés, niños y adolescentes con cardiopatías, en muchos casos, incompatibles con la vida. Como sucedió con Naiara. La novedad de esta intervención, explica el cirujano, radica en la confluencia de tres factores: que se haya hecho en un bebé tan pequeño, que los grupos sanguíneos del donante y el receptor fueran incompatibles y que el corazón trasplantado estuviera en asistolia (parada) y hubiera que ponerlo en movimiento de nuevo antes de extraerlo. “Estamos muy satisfechos. Por Naiara y porque, gracias a esta técnica, se beneficiarán más bebés a medio y largo plazo. El número de trasplantes en menores de 1 año subirá entre un 10% y un 20%”.
A la madre de Naiara le diagnosticaron una grave cardiopatía de su bebé durante el embarazo y la enviaron a dar a luz al Gregorio Marañón. Allí nació la niña prematura, con menos de 2 kilos de peso. “En el servicio de Neonatología hicieron un gran trabajo. Cuando alcanzó los 3,200 kilos, con dos meses pero con el peso medio de un recién nacido, ya la pudimos poner en la lista para un trasplante -recuerda Juan Miguel Gil Jaurena-. Aunque advertimos a los padres de que es muy difícil encontrar un donante tan pequeño”. Sin embargo, lo que parecía imposible sucedió. Y les avisaron de que un bebé recién nacido había fallecido en otra comunidad. “Se puso todo el protocolo en marcha. Era la primera vez que aplicábamos esta técnica y ha salido bien”, dice satisfecho.
VOLVER A LATIR
Gil Jaurena recuerda que, en un trasplante convencional, cuando el cirujano llega al hospital a extraer el corazón, está latiendo (aunque el donante esté en situación de muerte cerebral). “Abrimos el tórax, paramos el corazón y lo metemos en una nevera con hielos para llevarlo al receptor”. La diferencia con este nuevo caso, aclara, estriba en que el corazón está parado. “Son personas, por ejemplo, con una encefalopatía grave que siguen vivas porque están conectadas a las máquinas pero que, en cuanto se las desconecta, fallecen”, explica que es lo que pasó con el bebé donante. “En estos casos, hay que llevar a la persona al quirófano para que la muerte ocurra allí y no en otro lugar. Es entonces cuando se conecta el corazón a las mismas máquinas que utilizamos cuando hacemos una cirugía a corazón abierto. Gracias a la circulación extra corpórea, conseguimos que vuelva a latir. Y es entonces, cuando lo paramos, lo extraemos y seguimos el mismo proceso que con el resto de trasplantes”. Lo cuenta así. Sin más. Como si estuviera relatando el argumento de la última novela que ha leído y cuando se lo haces saber se justifica. “Estamos muy contentos porque el corazón volvió a latir antes de extraerlo. Pero también podía haber ocurrido que no latiera de nuevo”. En cualquier caso, dice, hay que agradecer la generosidad de los padres del donante “en un momento tan duro”.
El trasplante de Naiara se efectuó en marzo y, ahora, la niña, de cuatro meses, se recupera en la planta del hospital y espera a que pronto le den el alta y pueda viajar a Toledo. Y todo, gracias a las mejores manos, que consiguieron que su nuevo corazón continúe bombeando con fuerza.
La técnica del trasplante de corazón en asistolia (parada) ya se había llevado a cabo en otros países (Australia... ) en niños mayores y adultos. Pero esta es la primera vez que se efectúa en un bebé de 3 kilos (aunque tenía dos meses el peso es el de un recién nacido) y con grupos sanguíneos incompatibles. “Llevábamos un año elaborando un protocolo para utilizar esta técnica y nos faltaba una autorización especial (del comité de ética del hospital y de la Organización Nacional de Trasplantes, ONT). Pero, en cuanto supimos que había un donante, la pedimos de forma de exprés y pudimos seguir adelante”, explica el cirujano cardiaco Juan Miguel Gil Jaurena.
Esta cirugía pionera en el mundo permitirá, añade, que aumente el número de trasplantes en niños menores de 1 años. “Por suerte, a esa edad no mueren muchos bebés, por lo que es difícil encontrar donantes. Pero si, como vemos, esta técnica tiene éxito, se podrán trasplantar corazones en parada”. Así, las intervenciones aumentarán, calcula, entre un 10% y un 20%, a medio y largo plazo.
Ligado a sus raíces Juan Miguel Gil Jaurena nació en Elizondo el 11 de abril de 1963. Hijo de Miguel (ya fallecido) y de Asunción, que regentaron los bares Mendi y Casino, es el mayor de seis hermanos. Casado con la enfermera de Oronoz Maite Ibarne Maya, que trabaja en la CUN de Madrid, tienen dos hijos, Pablo (26 años) y Alberto (24), que han estudiado Derecho e Ingeniería Aeronáutica. Antes de trabajar en Madrid, ejerció en Londres, Barcelona y Málaga. Regresa a Elizondo a menudo y practica ciclismo.