David Beriáin, asesinado
Perfil de David Beriáin: "Para mí el periodismo es la religión del otro"
Creador de un periodismo de élite, pensaba que lo importante era lo que ocurría a los demás y trataba de dedicar su vida a entenderlo


Actualizado el 28/04/2021 a las 10:15
De pequeño quería ser agricultor, como su padre. “Luego, con más uso de razón, quería cambiar el mundo”, recordaba en 2010, dos décadas después de que su verdadero despertar a ese mundo se produjera con la primera Guerra del Golfo, al recortar todos los artículos que encontraba en las páginas de internacional del periódico para un trabajo en el colegio de Artajona.
Beriáin soñaba en muchas cosas y la de Periodismo era la forma de dejar menos carreras fuera, desde Sociología, Políticas, Derecho, Filosofía, hasta Teología, que eran las que se planteaba. Periodista por la Universidad de Navarra, trabajó todos los veranos de la carrera en El Liberal, en Santiago del Estero (Argentina), donde se quedó año y medio tras licenciarse en 1999 antes de volver a España y encargarse del suplemento de investigación de La Voz de Galicia. Pero su espíritu libre era mucho más fuerte que las paredes de la redacción y él necesitaba estar en primera línea. Y así, tras especializarse en conflictos armados por la Universidad Complutense, los cubrió desde 2002, trabajando en escenarios de Irak, Afganistán, Sudán, Pakistán, Cachemira...
Entrevistó a talibanes en suelo afgano, a indígenas del Amazonas, a guerrilleros de las FARC en Colombia -con la serie documental que surgió ganó el Premio José Manuel Porquet de periodismo digital y estuvo nominado a los Bayeux de Normandía, el premio más prestigioso del mundo para corresponsales de guerra-... Fue miembro del equipo de reporteros del programa REC de Cuatro, estuvo nominado en los Goya por haber dirigido Percebeiros y en el canal DMAX presentó una serie de reportajes titulados primero Clandestino y luego Clandestino en España, donde habló de la trata de personas, de cárteles de drogas o de mafias.
Beriáin decía que solo había que darse cuenta de que a la vuelta de la esquina había algo que contar, que las historias pequeñas no existían, pero sí los ojos pequeños. Le gustaba pronunciar esa frase al explicar por qué habían llamado 93 Metros a la productora que fundó en 2012 junto a Adriano Morán e Ignacio Vuelta y en la que también trabajaba su mujer, Rosaura Romero, un proyecto dedicado al periodismo de élite que Beriáin labró personalmente: 93 Metros se fundó al morir a los 98 años su abuela paterna, Juanita, que no salía del espacio entre la puerta de su casa y el banco de la iglesia donde rezaba, 93 metros. “Por eso nos llamamos así, porque no nos olvidamos nunca de que a veces la historia más grande está en el lugar más pequeño”, relató a la revista Nuestro Tiempo de la UN en 2017.
Para Beriáin, “la vida es demasiado fuerte como para ignorarla”. En los últimos años se especializó en el crimen organizado, en especial el narcotráfico, una de esas realidades que “están un poco al otro lado”. Le interesaba porque mueve el mundo, por su trascendencia en la vida de muchas personas. Y es que Beriáin quería saber por qué las personas somos como somos y por qué hacemos lo que hacemos. “Muchas veces en esos extremos de la realidad se aprecia de manera más pura”, explicó a este periódico en septiembre del año pasado en Pamplona, recién estrenada la coproducción El Palmar de Troya, uno de los dos docudramas junto con Palomares que había sacado adelante con 93 Metros y de los que se sentía muy orgulloso.
El periodista veía luz en todos los mundos -“el peor de los asesinos quiere a alguien y alguien le quiere a él”-, lo que le hizo descubrir los matices, “la luz en los sitios más oscuros, porque eso rescata al hombre”. Y por eso entendía que su trabajo era ir a esos lugares para mancharse, perder la distancia, regresar y cogerla de nuevo para contar la experiencia. “Para mí, el periodismo es la religión del otro. Lo que importa es lo que pasa a los demás e intento dedicar mi vida a entenderlo. No sé si me espera ninguna otra vida después, pero creo que mi dios son los demás”.
En aquella entrevista a Nuestro Tiempo habló de los suyos. “Mis padres, mi familia y mi mujer me han querido de la manera más hermosa que se puede querer a alguien: libre. Aunque eso suponga en su caso que un día pueda haber una llamada que les diga ‘no va volver’. Eso es un acto de generosidad del que yo no sé si sería capaz”.
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