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Salud mental

Una de cada cien personas tiene un trastorno bipolar

Antes conocido como enfermedad maniaco depresiva, alterna fases de euforia (manía o hipomanía) y depresión

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Una de cada cien personas tiene un trastorno bipolar
  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 06/04/2021 a las 06:00
“Creo que hice bien en venir aquí. Al ver la realidad de la vida, de los locos, puedo llegar a considerar la locura como cualquier otra enfermedad. El trabajo me distrae infinitamente”. El pintor holandés Vincent Van Gogh escribió estas líneas en una de las cartas dirigidas a su hermano Theo, cuando él estaba ingresado en el sanatorio de Saint Remy, al sur de Francia, entre 1889 y 1890. El autor de Los girasoles o La noche estrellada era consciente de que sufría un problema mental. Aunque desconocía que se trataba de la enfermedad maniaco-depresiva o, como se conoce actualmente, trastorno bipolar. Que alterna episodios de manía (euforia patológica) y depresión.
Lo mismo le ocurrió a la escritora británica Virginia Woolf, una de las plumas más brillantes del siglo XX y que escribió Una habitación propia o La señora Dalloway, mientras convivía con episodios de euforia y depresión. Los dos se suicidaron. El pintor, en julio de 1890. Y la escritora, en 1941.
Porque entonces no había tratamientos. Pero ocho años después, en 1949, se descubrió que el litio era un metal con efectos muy beneficios sobre la enfermedad. Los que reciben las personas con trastorno bipolar, que actualmente y con la medicación adecuada pueden llevar una vida laboral, familiar o social “perfectamente normal”, coinciden los psiquiatras. El pasado 30 de marzo, coincidiendo con la fecha del nacimiento de Van Gogh, se celebró el ‘Día Mundial del Trastorno Bipolar’. Una patología de origen genético que hoy afecta a una de cada cien personas. Igual a hombres que a mujeres.
Los psiquiatras Manuel Martín Carrasco, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y director de las clínicas de las hermanas hospitalarias (Padre Menni en Pamplona y Benito Menni en Elizondo); y Manuel Gurpegui Fernández de Legaria, natural de Andosilla y catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Granada, explican en qué consiste esta enfermedad, una de las consideradas “graves” en salud mental. Pero los dos son optimistas y coinciden en que respetando la medicación y otras normas de “psicohigiene” (como el sueño, el ejercicio físico, la alimentación saludable o eliminar completamente el alcohol) se controla.
Los psiquiatras recuerdan, según varias investigaciones, que el trastorno bipolar suele aparecer a finales de la adolescencia o comienzo de la juventud (sobre todo, en la década de los 20 años). Aunque, recalcan, a veces el diagnóstico tarda más en llegar si no ha habido episodios de manía (euforia). “Puede parecer una depresión unipolar”, insiste Manuel Gurpegui. Y recuerda que, con el diagnóstico y la medicación correctas, hay que tomarla para mantener el equilibrio y no llegar a episodios de manía o depresión. “Con la manía (la euforia patológica) quien sufre es la familia. La persona enferma, no, porque se siente muy bien, como si fuera el rey del mundo. Con la depresión, la familia no sufre tanto como el enfermo”, resume. Martín Carrasco recuerda que el litio puede provocar algunos efectos secundarios (temblores, náuseas..) y que las personas que lo consumen deben hacerse análisis de sangre frecuentes para comprobar que no haya niveles de toxicidad en la sangre.
EVITAR EL ESTRÉS. LLEVAR UNA VIDA TRANQUILA
Los psiquiatras recuerdan que las personas que han sido diagnosticada con un trastorno bipolar deben evitar situaciones de estrés en su vida cotidiana (siempre que sea posible). “Hay que llevar una vida ordenada, tranquila y no meterse en cosas que les puedan perjudicar (vida social o cultural muy intensa...)
ESTIGMA. CONTARLO A QUIEN LE PUEDA INTERESAR
Los psiquiatras insisten en que “no hay que ir con un letrero contando a todo el mundo” que uno tiene trastorno bipolar. “Lo debe saber a quien le interese. La familia, los amigos más próximos, quizá el jefe... Si alguien tiene hepatitis tampoco lo va pregonando. Hay que respetar el derecho a la intimidad”, dice Gurpegui.

APOYO SOCIAL. EDUCAR A LA FAMILIA Y AMIGOS
Los familiares y amigos de las personas con trastorno bipolar son un pilar importante para ellos, coinciden los psiquiatras, y les aportan seguridad. Aunque el origen de la enfermedad, recuerda, es generalmente genético (de varios genes), también puede influir el ambiente, la llamada epigenética (una experiencia traumática o el estrés en su conjunto).
Los psiquiatras coinciden en que no hay que abandonar la medicación
 
No hay que abandonar la medicación. Ni aunque uno crea que está bien y ya no le pasa nada. Los psiquiatras consultados son claros y coinciden en que la medicación para estabilizar el estado de ánimo de las personas con trastorno bipolar es, generalmente, crónica, para toda la vida. Hasta mediados del siglo XX, las personas con enfermedad maniaco-depresiva, como se conocía entonces, no podían tomar ninguna medicación y convivían con esta patología “a pelo”. Fue en 1949 cuando se descubrió que el litio era un metal con un efecto beneficioso para tratarla.
Y desde entonces, los pacientes toman esta medicación u otros compuestos que también se usan en caso de epilepsia (aunque son enfermedades diferentes). “El mayor riesgo está en las personas que se ven bien y dejan la medicación”, explica el psiquiatra Manuel Gurpegui, natural de Andosilla y catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Granada. “Si una persona con trastorno bipolar está bien es precisamente gracias a la medicación”. Con la enfermedad controlada se puede llevar una vida laboral, social y familiar “perfectamente normal”.
LAS CLAVES
Euforia y depresión. El trastorno bipolar es una enfermedad que afecta a los mecanismos que regulan el estado de ánimo. La persona que lo sufre pierde el control y oscila entre la euforia patológica (manía) y la depresión. Sin que tengan que ver con el mundo exterior.

Origen genético. Es una enfermedad crónica, con brotes o episodios, que tiene un origen genético y se hereda en el 70% de los casos.

Litio o antiepilépticos. En general, las personas con enfermedad bipolar tienen que medicarse toda la vida para no recaer. El tratamiento clásico es el litio (se descubrió su efecto en 1949) y hay que hacerse análisis de sangre para comprobar el grado de ‘toxicidad’. En ocasiones, también funcionan otros medicamentos de tipo antiepiléptico (ácido valproico, carbamazepina...) Los episodios maniacos y depresivos no tratados pueden ser fatales para la vida.
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