Pandemia
Motivos que explican la alta incidencia de la covid en Navarra
Navarra y Madrid encabezan los peores registros de incidencia acumulada en España, aunque los expertos señalan que en la Comunidad foral se identifican muchos más casos sin síntomas y se reportan sin retraso


Actualizado el 05/10/2020 a las 06:00
El último informe de vigilancia epidemiológica en Navarra, correspondiente a la semana pasada, situaba la tasa de incidencia por covid-19 en 375 nuevos contagios por 100.000 habitantes, un valor que se consideraba “todavía distante” del registrado “durante la primera onda pandémica”. El dato es, sin embargo, el más alto en España junto con el de Madrid, tal como reflejan las estadísticas que actualiza diariamente el Instituto de Salud Carlos III, organismo estatal de referencia en la materia. Según el informe navarro de epidemiología, las diferencias geográficas se están reduciendo y en las áreas Pamplona o Estella se experimentan ascensos, con niveles de 370 y 271 casos respectivamente, mientras que en Tudela, con 360 nuevos infectados, van a la baja.
Pese a esta paulatina homogenización, hay lugares concretos en los que la propagación del coronavirus se ha descontrolado en los últimos días, como acaba de suceder con Peralta, Falces y Funes, pertenecientes a una misma zona básica de salud en la que se han superado los 1.000 casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días, tal como reconocía recientemente el director general de Salud, Carlos Artundo. Unas cifras “tremendamente altas” que es necesario “cortar lo más rápidamente posible” e impedir una mayor transmisión comunitaria en una área con una elevada “interacción social” entre los municipios cercanos.
Aunque especificaba que la tasa de incidencia acumulada no es el único factor a valorar, Artundo explicaba que Salud pone bajo vigilancia estrecha a las localidades que superan los 500 casos por 100.000 habitantes. Y cuando se sobrepasan los 1.000 casos se enciende el semáforo rojo y se abre la puerta a adoptar medidas extraordinarias. El director general de Salud lleva días insistiendo que Navarra afronta estas semanas una encrucijada y que, en función de las decisiones adoptadas y el grado de cumplimiento ciudadano de las recomendaciones, serán claves para evitar una vuelta a los peores momentos del inicio de la pandemia.
Aunque el conocimiento del coronavirus ha mejorado sustancialmente desde entonces, así como los medios materiales disponibles, quedan en el aire muchas incógnitas sin respuesta acerca de los factores que favorecen la transmisión de la covid y que podrían explicar la mala evolución que, con las cuentas en la mano, se ha experimentado en Navarra. Los expertos consultados insisten en que todavía no tienen certezas, aunque observan que hay patrones que se repiten y que, a falta de estudios en profundidad que requerirán tiempo para confirmar las sospechas, sirven de indicios para entender la situación.
NAVARRA TIENE SUS PECULIARIDADES
La Comunidad foral no se caracteriza por tener una alta densidad de población ni grandes núcleos urbanos que obliguen a sus habitantes a emplear medios de transporte colectivos masificados, como sí sucede en Madrid, que impiden mantener el distanciamiento social. Al contrario, las características demográficas de Navarra son aparentemente menos propicias para la propagación del coronavirus. Entonces, ¿cómo es posible que se haya llegado a este punto? Para contestar a esta pregunta, los expertos consultados plantean varias hipótesis íntimamente ligadas a la idiosincrasia y las costumbres sociales propias de la Comunidad foral.
Francesc Pujol, director del Economics Leadership and Governance de la Facultad de Económicas de la Universidad de Navarra, confiesa que los malos datos de la tasa de incidencia acumulada registrados en Navarra resultan “sorprendentes y desconcertantes”. Experto en el tratamiento de datos y la comunicación, lleva meses analizando la evolución de la pandemia y reconoce que es difícil dar una respuesta certera para un comportamiento tan anómalo en relación con el resto de España, especialmente respecto a otras comunidades con similares características demográficas.
Sostiene que el efecto de las ‘no fiestas’ está siendo un ingrediente que, pese a no ser exclusivo de la Comunidad foral, ha adquirido aquí “una mayor relevancia”. A ello habría que sumar el arraigo de la cultura de cuadrillas, un fenómeno que no se da otros lugares, al menos con tanta intensidad, y que se ha convertido “en un importante foco de transmisión debido a que las medidas preventivas se relajan o incluso desaparecen en estos entornos”. Por último, aunque no menos importante, Pujol se refiere a las bajeras y piperos, espacios cerrados en los que los jóvenes alternan por largo espacio de tiempo.
“La multiplicación de brotes con decenas de contagios tenían mayoritariamente ese perfil, cuadrillas de gente joven que habían compartido ocio o celebrado las no fiestas”, indica este experto para explicar el aumento de la probabilidad en Navarra de padecer una mayor incidencia acumulada de la covid.
La opinión de los expertos coinciden en destacar que la situación de Navarra no depende de un único factor social, sino de varios. Así lo corrobora Gabriel Reina González, microbiólogo de la Clínica Universidad de Navarra, que ve en las reuniones familiares, mucho más frecuentes en la Comunidad foral que en Madrid por la mayor accesibilidad, un foco claro de nuevos contagios debido a que “no se lleva mascarilla y donde más se baja la guardia”. Es en esos entornos donde “los abuelos se están infectando a partir de hijos o nietos”.
Reina recuerda que a principios de agosto las infecciones despuntaron entre los jóvenes de 15 a 30 años, que enfermaron dentro de las cuadrillas “en eventos ligados al ocio”. Según este microbiólogo, la elevada presencia de universitarios en la capital desde comienzos de septiembre “también ha podido influir”, especialmente por la celebración de botellones en los que “se descuidó el distanciamiento”.
CONDICIONAMIENTO GEOGRÁFICO
A los aspectos sociales intrínsecos a la sociedad navarra, habría que sumar los condicionamientos geográficos, tal como apunta Jesús Castilla Catalán, médico especialista de Medicina Preventiva y Salud Pública del Instituto de Salud Pública de Navarra. “En la labor de vigilancia de la gripe y otros virus respiratorios, venimos observando que Navarra, así como Aragón y zonas interiores de País Vasco o Cataluña, sufre tasa más altas de estas enfermedades de forma repetida”, expone este experto, que también es jefe de grupo de investigación sobre enfermedades transmisibles y vacunas del CIBER de Epidemiología y Salud Pública.
Una posible explicación a esta peculiaridad podría encontrarse en que en estas zonas hacen una “mejor vigilancia”, pero Castilla cree que esta sería una “respuesta facilona” sin mucho sentido. Más bien, sus sospechas se dirigen hacia las condiciones climáticas propias de los lugares interiores de la península Ibérica, donde la falta de humedad unida a los fuertes contrastes de temperatura favorecerían la propagación de los virus respiratorios, entre los que está incluida la covid-19. “Quienes viven en zonas así, enferman más frecuentemente por gripe y su probabilidad de que la infección pueda derivar en neumonía es mayor”, deduce de los datos pese a reconocer que es difícil demostrar científicamente una relación directa.
Mientras que en zonas costeras de Guipúzcoa o Asturias, “donde se harán las cosas igual de mal o de bien que aquí”, tienen de forma constante menos casos de infecciones respiratorias, en otros lugares interiores fríos y secos, sobre todo debido aquellos con cierta altitud, “las mucosas de una persona infectada sufren una mayor irritación”, lo que las hace más vulnerables. Castilla considera que estas circunstancias “de base” resultan mucho más determinantes en la propagación de la covid-19 que las medidas sanitarias que se puedan desplegar para frenar los contagios. Ello sumado a la cultura social, que no está desincentivada como en otros lugares mucho más fríos de Europa, formaría el cóctel perfecto que se está dando en Navarra.
CIFRAS QUE NO SON COMPARABLES
Los datos oficiales no dejan lugar a dudas. La detección de casos diarios de la covid-19 en Navarra son ahora más altos que los registrados en la primera oleada. Sin embargo, Julián Librero López, investigador de la Unidad de Metodología en Navarrabiomed, afirma que no se puede hacer una comparación directa entre ambas etapas. “Aquellas cifras de casos eran de pacientes graves en la mayoría de los casos”, explica antes de apoyar su razonamiento en la elevada correlación de contagios detectados y muertes que hubo en la primera etapa.
Efectivamente, salta a la vista la simetría entre las curvas de nuevos casos diagnosticados y fallecimientos de la primera oleada del coronavirus, mientras que en la segunda curva, a pesar de registrar un mayor número de contagios, los decesos representan una pequeña fracción. Librero concluye que en la primera ola solo se detectó la punta del iceberg, “menos del 20% de los casos”, mientras que ahora se contempla una dimensión más realista al identificar a buena parte de los asintomáticos además de los graves, “en torno al 70%”. Otro elemento que sirve a este investigador para relativizar el mal momento actual es el indicador R, que mide el número de nuevos contagios por cada positivo: “Debajo de 1, el virus tiende a desaparecer rápidamente, tan rápido como crece si se mantiene constantemente por encima de 1”.
RETRASOS EN LOS DATOS
Este indicador ha sufrido “ciclos de subida y bajada” durante el verano, pero ninguna llegó a 2, nivel que se superaba en abril. Librero explica que Navarra está ahora inmersa en otra onda “que muy rápidamente parece haber descendido con un techo inferior a las anteriores”. No obstante, tanto esta última como las precedentes “tienen su eje en niveles superiores a 1”, lo que se traduce en un incremento en el numero de casos que existen en cada momento. Librero no cree, atendiendo a los datos, que la Comunidad foral vaya a repetir un indicador R por encima del 2, pero cree que la estrategia de mitigación debe incidir en “un mayor compromiso a la hora de evitar contactos estrechos y cumplir el conjunto de medidas preventivas”.
El director del Economics Leadership and Governance de la Facultad de Económicas, Francesc Pujol, también observa un aspecto positivo en la aparentemente mala situación en la que se encuentra la Comunidad foral. Según sostiene, la localización de tan elevado número de contagios se debe a que “hay voluntad” de identificarlos a todos. En contraste con la alta tasa de incidencia acumulada por 100.000 habitantes, que ha llegado a ser la más alta de España, la tasa de positividad, que mide los casos identificados en relación con las PCR realizadas, se sitúa claramente por debajo de la media nacional. Este indicador sirve a Pujol para afirmar que “algo no cuadra” y que, a su juicio, solo puede explicarse con que Navarra está haciendo “un seguimiento más sólido y serio” en comparación con otras comunidades que “están dejando pasar más casos sin identificar”.
Su argumentación se apuntala también en que la Comunidad foral es la que más pruebas PCR por 100.000 habitantes hace de toda España, con 3.200 test frente a, por ejemplo, los 2.200 de Madrid o los 1.000 de Andalucía. Además, señala que Navarra es una de las pocas autonomías, junto con Asturias, Canarias, Aragón, País Vasco y La Rioja, que comunican a tiempo casi el 100% de los casos en los últimos siete días, mientras que otras acumulan un retraso que, aparentemente, les sitúa mejor en la foto general. El microbiólogo Gabriel Reina también entiende que el elevado número de PCR en Navarra “da muestra de la calidad del sistema sanitario” y achaca la mala posición en la escena nacional a que se está dando “el inicio precoz de una actividad que en otras comunidades seguirán más tarde”.
QUEDAR BIEN EN LA FOTO
Pujol descarta que las comunidades que no entregan a tiempo sus datos epidémicos estén “haciendo trampas jugando al solitario” para no quedar señaladas, una estrategia “cortoplacista” que acabaría estallándoles entre las manos antes o después. Más bien, sostiene que la mayoría de las autonomías no han destinado medios suficientes para controlar la pandemia, lo que se traduce en retrasos en el seguimiento o en los resultados de las pruebas PCR. Sin embargo, se muestra contrario a establecer valores fijos en determinados indicadores, como la tasa de incidencia acumulada, para poner en marcha restricciones, algo que tendría “efectos perversos” al incentivar la “dinámica peligrosísima” de ocultar datos.
Tal como lo plantea Pujol, una mejor gestión de la covid-19 estaría jugando en contra, al menos a corto plazo, de las regiones más competentes. Guillermo Ortiz López, filósofo y analista muy activo en Twitter, apunta que Navarra “ya estaba mal a mediados de julio” respecto a la expansión del coronavirus y que, salvo alguna mejoría puntual, “no ha dejado de estarlo en dos meses y medio”. “Desde la distancia, da la sensación de que se ha tomado la cuestión en serio porque ha habido medidas duras de confinamiento selectivo”, reconoce. Otros indicadores, como la positividad de la PCR por debajo de la media nacional o una menor ocupación hospitalaria, llevan a Ortiz a pensar que los cribados en la Comunidad foral están encontrando a buen número de asintomáticos, lo que “debería controlar la transmisión, pero también inflar las cifras de positivos a corto plazo”.
POR DETRAS DEL CORONAVIRUS
La mayoría de los expertos consultados destacan la iniciativa de las autoridades sanitarias en Navarra para buscar activamente a los asintomáticos en cada nuevo brote, aunque también hay voces que entienden que no se ha hecho el esfuerzo suficiente para evitar que aparezcan nuevos focos. El microbiólogo Gabriel Reina cree que se está yendo “por detrás” de la pandemia y que sería necesario “reforzar un sistema precoz”. Desde el principal partido de la oposición, la parlamentaria de Navarra Suma Cristina Ibarrola critica la pasividad del Gobierno de Navarra frente a los repetidos brotes que han ido surgiendo “localidad tras localidad” a lo largo del verano debido a las ‘no fiestas’. “Se ha actuado tarde y con medidas restrictivas en vez de adelantarse a lo que se sabía que iba a suceder con prevención y concienciación”, lamenta.
Médico y cirujana, esta especialista en medicina familiar y comunitaria también echa en falta una estrategia de comunicación efectiva hacia los jóvenes, más aún cuando se ya conocía que se habían convertido en el principal vector de transmisión de la covid-19. Ibarrola entiende que se debería haber apelado a la responsabilidad de esta parte de la población a través de sus “referentes en la música y el deporte”, además de “darles alternativas” tras decretarse el cierre de sus espacios en el ocio y el deporte. Tampoco se conforma con el liderazgo de Navarra en España respecto al número de pruebas PCR por habitante, que a su juicio siguen quedándose cortas y deberían acercarse a las 6.000 diarias.
Asimismo, sostiene que los test masivos en determinadas localidades, como Tudela, tendrían que haberse puesto en marcha antes de alcanzar cifras de transmisión tan elevadas. “Cada vez más difícil cortar los brotes y crece el impacto en la población mayor, con lo que llegarán inexorablemente más ingresos y fallecimientos”, advierte. Frente a las apelaciones a la unidad lanzadas por el Ejecutivo de Chivite, reclama que haya “autocrítica y una evaluación independiente”, para lo que resultaría necesario crear “un comité de expertos” aprovechando que en Navarra cuenta con profesionales de prestigio “en todas las especialidades”.
SITUACIÓN HOSPITALARIA
La capacidad de la infraestructura hospitalaria se ha convertido en la última línea de defensa en la lucha contra la covid-19, sobre todo desde que el Gobierno central la introdujo como uno de los tres elementos para ordenar el cierre perimetral de los municipios más afectados. Más si cabe cuando Pamplona cumple los otros dos en cuanto a la incidencia acumulada y el aumento de los nuevos contagios. La parlamentaria de Navarra Suma explica que las esperanzas del Ejecutivo de Chivite no pueden descansar sobre la todavía holgada disponibilidad de camas hospitalarias y UCI, margen que se logró, según recuerda Ibarrola, con la ampliación impulsada por el último gobierno de UPN.
El director general de Salud confiesa que hay una gran preocupación por la “tendencia imparable” en las últimas semanas de ocupación de camas hospitalarias y UCI, aunque matiza que todavía se está “muy lejos” de la registrada en marzo y abril. Por ello, Artundo apela al compromiso del conjunto de la sociedad navarra para evitar “una avalancha sobre los servicios sanitarios” en un momento en el que sus profesionales apenas se han recuperado, “en unos casos más y otros menos”, del agotamiento provocado por la primera ola. Además, recuerda la obligación de aplanar la segunda curva “sí o sí” también por los efectos económicos y sociales, dado que si se mantuviera el nivel de las 300 PCR positivas al días “se estaría comprometiendo la recuperación de la normalidad”.
Al margen de las razones planteadas por los expertos para justificar la situación actual, Artundo también incluye el “alto porcentaje en Navarra de minorías vulnerables” como, por ejemplo, el hacinamiento de “muchísimas personas” en una sola vivienda que existe “en algunos barrios de Pamplona”. Y respecto a la falta de autocrítica, el director general de Salud admite que “seguro” que se han cometido errores en la gestión de la pandemia. En ese sentido, pese a que el equipo de rastreo pasó “ocho o diez días muy tensionado”, defiende que en la actualidad está “bien dimensionado”. El mayor desacierto, a su parecer, ha estado en “una desescalada demasiado rápida” espoleada tanto desde el ámbito económico, político y social: “Debía haber sido más pausada y preparándonos mejor para lo que venía, aunque nadie esperaba un retorno tan rápido de la covid-19 en pleno verano”.