Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

Ciencia

Un geólogo defiende que la falla de Pamplona no puede provocar los terremotos

El autor expone que los terremotos en Navarra no pueden atribuirse a una falla cerca de la capital navarra, tesis que otros geólogos plantearon desde los años 80. A su juicio, de existir tal estructura, estaría enterrada a 5 kilómetros de profundidad

foto de Lizoáin, epicentro del terremoto del 30 de agosto que se dejó notar en la comarca de Pamplona.
Lizoáin, epicentro del terremoto del 30 de agosto que se dejó notar en la comarca de Pamplona.
  • Juan Cruz Larrasoaña
Actualizada 24/09/2020 a las 11:29

En los últimos días hemos vuelto a oír, la raíz de los terremotos ocurridos el domingo 30 de agosto en la zona de Lizoáin, el nombre de la falla de Pamplona como principal culpable de haber generado dichos terremotos. No es una situación en absoluto novedosa; la falla de Pamplona es la sospechosa habitual cada vez que muestro entorno experimenta un movimiento sísmico. Aunque es posible que la ya icónica falla de Pamplona pueda generar un efecto tranquilizador - ahh, es la falla de Pamplona otra vez con sus terremotos habituales - la realidad es que disponemos, a día de hoy, datos suficientes como para exonerar a la pobre falla del papel tan determinante que se le asigna. Exponer estas evidencias, y cambiar la idea tan popular como cuestionable que tenemos sobre el origen de los terremotos ocurridos en nuestro entorno, es el objetivo de este texto.


Antes de comenzar a hablar de la falla de Pamplona convendría hacer una breve explicación sobre las fallas. Una falla es una fractura que afecta a las rocas y que involucra el movimiento relativo entre los dos bloques que quedan delimitados a ambos lados de la falla. Atendiendo al origen y al tipo de movimiento que presentan, las fallas se agrupan en tres tipos principales. El primer tipo se denominan fallas inversas, y se forman cuando las rocas de la corteza terrestre son sometidas a un esfuerzo de compresión. Estas fallas involucran el movimiento de los bloques en la vertical, de manera que uno de los bloques se apila sobre el otro, generando una elevación. El segundo tipo de fallas se denominan fallas normales, y se forman cuando las rocas de la corteza terrestre son sometidas a un estiramiento o extensión. El movimiento en estas fallas es también en la vertical, y produce el deslizamiento, de arriba hacia abajo, de uno de los bloques sobre el otro, de manera que tienden a crear una depresión. El tercer tipo se denominan fallas de desgarre, e implican el deslizamiento de un bloque respecto al otro en la dirección horizontal, es decir, sin involucrar movimientos verticales. Las fallas inversas aparecen en aquellas zonas donde los fragmentos en los que se divide la corteza terrestre, denominados placas tectónicas, chocan entre sí, tal y como ocurre en el Himalaya. Las fallas normales se concentran en zonas donde las placas tectónicas se resquebrajan como preludio de la formación de una dorsal oceánica, como ocurre por ejemplo en el Este de África. Las fallas de desgarre pueden aparecer en ambas situaciones. Sea cual sea el tipo de falla, es precisamente la fricción que genera el movimiento de los dos bloques a lo largo de la falla, con la consiguiente liberación de energía en forma de onda sísmica, lo que da lugar a los terremotos.


LA FALLA DE PAMPLONA

Volvamos de nuevo a nuestra estimada falla de Pamplona, estructura que fue identificada en los años 70 y 80 a partir de evidencias indirectas entre las que destacan una alineación de diapiros (cuerpos de roca que se mueven hacia arriba atravesando y desplazando las rocas sobre ellas) que discurre entre Estella y Dax, pasando por Elizondo, y un cambio en el estilo estructural y sedimentario, es decir, un cambio en el tipo de fracturas y rocas sedimentarias que aparecen a ambos lados de esa alineación de diapiros.


Tanto la vistosa alineación de diapiros como su aparente influencia en el estilo estructural y sedimentario de esta zona del Pirineo condujeron a la identificación de la falla de Pamplona como una estructura de primer orden a nivel de toda la cordillera. Según esta interpretación, la falla se habría comportado como una gran falla de desgarre durante el levantamiento de los Pirineos, proceso que ocurrió entre hace 80 y 15 millones de años cuando la placa ibérica chocó, empujada por la placa africana, contra la placa euroasiática. Esta idea es la que ha perdurado durante décadas en el ámbito científico, y es la que trascendió al gran público en los años 80. Desde entonces, parece que ha sido inevitable asociar los movimientos sísmicos que se dan en la zona a la falla de Pamplona, que, como chivo expiatorio, acumula “denuncias” en su contra.


Pero, ¿qué dicen los datos geológicos y geofísicos si los examinamos con cierta calma y cautela? En primer lugar, muy pocos de los terremotos que ocurren en nuestro entorno se localizan en la posición de la falla; los del 30 de agosto, sin ir más lejos, ¡se sitúan más de 25 km al este de la misma! En segundo lugar, la presunta falla no se manifiesta en superficie como una fractura que involucre el movimiento de dos bloques. Teniendo en cuenta que dicha situación es condición indispensable para definir una falla, deberíamos concluir, y aquí más de uno se sorprenderá, que la falla de Pamplona no existe, al menos en la superficie.


Pero, ¿qué pasa en profundidad, y como podemos averiguarlo? Para ello, los geólogos y los geofísicos utilizan lo que se conoce como sísmica de reflexión. De la misma manera que una ecografía permite ver el interior del cuerpo humano (pensemos en un bebé en el útero de su madre) gracias a la utilización de ultrasonidos que se van reflejando en los distintos tejidos, podemos ver el interior de la Tierra enviando ondas sísmicas (generadas con explosivos) que van rebotando en las distintas capas rocosas que conforman el subsuelo. Utilizando los datos obtenidos en las prospecciones petrolíferas realizadas en el entorno de Pamplona entre las décadas de los 60 y los 80, podemos observar que hay que bajar hasta los 5.000 m de profundidad para ver, ahora sí, una fractura que podemos identificar como la falla de Pamplona. Pero, ¿por qué está enterrada la falla? Sencillamente, por que es una estructura muy antigua. Allá por el Cretácico inferior, hace más de 150 millones de años, lo que hoy es el Pirineo era un enorme surco generado por la apertura de una cuenca oceánica (precursora del actual Mar Cantábrico) entre las placas ibérica y euroasiática. En aquellos momentos, entonces sí, la falla de Pamplona era una importante estructura que delimitaba dominios del Pirineo con distintas características. Pero hace unos 120 millones de años las cosas empezaron a cambiar: la placa ibérica dejó de alejarse de la euroasiática y empezó, poco a poco, a moverse hacia el norte bajo el empuje de la placa africana. Lo que antes era un surco entre placas, colmatado de sedimentos marinos y lleno de fallas normales y de desgarre (entre ellas nuestra falla de Pamplona), pasó a convertirse en una zona de choque, caracterizada principalmente por fallas inversas, que acabó dando lugar al levantamiento de la cordillera pirenaica y a la fusión de la placa ibérica con la euroasiática. Durante este último periodo, es decir, desde hace 120 millones de años, la falla de Pamplona ha permanecido, quizás con algún pequeño reajuste pero esencialmente inactiva, a más de 5 kilómetros de profundidad.


LA CAUSA

Pero… si la falla de Pamplona no es la principal culpable de los terremotos, ¿a quien podemos echarle la culpa? La placa africana sigue, a día de hoy, empujando hacia el norte a la placa ibérica, pero el choque entre placas ya no se produce en el Pirineo (la placa ibérica se fusionó con la euroasiática hace ya millones de años), sino en el entorno del Mar de Alborán. Este empuje hace que cualquier fractura preexistente pueda acumular cierta energía y liberarla, de vez en cuando, en forma de terremoto. Nuestro entorno está dominado por fallas inversas formadas durante el levantamiento del Pirineo, de ahí que no es de extrañar que muchos terremotos, entre ellos los más recientes, se relacionen con dichas fallas inversas. Es posible también, por supuesto, que la auténtica falla de Pamplona pueda generar algún movimiento ¡pero en ese caso se debería situar a más de 5 kilómetros de profundidad! Otra fuente natural de terremotos, independiente del empuje entre placas, estaría asociada a los diapiros mencionados al comienzo del texto. Estos diapiros son enormes chimeneas formadas por arcilla y sal que, al tener menos densidad que las rocas circundantes, ascienden atravesándolas. Ese movimiento ascendente, lento pero inexorable, puede desencadenar terremotos, como el que se dio en 2013 en Etxauri condicionado por el diapiro de Salinas de Oro.


El enjambre sísmico actual se irá atenuando con el tiempo, pero estamos en una zona donde la sismicidad moderada es un fenómeno natural inherente a las características geológicas del territorio. Antes o después, tocará volver a hablar de los terremotos. ¿Saldrá la falla de Pamplona en todas las apuestas o, por el contrario, seremos capaces de buscar otra falla que no tenga coartada?

Juan Cruz Larrasoaña Gorosquieta es geólogo del Instituto Geológico y Minero de España.

 

Te puede interesar


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE