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Atlántico

Un pamplonés recorre 20 kilómetros a nado por las víctimas del covid-19

Peio Ormazábal pone en valor la importancia de la concentración.
Peio Ormazábal pone en valor la importancia de la concentración.
Cedida
Actualizada 17/09/2020 a las 06:00

¿Se imagina salir en plena noche de su casa, montarse en un barco, navegar hasta alta mar, lanzarse al agua, ponerse unas gafas de buceo y mirar hacia abajo? Probablemente el miedo, el pánico y el terror reaccionarían en perfecta sintonía dentro de su ser. La fauna que nutre al mar abierto, unido a ese punto impredecible de corrientes y mareas, dificulta una travesía que iba a ser complicada ya de por sí.

El pamplonés Peio Ormazábal Díaz, además de aventurero, también es humano. Por eso, sincero de principio a fin, reconocía el miércoles que el temor a toparse con alguna de las orcas que se habían avistado en los días anteriores a la prueba le provocaba pavor y aprensión a partes iguales (salvamento marítimo había contabilizado hasta cuatro ataques a embarcaciones y recomendaba salir a navegar con cautela por la zona). Sin embargo, la fuerza de su desafío solidario pesó más.

En todo momento y sin fisuras. Nadar por las víctimas del covid, completar los 20 kilómetros que separan A Coruña de la playa de Cabanas para poner en valor esa soledad con la que contagiados, fallecidos y familiares han tenido que bregar durante estos meses de pandemia, debía ser un reto enmarcado en mayúsculas. Y, con esta mochila de responsabilidad a su espalda, el nadador se confabuló con el Atlántico para, a un ritmo “infernal”, alcanzar su objetivo seis horas y catorce minutos después. “Estoy muy contento porque mis cálculos hablaban de siete horas y el mar estaba muy bravo, fue muy duro anímica y físicamente”, relata Ormazábal, quien todavía recuerda de con dureza las fuertes rachas de viento en su contra.

UN GRANITO DE ARENA

Para aguantar, Peio recibía alimento de la lancha que le acompañaba en su travesía, embarcación que ni siquiera rozó ya que la comida se la lanzaban directamente al agua. “Quería que el reto estuviera a la altura de su significado. La dureza de la pandemia con la complejidad del mar”, cuenta quien sigue sin olvidar el tramo más difícil: a Marola. “Estuve tan arropado que solo tengo palabras de agradecimiento”, añade. Y cita a los atletas del Triatlón Compostela que incluso nadaron por tramos a su lado (Francisco Cendán, Manu Taboada, Alberto Dopazo, José Antonio Quintans y Pablo Álvarez); además de a las autoridades, sanitarios, club náutico...

El desgaste de la prueba fue evidente, extenuante. Tanto que llegaron a subírsele los gemelos hasta en cuatro ocasiones durante la prueba. “Ha merecido la pena”, sostiene quien ayer ya volvía a la piscina, donde piensa en su siguiente reto. “Quizá el mes que viene...”. Ahí lo deja.


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