Coronavirus

Un verano sin viajeros y sin clientes

Los comerciantes de la Estación de Autobuses de Pamplona y la Estación de Tren Pamplona ven cómo cada vez llegan menos viajeros a sus establecimientos y cómo sus servicios se han reducido a causa del coronavirus

Josu Luis Murugarren en su tienda 'La Vieja Estación'.
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Josu Luis Murugarren en su tienda 'La Vieja Estación'.Calleja
Josu Luis Murugarren en su tienda 'La Vieja Estación'.

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Alba Cidoncha Sádaba

Actualizado el 24/08/2020 a las 09:53

Una señora con una camisa de flores y pantalones rosas baila alegre en la cafetería ‘Café y más cosas’ de la estación de tren Pamplona. Mientras canturrea la frase “estamos de vacaciones” al ritmo de la canción que suena en la radio, coge de los brazos a su acompañante, un hombre de mediana edad. Le piden dos cafés a Caterine Barba Romero, camarera del lugar, y se van de manera apresurada para coger el tren. Esta boliviana residente en Pamplona lleva trabajando desde febrero en la cafetería y se lamenta por el bajo número de personas que acuden a ella. Barba Romero afirma que no va a la cafetería de la estación de trenes ni el 30% de personas que acudían antes de la pandemia. Cuando se restablecieron los servicios de trenes intentaron atraer público ofreciendo descuentos en cafés o promociones en bocadillos, pero no obtuvieron resultado. “Siempre da un poco de temor trabajar tan expuesta, pero al final toca”, comenta la camarera. Han tenido que quitar algunas mesas de la cafetería para que solo puedan estar en el interior del establecimiento 35 personas respetando la distancia de seguridad. El único momento en el que se ha podido completar el aforo se ha dado, como asegura Caterine, en momentos puntuales a la llegada de trenes desde Madrid o Barcelona, pero la cola ha continuado fuera del local, por lo que no han tenido problema alguno. “La mayoría de personas son nacionales, se ve poca gente de fuera. Se trasladan por trabajo o por vacaciones, pero en general se ve muy poca gente”, cuenta Caterine Barba. Una situación parecida está viviendo Joaquín Arbeloa Aristu, tercera generación que regenta el Bar - Restaurante Autobuses. Su abuelo fue quien lo abrió en 1936, en la Antigua Estación de Autobuses, pasó a su padre en 1982 y desde el 2007 lleva abierto en la nueva estación. Cuando entras al lugar, hay dos caminos diferenciados a la perfección mediante los barriles que antes utilizaba como mesas.

Además, la barra está sectorizada gracias a unos jarrones con rosas que marcan la distancia de un metro y medio. “Es un horror, trabajando al 20% y con todos los empleados en ERTE. El verano pasado en plantilla estaban 8 personas, este año solo están Joaquín Arbeloa y una cocinera a media jornada. Desde los demás comercios de la estación señalan como algo inédito que el Bar - Restaurante Autobuses cierre por las tardes. Arbeloa ha probado a abrir cuatro tardes en días que antaño eran muy concurridos como el 15 de julio, y afirma rotundo que “abrir a la tarde ahora mismo, levantando un ERTE, es un suicidio total”. Determina que no se factura nada a las tardes ya que los autobuses no tienen en servicio todas sus líneas todavía. “Estamos desesperados, estamos en mes de temporada alta con el Camino de Santiago, playa y vacaciones y estamos totalmente parados”, asevera Arbeloa.

No se encuentra esperanzado en cómo se va a desarrollar el año, y de hecho opina que esto va a ir a peor. La playa es lo que ahora mismo está aportándole un poco de servicio por las mañanas, pero en cuanto el tiempo cambie y la gente empiece el curso escolar “bajaré a un porcentaje de trabajo del 15% o el 18%. El local se encuentra al 75% de su aforo habitual, que no ha completado nunca, y el público que recibe es de todo tipo. “Viene mucho inmigrante que vive en Navarra y se va a la playa a pasar el día, también adolescencia que se va de viaje”, describe el dueño del Bar - Restaurante Autobuses. Desde la ventana que hay en su tienda ve Josu Luis Murugarren a la gente que va y llega en el autobús Pamplona - San Sebastián. Hace trece años que se encarga del negocio familiar de ‘La vieja estación - Dulces desde 1964’ y están viviendo un verano de “pocas ventas, poco trabajo e incertidumbre”, asegura Josu Luis.

La explicación que otorga a esta situación Josu es que hay muchos menos autobuses y por tanto menos viajeros. Para él, la gente todavía tiene alguna reticencia a la hora de viajar y todo ello se traslada a las ventas. “Es una estación subterránea que no recibe mucha gente en este momento y nuestro público objetivo es el viajero, se ha notado mucho esa falta en el día a día”, argumenta Luis Murugarren. Ha reorganizado su tienda de manera que la distancia se pueda guardar y ha reducido el aforo en seis personas. Con geles, pulverizadores y una mampara sirve refrescos y agua a las personas que se van a pasar un día a la playa. Las palas con las que cada uno tiene que servirse gominolas se dejan en una estantería en la entrada. Tras su uso se desinfectan en el mostrador y se colocan de nuevo. La mayoría de gente que va a su tienda, narra Josu Luis, son personas de Navarra que buscan algo de comida para su viaje. Otro escaparate, aparte de la tienda de chucherías, llama la atención cuando caminas por la Estación de Autobuses. Una guirnalda de tela da la bienvenida a las personas que entran en ‘Lo + esencial’, que pertenece a Margarita Trujillo Alonso. En ella se encuentra, sentado bajo a unas marionetas de madera de Pinocho, su marido ‘David el Hippie’. Su verdadero nombre es José Sanchís García y es conocido por llevar 40 años vendiendo inciensos, entre otros, en las fiestas de pueblos de Navarra. Afirma que la gente llega a su tienda para ojear porque la “estación está desangelada”. Aunque sí que la gente entra, admite que es como mero entretenimiento y que en cuanto a ventas se refiere la cosa está muy mal. “Nosotros estamos haciendo más de servicio de información que de comercio al uso”, cuenta Sanchís. Pero el verdadero problema que afronta es que “los comerciantes estamos totalmente abandonados en esta estación”, sentencia Sanchís.

Asegura que se han agrupado aquellos que poseen un establecimiento en la Estación de Autobuses de Pamplona para solicitar una reunión con Vectalia, empresa encargada de gestionar el recinto. “Nos han hecho caso omiso, hemos obtenido la callada por respuesta”, critica Sanchís. Además, garantiza que se han acercado al Ayuntamiento de Pamplona y Concejalía para pedir una intervención ante esta situación de desamparo por parte de la empresa gestora. Lo que piden es una revisión en los alquileres de los locales. El motivo principal que refleja Sanchís es que “si ellos han rebajado servicios y no funcionan al 100%, nosotros tampoco”. Su tren para poder continuar con la tienda es el incienso y donde antes su público fijo se llevaba entre 30 y 50 euros del mismo, ahora solo compran 3 o 5 euros, acogiéndose a las promociones que tiene Sanchís en la tienda. La tienda funciona más con el cliente que viene de pueblos de Navarra y ya eran clientes en fiestas de los pueblos que con la gente de Pamplona. Sanchís remarca que todavía están “a la espera de esas ayudas que tanto prometió el Gobierno de Navarra, que era mucho y aquí no han dado nada”. Si la situación continúa así se plantea cerrar la tienda, pero como dice ‘David el Hippie’: “Como soy un hippie resistiré, como cantábamos en la cuarentena”.

Tampoco percibe movimiento de viajeros Cristina Antoñana Bermejo, dueña de la Administración de Loterías número 7 que el año pasado cumplió 50 años. La venta de boletos, cuenta Antoñana, “ha caído muchísimo, yo estoy a la mitad”. A su puesto sigue viniendo gente de Pamplona que es clientela fija, pero ha echado en falta este verano a la gente de los pueblos que pasaba por su administración para comprar. “No hay turistas y tampoco hay fiestas en los pueblos, les han reducido muchísimo los servicios”, relata Cristina. Tiene esperanza en que en septiembre, con la vuelta al colegio y al trabajo, se mueva un poco el ambiente de la estación y que las compañías puedan incluir más servicios.

Algunos puntos de información también han reducido sus servicios, por ello ahora los comerciantes y vigilantes actúan en muchas ocasiones resolviendo dudas que puedan tener los pocos viajeros que bajan al lugar. Para José Antonio Soto Mollá, vigilante de seguridad desde hace 6 años, no es un inconveniente, es más “es una cosa que tenemos asumida y es normal porque no hay tanta gente trabajando. No cuesta nada ayudar a la estación”, afirma. Los vigilantes, cuenta Soto Mollá, no se han sometido a ERTE porque “la seguridad es algo que ha primado” y no han tenido conflictos con las personas que pasaban por el lugar. Alguno puntual en el que hubo que solicitar a una persona que se bajase de un autobús por no querer ponerse la mascarilla. Teresa Grávalos Domínguez, en cambio, lleva desde junio trabajando en la Farmacia de la estación de autobuses. La ausencia que más ha notado es la de peregrinos del Camino de Santiago que acudían antes a buscar algo para calmar sus dolores musculares. A la Farmacia, confirma Grávalos Domínguez, llega un 60% de personas y 40% de País Vasco.

Uno de los negocios que no se ha visto muy afectado en este verano atípico es Enterprise Rent-A-Car, situado fuera de la estación de tren Pamplona - Iruña. Jorge Masó Martínez lleva trabajando ahí cinco años y señala que van bien. Han tenido un bajón del 30% pero tampoco ha supuesto gran cosa porque su público principal no es la gente que llega de los trenes.

Desde su ventanilla de La Estellesa lleva cinco años Jorge Olza Ochoa. Este es el primero que ve cómo se ha reducido mucho el número de gente y también los horarios. “En las últimas semanas se está viendo menos gente que cuando se levantó el Estado de Alarma”. La línea que él realiza es la de Estella - Pamplona y Logroño - Pamplona, por lo que el público principal es gente de Navarra que la utiliza para ir al trabajo.

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