La diáspora

Miguel Troncoso Ferrer, abogado y experto en competencia en Bruselas

Al frente de la delegación del despacho Gómez-Acebo & Pombo, especializado en Derecho de la Competencia y en ayudas de Estado, Miguel Troncoso lleva media vida en la capital belga, una de las sedes clave de las instituciones europeas

Autofoto de Miguel Troncoso en la Grand Place, habitualmente repleta de turistas, que ofrece estos días un desolador aspecto debido al confinamiento.
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Autofoto de Miguel Troncoso en la Grand Place, habitualmente repleta de turistas, que ofrece estos días un desolador aspecto debido al confinamiento.Cedida
Autofoto de Miguel Troncoso en la Grand Place, habitualmente repleta de turistas, que ofrece estos días un desolador aspecto debido al confinamiento.

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C.L.

Actualizado el 20/04/2020 a las 06:00

A lomos de una Vespa roja con sendos escudos de Osasuna en cada lateral, Miguel Troncoso Ferrer (Pamplona, 1969) se desplaza a diario por Bruselas siempre que el tiempo lo permite. Son ocho minutos hasta el trabajo desde su piso en Saint-Gilles, un barrio céntrico de la capital belga, hasta la oficina, situada en la avenida Louise. Allí dirige la delegación del despacho Gómez-Acebo & Pombo, dedicado al asesoramiento a empresas e instituciones públicas, principalmente españolas, en asuntos de derecho de la competencia y en ayudas de estado. Miguel salió de Navarra hace 26 años, animado por sus padres, con la idea de hacer un máster y actualmente sigue en Bélgica sin planes para retornar.


“Llegué sin mucha idea de quedarme, ni de qué hacer después. Al terminar el máster, hice unas prácticas en la Comisión Europea, tras lo que me surgió un trabajo en un despacho de abogados. Y aquí estoy, hasta ahora”, relata. Tiene claro que darse plazos para volver “es inútil”, ya que son “las circunstancias de la vida” las que marcan los tiempos. Sin embargo, “gracias a Dios”, su trabajo le permite volver a España “a menudo” y así combinar lo mejor de ambos países. “Lo que tengo claro es que aquí no me jubilo. En eso me parezco a los belgas”, asegura. Echa de menos los paseos por Pamplona y los pinchos por lo Viejo, aunque procura no darle muchas vueltas al asunto, ya que “la morriña permanente no es buena consejera”. Está convencido de que “la vida de quien salió de Navarra debe consistir en coger lo mejor de su tierra de origen y de su lugar de acogida”.


De los belgas, apunta que son gentes “en general” acogedoras que destacan por su sentido del humor y su capacidad para “reírse de sí mismos”. Por contra, el cotidiano uso del “surrealismo”, que es “marca de la casa”, puede llegar a ser “desesperante”. Troncoso siente que los habitantes de Bélgica “aprecian al español” y, de hecho, el país mediterráneo es su tercer destino vacacional preferido. En general, son “algo conformistas” y “muy dados al pacto”, características que hacen que las críticas, que las hay, al gobierno local por la gestión de la pandemia sean menos feroces que en España. “Con alguna excepción en la derecha flamenca, la clase política belga está tomando las medidas de forma coordinada y consensuada”, afirma.


SIN PAPEL HIGIÉNICO

Donde no hay muchas diferencias es en la histeria colectiva que se desató tras decretarse el confinamiento en casa. El pamplonés explica que, pese a que los supermercados aseguraron en todo momento que no habría problemas de suministro, durante los primeros días desapareció el papel higiénico de las estanterías, lo que obligó a limitar la compra, como también sucedió con la harina o los huevos, a una o dos unidades por persona. No obstante, las medidas para restringir la movilidad de las personas son “algo más laxas” y se permite salir a pasear y a hacer deporte siempre que se haga en solitario y respetando la distancia mínima de seguridad.


Precisamente, parte del poco tiempo libre que le queda tras el trabajo, que es “muy esclavo”, lo dedica a hacer deporte, actividad que combina con la lectura y su moderada afición por la cerveza, “como no podría ser de otro modo estando en Bélgica”. Pero, sobre todo, le gusta disfrutar de la compañía de su hija Amaya, de diez años, de quien recuerda una tierna anécdota de una visita que hicieron a Pamplona cuando tenía tres: “Un día de aperitivo en un bar, los clientes pedían sus consumiciones a la camarera, que se llamaba Amaya: ‘Amaya, un tinto’, ‘Amaya, una caña’. Mi hija miraba aquello con sorpresa, hasta que se volvió hacia mí indignada: ‘¡Papá, Amaya soy yo!’. Claro, aquí en Bruselas no conocía a nadie con ese nombre y pensaba que era único”.

 

DNI


Nombre. Miguel Troncoso Ferrer.


Fecha y lugar de nacimiento. 14 de marzo de 1969 en Pamplona.


Hermanos. Una hermana, María Luisa, dos años mayor, que trabaja y vive en Ghana.


Padres. Miguel Jesús y María del Carmen, de 84 y 74 años. Jubilados. Su padre, ingeniero agrónomo, trabajó toda su carrera en el Gobierno de Navarra.


Estudios. Primaria y Secundaria en San Cernin, Pamplona. Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra y máster en Derecho de la Unión Europea por la Universidad de Lieja (Bélgica) .


Lugar de trabajo. Dirige la delegación en Bruselas del despacho Gómez-Acebo & Pombo, dedicado al asesoramiento a empresas e instituciones públicas en asuntos de Derecho de la Competencia y en ayudas de Estado.


SOBRE LA CIUDAD


Población. Bruselas contaba en 2019 con 1.200.322 habitantes.


Coste de la vida. ”La vida diaria es bastante más cara que en España. La cesta de la compra o la ropa es alrededor de un 20 al 30% más cara, y el transporte público también (una tarjeta de 10 viajes de transporte comarcal cuesta 14 euros). Sin embargo, la vivienda es más asequible”.


Clima. ”Incluso para alguien de Pamplona, lo más duro es la falta de luz. Lo cortos que son los días en invierno y, más que la lluvia, el cielo tan a menudo gris”.


Idioma. Los dos oficiales en Bélgica: francés y neerlandés.


Qué hacer en Bélgica. “No dejen de visitar Brujas, Lovaina, Gante, Amberes y Bruselas. Hay que perderse por sus calles y probar los chocolates y las cervezas. Lo más fácil y recomendable es moverse en tren”.

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