Me quedo en el pueblo
Trajes sin Bolantes en Valcarlos
La localidad fronteriza se queda sin su fiesta grande del domingo de Pascua, los Bolantes, que reúnen a cientos de visitantes, y es día de encuentro de familias. Hoy muchas comerán separadas


Actualizado el 12/04/2020 a las 13:33
"Se hará difícil”. La frase de Jon Arricaberri Mendaza anticipaba el miércoles el sentimiento que tantos tendrán hoy en Valcarlos y el de quienes no pueden estar allí. Un día raro con todas las letras, un domingo de Pascua sin Bolantes. Ni siquiera el sol habrá querido salir. Tal vez el viento se haya detenido sin poder acariciar las cintas de colores en los trajes de los dantzaris con el sonido ausente de los cascabeles. No habrá jauzis, ni música, ni se reunirán las familias. Sobrará mesa en muchos caseríos. Porque unos están allí, otros aquí o al otro lado.
Sucederá en casa de Arantza Arrosagaray Eguinoa, 44 años. Su hijo Manez, 16, pasa el confinamiento en el pueblo con los abuelos. Se desplazó el viernes 13 de marzo. Y se quedó. A ella el estado de alarma le pilló en Pamplona, donde regenta un comercio. Y se quedó. No estará hoy en Valcarlos. No podrá bailar como ha hecho desde txikita, como su padre, Juan Bautista, ‘Battitta’, abuelos... Recuerda bien los tres años en que tampoco pudo ser: cuando enfermó de varicela con 12 años, “ya es raro cogerla en Pascua”; “cuando tenía al niño recién nacido”, y otra ocasión en que trabajaba en hostelería y no obtuvo permiso.
“Será un día extraño”, incide Arantza. Explica que, como siempre, los ensayos habían comenzado en febrero. El último fue el 6 de marzo. “Empiezan primero los txikis, en el gimnasio de la escuela, y luego cuando se incorporan los mayores pasamos al frontón”, apunta que “no solo es que no haya Bolantes”, repara también en todos esos encuentros previos, en los que conviven hasta tres generaciones, con los txikis desde 5 años, y los mayores de 60.
130 DANTZARIS
En la mañana del domingo bailan unas 130 personas, en distintas zonas del pueblo, con la plaza como epicentro. Elena Goñi, edil del Ayuntamiento, explica que es Valcarlos un municipio diseminado, con un pequeño núcleo en el que hay ahora dos tiendas abiertas, Azkena y Ardandegia, y la farmacia. Las ventas, los comercios fronterizos, cerradas desde el 14 de marzo, se sitúan a unos 3 o 4 kilómetros, y los caseríos salpican un paisaje que navega en verdes. Son unos 380 habitantes censados, la complicada orografía llevó a muchos a Pamplona, aunque mantengan el vínculo con el pueblo. Una Semana Santa sin turistas, sin rostros que van y vienen, sin peregrinos a Santiago, resulta igualmente insólito en una pandemia que ha desdibujado cualquier orden.
Jon Arricaberri, 35 años, pertenece como Arantza a la Junta de los Bolantes. Estaba trabajando en Pamplona cuando se decretó el estado de alarma. Y allí sigue. “Con mucha pena”. De momento, calcula, es imposible saber si podrán posponer la fiesta. “Se barajan algunas fechas, pero es prematuro aventurar una”, evidencia, si bien apunta la ventaja de no depender de terceros, lo tienen todo en el pueblo. Es un acto centenario que antes se celebraba en carnaval. En 2019 hizo 50 ediciones del traslado al domingo de Pascua.
Cuesta encontrar una familia en la que nadie baile o lo haya hecho. “Mis abuelos también sí, yo creo que en todas las casas se ha bailado”, suscribe Jon. “Tiene mucha fuerza, es lo que caracteriza a Valcarlos”, sostiene.
Arantza Arrosagaray se detiene en la ilusión que hace a las abuelas y abuelos ver estrenarse a los nietos. “Las chicas se suelen animar antes, a ellos les cuesta un poco más”, matiza. Su hijo también baila.
La historia de los Bolantes está recogida en distintas obras. Destaca la del sacerdote Miguel Ángel Sagaseta en ‘Luzaideko Ddantzak’. Recopiló y pasó a partituras los pasos que los vecinos habían conservado a través de generaciones, no solo allí, también recorrió otras localidades de Baja Navarra.
Ana Bel Elizondo es directora del colegio de Valcarlos. Un centro singular. Comparten instalaciones, educación y alumnado con el de Arneguy (Arnegi), en Francia. La experiencia comenzó hace tres cursos. “Aquí hay trece alumnos y sumados los de Arnegi son 40. Cursan Infantil en Valcarlos, primero, segundo y tercero de Primaria en Arnegi, y cuarto, quinto y sexto, en Valcarlos”, describe que estudian en tres lenguas: euskera, francés y castellano. Su calendario es distinto, de manera que esta semana han trabajado y también serán lectivas cuatro días en la próxima. Pero librarán las dos últimas del mes, apunta y explica que pueden cursar Secundaria a uno u otro lado de la muga. En caso de ser en Navarra, irían a Garralda.
Hay 3,5 kilómetros hasta Arnegi, menos si se escoge el camino a pie. La natalidad se mantiene a duras penas. “El año que menos niños hemos tenido eran 9, es difícil, en el Pirineo nos estamos muriendo”, lamenta Ana Bel. Sonríe a la adversidad y confiesa que tiene algo pensado para hoy, porque no quiere ni imaginar una Pascua son Bolantes.
La imagen que ilustra este reportaje es obra de su sobrina Mikaela Luro Elizondo: “Hemos intentado representar la alegría de nuestros trajes, de la fiesta, pero, al mismo tiempo, el vacío que sentiremos”.