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Un oasis de juego y diversidad

Hace casi diez años que el marroquí Ahmed Yagoubi pisó por primera vez la ludoteca de San Adrián. Aroa Jiménez era entonces una monitora del centro. Hoy, ambos como monitores, trabajan con niños la importancia de la convivencia

La ludoteca de Aroa Jiménez y Ahmed Yagoubi
La ludoteca de Aroa Jiménez y Ahmed Yagoubi

DN más cerca en San Adrián: La ludoteca es la segunda casa de Aroa Jiménez y Ahmed Yagoubi

Begoña Goitiandia
Aroa Jiménez alarga el brazo para dar la mano a Ahmed Yagoubi en un 'banco de amigos' del patio del colegio de San Adrián.

Aroa Jiménez alarga el brazo para dar la mano a Ahmed Yagoubi en un 'banco de amigos' del patio del colegio de San Adrián.

Actualizada 30/05/2019 a las 11:37
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La ludoteca de San Adrián es la “segunda casa” de Aroa y Ahmed. Sus paredes han sido testigos durante años de la ilusión de los niños con los que han desarrollado su profesión. También de los inicios más tímidos de Ahmed en la localidad, con tan solo siete años, y de las “cachetadas” que le propinó Aroa, quizá más propias de una hermana mayor que de una compañera de trabajo y gestora del centro. A escasos metros de la puerta de entrada del centro, Aroa Jiménez, adrianesa de 40 años, y Ahmed Yagoubi, marroquí de 17, son ejemplo de una relación intercultural en la que el cariño les ha hecho dirigir la mirada hacia lo que comparten. Lo sospechan, pero no se atreven a decir que son un buen ejemplo de convivencia.

Aroa: Somos casi hermanos. Y como amigos que también somos, hacemos muchos viajes. Sí, un payo marroquí y una gitana se han ido por ahí el fin de semana, y aunque parezca difícil, es posible.

Ahmed: Todo es posible.

Sentados en un banco del colegio público Alfonso X El Sabio en el que puede leerse “Banco de amigos”, Ahmed y Aroa esbozan una sonrisa antes de relatar cómo se conocieron. “Ahmed vino como alumno a la ludoteca nada más llegar a San Adrián, con siete u ocho años”, cuenta Aroa mientras lanza una mirada a su compañero. “Los primeros días en San Adrián no conoces a nadie, la gente te mira raro porque eres el nuevo del pueblo y no te respetan”, recuerda Ahmed. “Pero enseguida empiezas a abrir puertas, a relacionarte con más personas y entonces ves que hay respeto. Aroa me ayudó mucho”, añade.

Durante los primeros meses de Ahmed en San Adrián, Aroa se acercó no sólo a él, sino también a su familia, y en especial a su hermano, que entró como voluntario en el centro. “Años después lo hizo él -por Ahmed-, y ahora somos compañeros de trabajo”, ríe.

Aroa: Y bueno, si algo tengo que decir es que en todos estos años le he tenido que ‘regañar’ muchas veces, tanto en lo profesional como en lo personal, porque al final hemos forjado una gran amistad.

Ahmed: Y siempre tiene razón.

Aroa: He intentado darle buenos consejos y transmitirle todo lo que me han enseñado y lo que he ido aprendido por mí misma, porque no ha sido fácil. Yo, por ejemplo, terminé el colegio y no quise estudiar. Luego me di cuenta de que me gustaba estar con niños y que tenía que hacer algo con eso, así que estudié para obtener el título de monitora.

Ahmed: Yo también quiero sacarme el título. Y todavía estoy pensando qué estudiar, dudo entre el Grado Medio de Electromecánica o el de Frío y Calor.

 

CULTURAS PARECIDAS

En lo personal, Aroa y Ahmed se definen como personas “trabajadoras”, y ambos cuentan que tienen más cosas en común de las que se pueda presuponer. “Pertenecemos a culturas diferentes, pero muy parecidas. En Ahmed he visto la importancia que ellos -por los marroquíes- dan a las personas mayores y eso es algo que también está presente en la cultura gitana”, compara Aroa. Ambos explican que intentan inculcar a los niños de la ludoteca todo lo que han descubierto en la cultura del otro.

Aroa: Si no conoces las costumbres de la cultura de una persona, no sabes cómo tratarla.

Ahmed: O qué cosas puede uno hacer o dejar de hacer. Por ejemplo, la prohibición de comer cerdo en la cultura marroquí. A mucha gente le parece mal, pero no saben que no podemos comerlo porque nuestra religión nos lo impide o lo saben pero no se interesan más.

Aroa: ¿Qué más he aprendido de Ahmed? Que no hay que mentir, que es haram -expresión árabe que significa prohibido-.

Ahmed: (Ríe). Con la verdad se va a todos los sitios. Yo, en cambio, he aprendido a confiar en mí mismo y a luchar por lo que quiero.

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ESPACIO MULTICULTURAL

¿Un espacio de convivencia en San Adrián? La ludoteca, no lo dudan. “Aquí vienen muchos niños de diferentes culturas: marroquíes, gitanos, payos, colombianos, chinos…. Y a todos les intentamos inculcar los mismos valores en convivencia. Sobre todo porque es algo importante”, explica Aroa.

Los más pequeños, opinan, son protagonistas de la mayor parte de los ejemplos de buena convivencia que hay ahora mismo en el pueblo. Porque no solo se dan en la ludoteca; el colegio, el patio o cualquier lugar de juego puede servir de escenario.

Aroa: Hace unos años trabajé con un grupo de niños a los que entrenaba a fútbol sala. Dio la casualidad de que el equipo estaba formado por cinco gitanos, cinco payos y cinco marroquíes. Jamás tuve un problema con ninguno de ellos. Todos me trataron con el mismo respeto, a mí y al resto, pero la gente me solía preguntar: ¿cómo lo haces?

Ahmed: Es verdad que con niños es más fácil.

Aroa: Pero, por ejemplo en la fiesta de la ‘Sanpedrada’ - festividad en honor a San Pedro que se celebra el 29 de junio en la que los vecinos de San Adrián comen en cuadrillas y organizan juegos y actividades-, que solemos ir a trabajar Ahmed y yo, se hacen grupos de niños y mayores, y todos te tratan con respeto.

Ahmed: Eso es, hay un ambiente muy bueno, la gente te respeta.

Aroa: Ese día estás con gente del pueblo con la que te sueles cruzar y no saludar, y ese día hablas y te tratan muy bien. Y lo mismo ocurre, por ejemplo, el día que se celebra la fiesta de colegio, hay un ambiente muy bueno, tanto con los niños como con los padres, con todos en general. Son dos buenos ejemplos de convivencia en San Adrián.

 

Ahmed Yagoubi
Me llamo Ahmed Yagoubi y tengo 17 años. Nací en Marruecos y vine a San Adrián hace diez años. Trabajo en la ludoteca municipal y estoy cursando 4º de ESO. Mi principal ‘hobby’ es ir al gimnasio. Si tuviese que quedarme con un lugar de San Adrián, sería la ludoteca.

 

Aroa Jiménez Jiménez
Me llamo Aroa Jiménez Jiménez, tengo 40 años y soy vecina de San Adrián. Trabajo como monitora en la ludoteca municipal, que también gestiono. Me gusta dar paseos por San Adrián y viajar con mis amigos. Mi rincón favorito de San Adrián es la ludoteca.
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