Presidenta de la Fundación Vicente Ferrer
Anna Ferrer: “La acción buena por los demás es la base de nuestra filosofía”
La viuda de Vicente Ferrer y presidenta de la Fundación que lleva su nombre presidió la IV Gala Solidaria por la India, cuya recaudación se destinará a mejorar la atención en un centro de 72 niños con discapacidad intelectual


Actualizado el 18/11/2018 a las 11:31
Casi medio siglo ha transcurrido desde que Vicente y Anna Ferrer (Inglaterra, 1947) levantaran de la nada, en un rincón casi desértico del sur de la India, los cimientos de una organización de desarrollo que apoya a más de 3 millones de personas a día de hoy. Se habían conocido poco antes, cuando ella, británica de nacimiento pero afincada en la India desde los 16 años, le entrevistaba para el semanario en el que trabajaba como periodista. Desde la muerte en 2009 del exjesuita catalán, su viuda y madre de sus tres hijos es la presidenta de la Fundación y la directora ejecutiva en la India.
¿Cómo están las cosas por Anantapur?
Es un momento muy especial porque el año que viene vamos a celebrar 50 años. En el mundo de las ONG que trabajan a nivel de los pueblos, somos una de las pocas.
¿Diría que la Fundación ha mantenido el espíritu que le quiso imprimir su marido?
Sí, lo hemos mantenido muy bien. Yo estuve 41 años con Vicente; y otros miembros de la organización trabajaron con él más de 30 años. Él nos motivó a todos. La acción buena es la base de nuestra filosofía y después de su muerte, todos seguimos trabajando con la misma motivación. Somos muy capaces y tenemos un equipo fantástico en la India y en España. El pueblo también sigue creyendo en lo que estamos haciendo para luchar por la vida digna y la igualdad de los más pobres.
¿Cuál sería la esencia de su filosofía, los valores que la sustentan?
Hay que ser una buena persona, eso lo primero de todo. Tener respeto a todas las personas, las que pertenecen a diferentes castas, las que tienen discapacidad. Todos tenemos los mismos derechos. Son valores que necesitamos todos, no solo la Fundación.
¿Cuando falleció Vicente tuvo alguna duda de qué hacer?
¡No, ninguna duda! Yo estuve con Vicente desde el primer día en el año 69, de hecho, yo llegué una semana antes que él. Tengo mucha fuerza, mucha convicción. Hemos logrado muchísimo, las familias han progresado mucho. Somos un ejemplo de la solidaridad entre países, de cómo la pequeña gran obra de mucha gente puede ayudar a miles de personas a tener una vida mejor. La erradicación de la pobreza no es un sueño, es una realidad.
Muchos hablan del milagro de Anantapur. ¿Usted es religiosa?
No, no soy una persona religiosa. Vicente era sacerdote, misionero, pero él creyó que en la base de cada religión y cada filosofía lo que hay es una acción buena por los demás. Yo también creo en eso. Cada uno de nosotros tenemos en el mundo algo que hacer, aunque sea muy pequeño, para ayudar a otra persona.
¿Qué es lo que le atrapó de India?
Hay gente que va a la India, hace una ruta turística, les gusta mucho verla, pero después prefieren volver a su país. Nosotros no, nos sentimos en casa inmediatamente. Además, Vicente me convenció de que yo, siendo una persona muy normal, podía hacer algo para lograr más igualdad en este mundo. Y he visto que es verdad.
¿Qué balance haría de estos 50 años?
Diría que han sido necesarios. El desarrollo es un proceso. Empezamos de cero, cuatro personas con cuatro maletas, sin fondos, organización ni equipo. Eso sí, teníamos la firme convicción de que podíamos ayudar. A partir de ahí, hemos trabajado con constancia y siempre mediante una buena relación con las familias del pueblo. Al final, ellos mismos son los líderes de su propio destino. Hay que creer en ellos.
¿Hacen falta otros 50 años?
Sí, 50 o no sé cuántos, pero queda mucho por hacer. Llegas a un objetivo y después viene otro. Por ejemplo, en Educación hemos trabajado un montón desde el año 78. Al principio no estaban escolarizados ni niños ni niñas, y tuvimos que luchar para que valoraran la educación. Pensaban que era algo exclusivo de familias de casta alta. Hoy en día en esta zona ya todos están convencidos de esto, pero hay que trabajar en la Secundaria. Si las chicas no se quedan en la escuela hasta 2º de Bachillerato, muchas veces los padres les conciertan los matrimonios con 15 ó 16 años. Quiero decir que los objetivos cambian.
¿La mujer es un eje central de su trabajo?
Sí, es importante, como en todo el mundo. Ella es el punto central, es la base de todo el desarrollo de una familia, de una comunidad. Nuestras mujeres han progresado muchísimo. Antes ni salían fuera de casa, no sabían nada sobre salud o educación, no podían participar de las decisiones en su propia familia. Había mucha discriminación, porque vivimos en una sociedad patriarcal. Hoy tienen mucho más conocimiento sobre sus propios derechos, tienen sus propios ingresos, negocios y toman sus propias decisiones. Aun así, queda mucho por hacer, sobre todo en el terreno de la violencia.
¿Sigue habiendo mucha?
Sí. Por eso, en los últimos 6 ó 7 años estamos formando profesionales. En las zonas rurales cuesta encontrar psicólogos, trabajadores sociales, etc. Hay que empezar de cero y formar equipos. Somos una de las pocas organizaciones en zona rural que tiene una casa de acogida para víctimas de maltrato en el hogar. Tenemos buena relación tanto con autoridades como con la policía, abogados y médicos del Gobierno, y en este tema eso es muy importante. Es uno de los retos para los años futuros.
¿Por qué otros caminos va a discurrir su labor?
Hay dos caminos, según lo veo yo. Una es buscar nuevas zonas, porque hay mucha necesidad. Puede ser en el mismo Estado o en otros. Pero también hay que mejorar siempre los proyectos que ya tenemos con nosotros.
¿En qué consiste el proyecto con la tribu chenchu?
Es un grupo de tribales que han vivido cientos de años en el bosque. No están integrados en la sociedad actual. Su trabajo tradicional era cazar, que hoy está prohibido, y buscar frutas para vender. Desde hace 10 años el Gobierno les anima a salir del bosque. Están atrapados entre la vida tradicional y la vida moderna, y tiene que aprender a ser campesinos. Algunas familias han dado el paso, pero el bosque es su corazón y viven justo en el límite. El resto no han querido salir. Nosotros trabajamos con los dos grupos. Empezamos hace 7 años a trabajar con ellos y nos llevó más de uno que nos aceptaran.
¿Alguna situación o persona que se le hayan quedado especialmente grabadas a lo largo del tiempo?
Una chica me escribió una carta. Ella estudia en una escuela profesional para aprender idiomas. Me decía: “Anna, la India ganó la independencia en el año 1947, pero las mujeres no. Yo he ganado la independencia a través de la educación”. Otra anécdota: una mujer que tiene su propio negocio, vende leche de sus dos o tres búfalas. Me decía que antes las familias de casta alta no le querían comprar, creían que simplemente la mirada de alguien de casta baja contaminaba la leche. Ahora esas familias van a su casa a comprar leche. Eso es un paso adelante en su dignidad que tiene consecuencias sociales.