Rakel Mateo y Juan Pedro Arbizu
“El duelo necesita tiempo para sanar pero no sana sólo con el tiempo”
Dar espacio al dolor y acompañar. Son dos de las máximas que los expertos en duelo aconsejan en una sociedad que sigue dando la espalda no sólo a la muerte sino también al dolor


Actualizado el 11/03/2020 a las 11:22
“Seguimos siendo una sociedad que vive de espaldas no sólo a la muerte sino también al dolor y al sufrimiento. Tiramos de los recursos que han estado siempre ahí, con frases como ‘Tienes que ser fuerte’ o ‘Saldrás adelante’, cuando posiblemente desayudan”. Así lo pusieron de manifiesto Rakel Mateo, presidenta de la Asociación Goizargi, y Juan Pedro Arbizu, psicólogo de San Juan de Dios. Ambas entidades, en colaboración con Obra Social la Caixa, han organizado las V Jornadas sobre Duelo.
Con todo, los expertos afirman que poco a poco se avanza en dar visibilidad al duelo. Y aconsejan dar espacio al dolor y, sobre todo, acompañar al doliente. “Últimamente se habla más de la muerte pero cuesta modificar hábitos culturales”, dijo Arbizu. Además no hay recetas aunque los duelos suelen tener, en general, aspectos comunes como la sensación de vacío, el paso de determinadas etapas, emociones asociadas a la tristeza, sensación de culpa y de no sentirse entendido. “El dolor es normal. Sólo el 8% de las personas que pasan por un duelo tienen un problema importante a nivel emocional”, apunta. Por eso, es necesario mirar a cada persona y ver las necesidades que tiene, añade Mateo.
¿Qué es el duelo?
Es la respuesta emocional humana, normal y natural a una situación de pérdida. Ni siquiera hablo de muerte. Si humanizásemos y normalizásemos toda esta situación de duelo a nivel cultural y social probablemente sanaría con más normalidad.
Un 8% de personas sufre problemas emocionales importantes ¿Qué ocurre en esos casos?
Hay muchos tipos de duelo y, en ocasiones, hay personas que se anclan. El duelo es un proceso adaptativo pero hay duelos que se complican y son más largos porque hay personas que elaboran el proceso de forma más lenta o, al principio, se bloquean y sufren una especie de anestesia emocional. A veces tiene que ver con esa negación de la emoción, con una incredulidad. Y luego llega el torbellino emocional, que es natural. Es como una herida, que supura y no nos gusta.
Hablan de dejar salir el dolor. ¿A qué se refieren?
A que se viva y se sienta. Suelo separar el cuerpo en cabeza y tripa porque a veces visceralmente notamos mucho las sensaciones. No se trata de que una persona a la que no le nace de forma natural compartir lo tenga que hacer. No hay que forzar. Escuchar significa que si uno siente que su tripa vibra hay que hacerle caso. Cada uno decide cómo compartir su dolor de tripa pero hay que mirarlo. Con las emociones el cuerpo nos da información.
¿Qué etapas tiene el duelo?
Yo prefiero hablar de tareas. El duelo es un proceso activo y el doliente debe caminar. No se puede esperar a que el duelo pase por uno y esperar a que dentro de un tiempo esté mejor. Es un mito pensar que el tiempo lo cura todo.
¿Y cuáles son las tareas?
La primera es aceptar la realidad de la pérdida no sólo a nivel racional sino visceral. A veces se sabe que el ser querido ha muerto pero no se puede sentir. Uno se da cuenta cuando en vez de poner dos tazas de café pone una. El proceso es así.
¿Y después?
Llaga el torbellino emocional. La tarea es darse cuenta de cómo se siente. Ver esas emociones y darles un sitio. Incluso identificar si es tristeza, culpa o angustia, ya que es difícil diferenciarlas. Muchas veces en la asociación lo que hacemos es orientar y acompañar para que la persona entienda que lo que le pasa es normal.
¿La siguiente tarea?
La adaptación a que la persona muerta está ausente. Es darse cuenta de que el morirse es para siempre y no hay un nunca más. Por ejemplo, si la persona que fallece regaba las plantas la vida continua y hay que regarlas. Se trata de empezar a colocar roles que esa persona tenía y eso cuesta. Hay que tener en cuenta que una parte de nosotros muere con la persona que fallece. Muere la relación que tenía. Finalmente hay que recolocarse en la vida y buscar un hueco apropiado en el corazón para esa persona. Es diferente que sea un peso a que tenga un hueco apropiado.
La persona que se ha ido no deja de estar.
No. Hay quien piensa que elaborar el duelo es olvidarse. Y no es así. Hay factores que hacen que este proceso sea de una u otra forma: relación, edad, cómo es cada persona de carácter, etc.
¿Qué tiempo es adecuado, un año?
No todas las personas hacen las cosas de la misma manera. Cada persona es un mundo y hablar de un año es lo mismo. Es relativo. No hay que tener la mirada puesta en el tiempo.
Se tienden a dar mensajes positivos: ‘Sé fuerte’, ‘Puedes salir adelante’. Pero dicen que puede causar el efecto contrario...
Sí. Es difícil acompañar el duelo porque implica mojarse en el dolor. Y si uno no tiene mirados sus dolores, pueden despertar. El duelo es un proceso lento porque la emoción es lenta en general y no deja de ser pesado. Acompañar eso en una sociedad rápida es complicado.
¿Las generaciones de los actuales abuelos tenían más asumida la muerte o, al menos, la vivían con más naturalidad?
Hay extremos. Seguramente había otras necesidades. El duelo no es sólo duelo porque hay que seguir viviendo. Por ejemplo, igual hay personas que no tienen tiempo para elaborar el duelo pero no porque no quieran al fallecido, sino porque no tienen para comer. Antiguamente era de otra manera pero también se acompañaba de otra manera. Se hablaba con los vecinos y ahora igual ni los conocemos.
¿Es un precio en esta sociedad de la rapidez?
El duelo es lento y eso no es malo. El problema es que en una sociedad rápida es difícil. Cuando muere un familiar legalmente hay dos días en el trabajo. Por mucho que el duelo sea un proceso adaptativo necesita espacio para sanar y para tomarse ese espacio hay que pedir una baja. Y en esta sociedad la baja es por enfermedad. Ya empezamos con el lío. Lo de las bajas también se vive como que uno no es capaz. El duelo necesita tiempo para sanar, no se sana sólo con el tiempo pero sí lo necesita.
Hay que trabajar el duelo desde niños.
Sí. Desde todos los ámbitos. La educación en y para la muerte debería ser básica. No sólo en los niños. También en facultades de Medicina, Enfermería y Educación. No tienen recursos para afrontarlo. Y no es ajeno ni extraño. ¿Qué hacer si muere un niño? Sucede.